Por primera vez, el festival Vigo Transforma incluyó la moda dentro de las disciplinas artísticas de Vasos Comunicantes a través del desfile Fashion Lunch: Don’t Feed The Models, una iniciativa que muchos agradecieron y que, a su vez, fue totalmente coherente dada la íntima relación que moda y música mantienen desde hace años. Coordinada por Jandro Villa e Isabel Varela, la exhibición se presentó como una muestra libre y desenfadada del trabajo actual de varios jóvenes diseñadores gallegos, en línea con el espíritu arty del evento vigués y no como una pasarela en su sentido más clásico. La posibilidad de ver a las modelos desfilando al nivel del resto de los mortales y el punto irónico de la puesta en escena dieron buena cuenta de ello.

La música de The Horrors encajaba a la perfección con los diseños que presentó Andrea Rivas (a la izquierda en la foto), una propuesta de estética oscura titulada “Zeitgeist”, en la que los tejidos vaporosos se mezclaban con sutiles toques étnicos en los complementos. Rosario Rodríguez (centro), por el contrario, escogió tejidos mucho más pesados para crear volúmenes geométricos con tweeds (¡Coco forever!) y lanas cocidas en tonos naturales y naranjas. Las cabezas de animales que llevaban algunas de las modelos hacían referencia al cuento de los hermanos GrimmLa Cuidadora de Animales”. Como en este tipo de muestras parte del encanto radica en observar cómo las tendencias se aparcan por un rato y cada diseñador expresa su individualidad, “4.0 Contenido Manifiesto” de Celia Álvarez (derecha) se mostró como una colección de lo más particular en la que conceptos incompatibles se armonizaban para sorprender, por ejemplo, con un traje de buzo hecho de seda o unas gafas de buceo de punto. También se pudo ver encaje de bolillos hecho con hilos de lana, todo ello realizado en un ambiente monocromático en tonos beige muy acertado.

Después del naufragio, María Cedeira (izquierda) trasladó al público al universo de Hitchcock creando siluetas muy femeninas con faldas de vuelo en cintura y capelinas confeccionadas con papeles pintados de los años 50 y 60. Muy distinto fue el planteamiento de José Collazo (centro), que marcó el punto sexy de la tarde con sus vestidos con escotes asimétricos en colores oliva y kakhi combinados con collares-cadena y ligueros al descubierto. Por su parte, Gabriel Nogueira Ramírez (derecha) concentró los volúmenes en hombros y mangas, y rompió con medias estampadas de flores y toques flúor la calma cromática que imperaba hasta ese momento. Destacaron los zapatos tipo creepers con suela de madera.

Tras él, Mónica Guillán (izquierda) transportó a los allí presentes a las calles de Nueva York con el tutú blanco con el que la modelo abrió el desfile: Carrie Bradshaw tendría algo que ver en esto… Luego continuó con corpiños y vestidos de volúmenes muy lady like. Con Ana Simón (centro izquierda) los maxi-volúmenes se relajaron y volvió a ser protagonista el color, en este caso el verde pistacho con contrastes en rosa flúor, junto a siluetas muy femeninas, minifaldas, pantalones beduinos y chaquetas cortas con detalles de lurex. Resultó muy adecuada la puesta en escena con tablones de madera que las modelos sujetaban a sus espaldas mientras desfilaban. Cerca del final, la música de Death in Vegas calentó el ambiente y reforzó la sensualidad de la colección de Luisa Fernanda Rodríguez (centro derecha), compuesta por tops de cazuelas con pedrería y perlas, tocados y shorts de plumas, hombreras con flecos, mucha gasa, mucho negro y puntuales toques de color. Y para cerrar, ecos de los 80 y 90 en la propuesta de Laura García (derecha), en la que destacaron el charol, los colores flúor, el denim lejiado, las camisetas camioneras y las zapas (¡cómo no!) Como protagonistas de la colección, llamaron la atención las prendas confeccionadas con piezas de cubos de Rubik que, sin duda, la Gaga se pondría encantada de la vida.

[TEXTO: Paula Sartier] [FOTOS: Pilar Peleteiro]

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