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El Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona llega a su cuarta edición confirmándose como uno de los festivales con una identidad más sólida del panorama patrio. Ahora el trabajo es nuestro: nos toca determinar cuáles han sido las (fascinantes) líneas programáticas del certamen.

 

Todo fue tal y como estaba previsto… O, por lo menos, tal y como podía prever cualquiera con dos dedos de frente y cualquiera que haya seguido mínimamente la trayectoria del Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona. Este certamen nació de las cenizas del BAFF (Barcelona Asian Film Festival) en un momento en el que la cinematografía oriental estaba dejando de hervir. Fue un movimiento inteligente por parte de los organizadores de aquel festival: era un momento histórico en el que empezaba a sentirse la urgencia de darle relevancia un cine que, hasta ese momento, estaba resultando ser invisible. Muchos eran los ojos que estaban puestos sobre el panorama fílmico oriental pero, en comparación, pocos eran los que estaban pendientes de espíritus pujantes como el sudamericano o el de Europa del Este.

Así nacía el Festival D’Autor: con la voluntad de hacer visible lo invisible. Carlos R. Ríos y su equipo se pusieron el mundo por montera y, en un momento en el que la crisis propinaba sus primeros azotes a una escena cultural que estaba claro que iba a tirar por lo seguro (grandes películas, alfombra roja, grandes estrellas, taquilla asegurada), ellos preferían explorar no ya la segunda vía, sino incluso la tercera y la cuarta. Desde un buen principio, la identidad cinematográfica del D’A sólo tenía un espejo en el que mirarse en nuestro país: ese Festival de Gijón que acabaría por desvirtuarse no mucho después debido a la marcha de Cienfuegos. Sea como sea, el Festival D’Autor tampoco es que necesitara ni espejos ni referentes: desde un buen principio se dedicó a hacer lo que hacía, a hacer el bien sin mirar a quién.

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Y si me ha dado por recapitular aquí y ofrecer una panorámica del D’A desde sus tiempos pretéritos (aunque tampoco tan lejanos) es precisamente porque el año pasado, al cierre del certamen, ya se pudo constatar una evolución más que visible desde su anterior edición (tal y como quedó expreso en la crónica con la que esta misma web abordó la programación de ahora hace doce meses): si hasta entonces el mayor ahínco se había puesto en definir una identidad única y seductora, en la edición del 2013 ya se intuyó una voluntad de ir más allá. Ya por aquel entonces no sólo se exploraron diferentes temáticas cinematográficas, sino que resultaba particularmente estimulante que parte de esas mismas temáticas fueran un reflejo valiosísimo de lo que estaba ocurriendo en el mundo del cine más allá de las cuatro paredes de nuestra península. A diferencia de otros festivales a los que siempre les ha dado igual funcionar a modo de cajón de sastre, el Festival D’Autor no tardó ni tres ediciones en arremangarse y meterse hasta las rodillas en los cenagales de lo que se estaba (y se está) cociendo en ese momento.

Con todo ello, llegamos al Festival D’Autor 2014… Una edición que, de entrada, sorprendía por la incorporación de una nueva sección destinada a dirigir las miradas hacia el cine que se practica aquí, dentro de nuestras fronteras. Un Impulso Colectivo debía funcionar, comisariada por el crítico Carlos Losilla, como una panorámica sobre el estado de la cinematografía española. De esta forma, debido a las limitaciones geográficas de la propia propuesta, las películas de Un Impulso Colectivo no pudieron distinguirse como una línea programática en sí, sino más bien como una oportunidad excepcional de ver cómo esas líneas programáticas ya existentes en el certamen se veían refllejadas en el cine patrio. Y es que, este año, el Festival D’Autor ha seguido explorando algunas de las líneas programáticas de su anterior edición, ha abierto nuevas vías de investigación e incluso se permitido regirse por el signo de los tiempos, la mutabilidad como herramienta de supervivencia, y permitir que algunas de las líneas programáticas de la edición del año pasado evolucionen hacia nuevos y a veces sorprendentes parajes.

Así las cosas, con un total de más de 10.000 espectadores en diez días, puede que el Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona conste como una de las citas más jóvenes del panorama cinematográfico español, pero su propuesta es una de las más sólidas y coherentes que puede echarse uno al coleto en estos tristes días de cobardía e indefinición. Asusta pensar qué pueden conseguir Carlos R. Ríos y su equipo con cinco ediciones más. Tiempo al tiempo. [Raül De Tena]

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