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Chicas guapas, vintage, sexo y muerte… El video de “Don’t” de Chilius & The Filarmonicos le da una vuelta de tuerca a algo que ya crees haber visto.

 

Lo jodido de toda tendencia es que, cuando se convierte en canon, acaba perdiendo los matices: la marca de la casa tan reconocible en los videoclips de CANADA implicaba un amplio grado de ironía y de juego entre el sexo y la muerte; pero, al final, cuando todo un grupo de desalmados (es decir: realizadores que copiaban a la fuente pero lo hacían sin alma) se dedicaron a mimetizar la forma sin prestar atención al fondo, nos encontramos con un aborrecible superávit de clips con tipas ligeras de ropa haciendo memeces pero con una estética impecablemente vintage.

Con todo esto no quiero decir que el videoclip de Chulius & The Filarmonicos para su single “Don’t“, que viene dirigido por Fermín Cimadevilla, deba algo a la estética de CANADA, ni mucho menos, pero sí que comparte ciertas coordenadas identitarias con aquellos y, sobre todo, que lleva un poco (¡un mucho!) más allá el juego entre el sexo y la muerte añadiéndole una nueva capa de sentido. Y es que, al fin y al cabo, lo que impacta en este video es ese sublime discurso en el que algunas decisiones estéticas sublimes (una toalla en la cabeza, un hacerse la muerta debajo de una alfombra…) aniquila la identidad de la actriz Kimberley Tell.

Es esta, al fin y al cabo, una pieza que se adapta a la perfección a la canción de Chulius & The Filarmonicos, que viene a ser el proyecto de Julio Briceño (Los Amigos Imaginarios) y que, al fin y al cabo, nos ratifica en algo que hace tiempo que pensamos: que el electroclash no fue tan malo como hemos creídos en los últimos años. De esta forma, tanto el vídeo como la canción juegan a exacerbar la ambigüedad, a borrar las fronteras de la identidad: así, algo que debería ser doloroso (la pérdida del “yo” de la protagonista), acaba siendo puro goce estético que bebe de múltiples referencias estéticas surrealistas. Pero basta de pajas mentales: un videoclip como este hay que disfrutarlo. Y no intentar describirlo.

 

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