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Band à Part recopilan sus mini-lanzamiento en un macro-álbum… Y se marcan un video tan emocional y emocionante como el de “Sputnik, Mi Amor”.

 

¡Ay! ¡Qué jodido es esto de intentar escribir de forma mínimamente objetiva cuando te das cuenta de que los sentimientos empiezan a embrollarse entre las teclas del ordenador! Pero, es que, ¿cómo no dejarse llevar por los sentimientos cuando te topas con algo como el videoclip de “Sputnik, Mi Amor“? Así que vamos a intentar empezar por la parte objetiva, que es la parte de los datos puros y duros. Y esa parte es la que dice que Band à Part, después de varias temporadas lanzando singles, mini-LPs, EPs y mil otras referencias pequeñitas en formato pero gigantes en emociones, han decidido por fin recopilar todo aquello (que ahora, por cierto, está más que descatalogado… y eso sólo puede ser una buena señal) en un único disco, que ha recibido el título de “Maravillas de la Ciencia” (Elefant, 2014) y que ya está en la calle para demostrar que aquí hay muchas maravillas inexplicables para la ciencia. Sólo son explicables para el corazón.

Y entramos finalmente en el terreno de la subjetividad. Para empezar, otra pregunta: ¿alguien es capaz de no sentir un flechazo inmediato ante un videoclip que se abre con el subtítulo de “Un vídeo con amigos de todo el mundo“? Y que, a continuación, muestra realmente a todos esos amigos cantando las letras de una canción con tantas referencias generacionales como para estrangular (dulcemente) tu corazón. Todas estas presencias de amigos se ven hilvanadas por unas escenas que supuran Wes Anderson por todos sus costados y que hacen la experiencia del visionado más bonica todavía. Al final de todo, te descubres emocionado como cuando era 1995 y todavía eras alguien a quien el pop podía impresionar. De eso va “Sputnik, Mi Amor“: de una emoción imposible de explicar si no se siente. Por suerte, a nosotros tanto el video como el tema nos encienden el corazón.

 

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