glasser interiors

Debe de resultar complicado, enloquecedor y hasta esquizofrénico vivir en Nueva York… Al menos, desde la perspectiva de aquellas personas que prefieren tomarse la vida con calma y alejarse de las tensiones urbanas o de las que, como Cameron Mesirow, fémina que maneja los hilos de Glasser, tienden a introducirse en su mundo interior para encarar sus avatares vitales. Aunque, en el caso de la californiana de adopción, su natural pulsión a encerrarse entre cuatro paredes viene dada por sufrir agorafobia. Imagínense, pues, lo que se le pasaría por la cabeza cuando decidió mudarse de la bahía de San Francisco a la Gran Manzana… Pero, más que oprimirla y deprimirla, su nueva situación le permitió abrir su campo visual e inspirarse en elementos que antes le pasaban inadvertidos. Así, Mesirow comenzó a fijarse con detenimiento en la arquitectura de su actual ciudad de residencia, en sus edificios, sus líneas y sus formas, componentes que le sirvieron para reflexionar acerca de su apariencia y su fisicidad y extraer de ellos pensamientos y emociones. De entrada, este proceso suena pretencioso, pero fue exactamente el que llevó a Mesirow a plantearse los esquemas musicales sobre los que dar forma a su segundo disco bajo el nombre de Glasser, Interiors (True Panther Sounds, 2013). La obra pseudo-distópica “Delirious New York” (1978), de Rem Koolhaas, puso la guinda a su (re)formulación creativa.

Precisamente, las ideas aportadas por ese libro -que parte del desarrollo urbanístico de Manhattan para presentar esta parte de Nueva York como el último reducto de la civilización occidental- contribuyeron decisivamente a que Mesirow estableciera paralelismos entre el encorsetamiento y la expansión de los cuerpos arquitectónicos con la cerrazón y la apertura de las relaciones personales y sentimentales. Así de sencillo. A ello añádanle su comentada aversión a los grandes espacios abiertos y obtendrán los principales motivos líricos de “Interiors”, un título que plasma su (a veces obligada) visión del mundo desde su habitación y cuya portada ilustra deformada y metafóricamente su lucha contra sus miedos interiores, valga la redundancia…

Con todos estos ingredientes, se podría considerar este trabajo como un álbum conceptual, más si atendemos a la denominación de las piezas de su repertorio, que se relaciona directamente con las razones superficiales que impulsaron el disco: ‘forma’, ‘diseño’, ‘paisaje’, ‘ventana’, ‘diseccionar’, ‘dividir’… Unos conceptos básicos que ayudan a acotar con facilidad su parte profunda, es decir, las letras que recogen las disquisiciones de Cameron Mesirow sobre sí misma (su cambiante universo privado, sus inseguridades, sus dolores y temores imaginarios) y lo que la rodea (las ansiedades auto-impuestas y los problemas artificiales del ser humano contemporáneo). Para concentrar su expresividad, Mesirow maneja su portentosa voz con relativa frialdad, primera gran diferencia que aparece aquí con respecto a su anterior álbum, Ring (True Panther Sounds, 2010), donde Glasser se mostraba vocalmente más cálida y magnética.

Una circunstancia que afecta, por extensión, a su sonido. Esta sería la segunda variación principal: si en “Ring” Glasser apostaba por los beats ágiles, las percusiones cuasi tropicalistas y la destilación místico-espitirual, en “Interiors” minimiza, decolora y rebaja la temperatura de sus texturas hasta acercarse con mayor ahínco a los postulados estéticos de Björk (lo que se advierte en “Shape” o “Forge”) o Fever Ray. No es casualidad: detrás de ese estilo se encuentra la mano de Van Rivers, productor del proyecto en solitario de la sueca Karin Dreijer Andersson y del que traslada su barniz blanco y gélido a temas como “Landscape”, “Dissect” o “Divide”. Sin perder del todo esa pátina, a un lado quedan el dinamismo de “Keam Theme” y “New Year” y el electro-pop metálico de “Exposure”, que recuerdan en cierta medida a la anterior Glasser; y, al otro, los tres cortes agrupados bajo el epígrafe “Window”, que sirven para enseñar la cara más experimental de Mesirow y, al mismo tiempo, acolchar el repertorio y romper con el aparente esquematismo de “Interiors”. Aunque esta (falsa) impresión no es más que el reflejo de Cameron Mesirow como autora que absorbe cualquier estímulo exterior para revelar las inquietudes personales de una época concreta de su vida valiéndose de las posibilidades infinitas del pop electrónico para modelarlo según sus necesidades.

 

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