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¿Cómo se puede juzgar la trayectoria de un grupo sin vincularlo indefectiblemente a la generación musical que lo vio nacer, que abanderó y que se ha ido desintegrando sin remedio? A pesar del destacado estatus que Franz Ferdinand han alcanzado con el paso de los años dentro del panorama alternativo global -no sólo británico-, la memoria los relaciona constante e inconscientemente con aquel pelotón de bandas noveles que, antes de llegar a la mitad de la primera década del siglo XXI, agitaron la escena pop-rock desde Gran Bretaña recurriendo a los postulados de la new-wave y el post-punk germinados en los 80. Es posible que este proceso mental sea una forma lógica de, por simple comparación, establecer que el combo de Glasgow no fue flor de un solo disco y que supo sobrevivir a la presión del éxito y las consecuencias de sus propios traspiés. Basta con repasar el listado de nombres que, en aquella época, se iban a comer el mundo y acabaron por desinflarse, desorientarse o, directamente, desaparecer de la faz de la tierra: The Futureheads, Bloc Party, The Rakes, Razorlight, Dogs Die In Hot Cars… Aunque también existen ejemplos que han sabido mantener el tipo hasta hoy –Art Brut– o reflotar su carrera –Maxïmo Park-.

Con todo, sería injusto construir exclusivamente el debate en torno a Franz Ferdinand conectando su evolución con la de sus antiguos colegas de andanzas. Realmente, Alex Kapranos y compañía ya se distanciaron de ellos enseguida con su magnánimo debut, Franz Ferdinand (Domino, 2004), un disco del que nada queda por decir. Poco más de un año después, el inferior aunque provechoso You Could Have It So Much Better (Domino, 2005) reforzó la posición de los escoceses y la acercó a las masas gracias al estruendo de “Do You Want To”, quizá la canción más pinchada de los últimos diez años en los clubes de coartada indie. En este caso, tampoco queda nada por comentar… En un corto margen de tiempo, Franz Ferdinand habían barrido del mapa a todos sus competidores a la vez que habían convertido su sonido en una marca reconocible, a lo cual habían ayudado en buena medida su solidez y despliegue en directo. Su fórmula era prácticamente imbatible.

Hasta que apareció en el horizonte su tercer trabajo, Tonight: Franz Ferdinand (Domino, 2009). Un álbum que había tardado en gestarse más de lo esperado -cuatro años, debido a los rigores de los extensos tours, los excesos de los continuos triunfos y el estrés generado por ambas circunstancias-, mientras el mundo musical giraba impulsado por estilos convertidos en modas que habían hecho olvidar la euforia transmitida por los himnos franzferdianos y el rescate histórico de referencias como Talking Heads, Orange Juice o XTC que estos habían provocado. En ese contexto, las hechuras y el resultado final relativamente decepcionantes del mismo álbum no ayudaban a pensar en que, con el cambio de década, Franz Ferdinand podrían continuar su marcha con la cabeza bien erguida, pese a que su energía en vivo se mantenía tan fresca y jovial como el primer día.

Otros cuatro años más tarde -de nuevo, un largo período de silencio discográfico que, esta vez, habría que achacar especialmente a la incesante búsqueda de inspiración y a la redefinición de los planteamientos de la banda-, Franz Ferdinand regresaban, no sin cierta sorpresa, con un doble single que alimentaba las esperanzas sobre su resurrección de cara a su cuarto LP, Right Thoughts, Right Words, Right Action (Domino, 2013): “Love Illumination” / “Right Action” recuperaban para la causa la voz incisiva y sensual de Alex Kapranos, las ágiles guitarras de antaño, las melodías adhesivas -aunque esta habilidad no la habían perdido del todo ni en sus momentos más flojos-, los estribillos para acompañar puño en alto e incluso la estética entre constructivista y vanguardista de sus inicios en el videoclip del segundo de los temas citados. Unidos todos los elementos, no resultaba descabellado creer tener entre nosotros a los Franz Ferdinand circa 2004, a pesar de que en sus documentos de identidad las edades de parte de sus miembros rondaran los temidos cuarenta.

Sabiamente colocadas en el arranque de “Right Thoughts, Right Words, Right Action”, “Love Illumination” y “Right Action” reflejan el tono exultante que envuelve la práctica totalidad el disco y el espíritu original franzferdiano, arrollador en cuanto el conjunto rítmico del grupo se coordina para golpear sin compasión los oídos del receptor. “Evil Eye” -con ecos a los The Clash menos combativos y más insinuantes-, “Stand On The Horizon” -relajada pero igualmente absorbente- y “Fresh Strawberries” -saltarina y refrescante como indica su título- completan una primera mitad del disco que se culmina con el acelerado y certero pulso nuevaolero de “Bullet” y “Treason! Animals.”. Esta parte del lote no supone ninguna revolución dentro del registro acostumbrado de cuarteto escocés, pero compacta todas sus virtudes dentro del terreno del pop-rock dinámico y bailable.

Esta impresión se confirma a medida que el tramo final de “Right Thoughts, Right Words, Right Action” avanza y se hunde en charcos de aura enigmática pero sin cuerpo ni sustancia que obligan a imaginar que el grupo podría haber prescindido de ellos para obtener un álbum más redondo. Con todo, esta decisión habría supuesto dejar el paquete en siete canciones, bagaje demasiado corto teniendo en cuenta el prolongado paréntesis en el que se introdujeron hasta ofrecer este LP. Pero, volviendo a las analogías con algunos de los grupos con los que Franz Ferdinand compartieron -y aún comparten de algún modo- ascendencia y fundamentos, el balance final de su cuarto paso discográfico se equipararía, para que se hagan una rápida idea, al vigorizante The National Health (V2 / Music as Usual, 2012) de Maxïmo Park y se alejaría del anodino Four (V2 / Music as Usual, 2012) de Bloc Party. No está nada mal para una banda a la que resultaba fácil, pese a su emblemática biografía, considerarla desfondada y perdida para siempre…

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