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La semana pasada, al cierre del Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona (que se celebró del 25 de abril al 2 de mayo), ya nos aventuramos a realizar una crónica del certamen centrada, básicamente, en las temáticas principales sobre las que pivotaron la mayoría de films exhibidos (puedes leer el artículo aquí). Nos quedamos con ganas, eso sí, de hablar de forma más concreta de los films que perlaron nuestro D’A particular: de todos y cada uno hay mucho a decir, pero para no abrumar al personal hemos preferido diseccionar la programación del festival en pildorazos que resalten lo más reseñable de todas y cada una de las películas. No están todas las que son… Pero sí que son todas las que nos apasionaron en el D’Autor 2013.

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À PERDRE LA RAISON, de Joachim Lafosse. Émilie Dequenne (los que ya tenemos una edad no la olvidamos en “Rosetta”) es el puntal sobre el que se sostiene esta historia durísima basada en una tragedia real sobre una joven madre y la muerte de sus hijos. Cayendo puntualmente en el melodrama, pero solventada en unos minutos finales devastadores con una Dequenne en estado de gracia, este retrato nada complaciente sobre la depresión (y la herida que queda a su paso) acaba dejando al espectador tocado y hundido. [David Martínez de la Haza]

A ÚLTIMA VEZ QUE VI MACAU, de João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra da Mata. A partir de la reconstrucción de imágenes grabadas azarosamente en la decadente ex-colonia portuguesa de Macao, João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra da Mata construyen una increíble historia con un protagonista en perpetuo off, que trasciende el documental y se encarama hacia cotas distintas. Retorciendo cuantos géneros se ponen a su alcance (desde el noir hasta el fantástico, desde el diario personal hasta el realismo mágico), este luminoso cuento casi apocalíptico, complejo y maravilloso, ha sido sin duda uno de los descubrimientos más extraordinarios de todo el festival. [DMDLH]

CALIFORNIA DREAMIN´, de Cristian Nemescu. El D´A se enorgullecía de poder incluir la obra póstuma de Cristian Nemescu (la película se presentaba tal y como la dejó su director al morir en un accidente), otra de la piezas clave de esa nueva cinematografía rumana que homenajeaba esta edición del festival. Una especie de “Bienvenido Mr. Marsall” en versión rumana con ligeros toques a lo Kaurismaki y centrada en el revuelo que se monta en un pueblo perdido a horas de Bucarest cuando un tren con un pelotón de marines yankis que se dirigen hacia Serbia queda varado por problemas burocráticos… provocados por el mismo jefe de estación. Con tintes nostálgicos y una puesta en escena humilde y costumbrista, Nemescu firmaba una contundente metáfora sobre la eterna relación de amor-odio entre los países de la Europa del Este y los Estados Unidos. [Estela Cebrián]

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