EL JUEGO. Incluso desde antes de su lanzamiento (de hecho, desde el momento que Square-Enix tomó las riendas de este proyecto de reanimación de la saga “True Crime” después de que Activison decidiera cancelar su producción), muchos quisieron ver en “Sleeping Dogs” no sólo el único juego de última hornada capaz de hacer sombra a la saga “GTA” en general, sino incluso de resultar un competidor más que solvente para ese “GTA V” en particular del que sólo nos llegan noticias con cuentagotas. Tampoco era cuestión de culpar a nadie por semejantes comparaciones: el feeling que se vivía en todos y cada uno de los trailers que precedieron al lanzamiento del juego era realmente similar al rollito barriobajero, mafietis y de lumpen inmigrante que enamoró a propios y extraños en “GTA IV“. Pero ya nos lo advertían desde United Front (co.creadores junto a Square-Enix London): aquí no íbamos a ser los malos, sino más bien un bueno (un poli) haciéndose pasar por malo para poder infiltrarse en las tríadas de Hong Kong y petarlas desde dentro. ¿Qué venía a significar esto? Que nos prometían mucha más acción cuerpo a cuerpo inspirada en las pelis de artes marciales urbanas y una ambientación fascinantemente oriental. ¿Necesitabas más motivos para picar en el anzuelo de “Sleeping Dogs“?

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PRIMERA PARTIDA. Nada de largas introducciones ni de meterse en el juego como quien se mete en una piscina fría (es decir: primero el dedo gordo del pie, después hasta al tobillo y así hacia arriba). La apertura de “Sleeping Dogs” es un tirarse de cabeza a la piscina: tras una brevísima intro, nos vemos implicados en una persecución en la que la policía nos pisa los talones y tenemos que correr como si no hubiera un mañana a través de callejuelas y almacenes y puestos extraños en lo que parece que lo único que les preocupa es poner por el medio cadáveres de animales en cámaras refrigeradas para que nos peguemos chochazos contra ellos. ¿El obejtivo? Que el jugador aprenda los controles por la vía del estado de shock: aquí parece que no todo va a ser ir de un lado a otro en coche, sino que vamos a tener verdaderas persecuciones a pie con momentazos realmente espectaculares (como cuando saltas al vacío y caes en un almacén tras atravesar el techo)… Y lo mejor de todo es que, al final del camino, la poli finalmente te atrapa y, una vez en comisaría, se destapa el pastel: eres uno de ellos y todo ha sido un paripé para que te infiltres en las Tríadas.

A partir de aquí, y tirando del hilo de un amigo de la infancia que sí que pertenece a las tríadas y que te encontraste en la carcel tras tu arresto, se abre una parte de la historia totalmente lineal (no puedes salirte de lo asignado) en la que te tienes que ganar un mínimo de confianza en la organización criminal para que te admitan: te peleas con algunos miembros de una banda rival (y, de hecho, así aprendes que la lucha cuerpo a cuerpo de “Sleeping Dogs” va a ser de órdago, ya que las rutinas de movimientos son impresionantes -¡y sólo estás empezando!- y, sobre todo, ya que interactúas con los elementos del escenario y bien puedes, por ejemplo, machacarle a un enemigo la cabeza en un mostrador cerrando la persiana encima de él), vas a un mercadillo a extorsionar a algunos vendedores, te ves inmerso en más peleas y, finalmente, te ves de nuevo envuelto en un arresto que acaba de establecer las bases argumentales. A partir de aquí… ¡la libertad!

Es precisamente a partir de eso momento cuando “Sleeping Dogs” se desvela como lo que realmente es: un mundo abierto en el que tienes tu propio apartamento como centro de operaciones (aunque más adelante también podrás acceder al centro de operaciones oculto de la policía) y en el que debes resolver misiones que te hagan evolucionar como policía o como criminal. De hecho, desde este momento puedes acceder a un completísimo mapa en el que no sólo están indicadas las misiones que te encarga la policía y las que te asigna la mafia (resolver unas y otras te harán subir de nivel como poli o como mafioso, desbloqueando así nuevas habilidades en un sistema de mejoras simple -no llega al nivel de complejidad de un RPG- pero suficientemente completo como para engancharte), sino que también hay muchas otras misiones libres a las que puedes acceder para ir obteniendo dinero y para ir mejorando tus propias cualidades. Desde un buen principio, además, también tienes señalados en el mapa todo un conjunto de establecimientos (tiendas de té, salones de masaje…) en las que puedes comprar ciertos productos o servicios que, al fin y al cabo, te producen mejorías instantáneas en tus barras de salud, energía y demás.

A eso hay que sumar, claro, el medio de transporte: en la puerta de tu edificio tienes un párking en el que está tu moto (no es difícil suponer que más adelante accederás a otros vehículos cada vez más fardones). Lo primero que haces, como no puede ser de otra forma, es montarte y salir a toda pastilla a ver la ciudad y a provocar algún que otro destrozo. Pero… ¡sorpresa! Aquí no se vale eso de ir por las calles destrozando farolas y atropellando a viejas: en “Sleeping Dogs“, cualquier daño que causes a la ciudad te será cobrado en forma de multas inmediatas, con la consiguiente merma de tus fondos monetarios. Por suerte, tus paseos por Hong Kong se van a ver amenizados por todo un conjunto de emisoras de radio como para quedarse picueto: basta un primer paneado por las frecuencias disponibles para fliparlo con las emisoras de sellos tan tremendos como WARP, Daptone y Ninja Tune o de publicaciones seminales como Kerrang! Como suele decirse: ya tenemos el pesebre montado.

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¿QUÉ PASARÁ? Millones, trillones, zillones de cosas. Está claro que, una vez superado el arranque lineal, “Sleeping Dogs” se abre como una flor rara y particularmente compleja. El entramado de misiones se intuye vibrante, complicado y extensísimo. Y después están, claro, las misiones paralelas y los mini-juegos variados en los que nos vamos a ver envueltos. Una alternativa genial a “GTA” con más lucha cuerpo a cuerpo, con una trama arrebatadora, con más interacción con el escenario, con carreras más autoconscientes… Así que es imposible concretar qué va a pasar: es como intentar resumir los próximos cinco años de tu vida. Así de exhaustivo va a ser “Sleeping Dogs“.

DISPONIBLE EN… PS3 (versión jugada), Xbox 360 y PC.

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