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La última locura en Barcelona es un local dedicado a los donuts… Pero es que, por encima de todo, lo de La Donutería es una pura sofisticación del placer dulce.

 

Algunos lo llamarán hipsteria… Pero déjenme que les diga que de lo que vamos a hablar en este texto es, básicamente, de la sofisticación definitiva del placer. Sea como sea, entiendo que habrá quien piense que la existencia (y el éxito) de un lugar como La Donutería viene a demostrar la absurdez en la que viven los hipsters o modernos o como ustedes prefieran llamarlos (o llamarnos): tanto dar por culo con la comida orgánica y con el kilómetro cero y con cuidar la salud a toda costa para que ahora vengan a adorar algo tan (supuestamente) poco saludable y tan (presuntamente) grasiento como los donuts. Pero ¿qué me diríais si os intento convencer de que los donuts también puede ser un placer sofisticado?

Pues me diríais que ya estamos los puñeteros modernos complicando las cosas, que un donut tiene que ser un placer culpable que sepas que se te está petrificando en las caderas mientras te lo comes y que me deje de tonterías. Pero es que resulta que a estas alturas no necesito convencer a nadie, porque La Donutería lleva abierta desde el pasado mes de junio en el número 20 de la calle Parlament (sí, corazón del mapa urbano hipster barcelonés ahora mismo) y ya ha convencido a todo aquel que ha cruzado su puerta de entrada de que otros donuts son posibles más allá de la bollería industrial.

Lo primero que sorprende al acceder a La Donutería es el propio local: con un feeling muy de restaurante americano, una amplia cristalera da acceso a la cocina a la vista, que es lo primero que te encuentras al entrar justo detrás del mostrador donde están los donuts expuestos. Aquí priman las paredes de ladrillo visto y las maderas, que le confieren al espacio ese ambiente entre rural y urbanita que tanto nos gusta encontrar en las ciudades cada vez con menos alma. Una pizarra inmensa deja al descubierto cuáles son los donuts disponibles ese día, así que lo único que tiene que hacer el visitante es elegir cuál va a ser su fuente de placer, recogerlo, decidir si quiere acompañarlo de un café o un té y, a continuación, llevárselo a donde él quiera o pasar al pequeño pero acogedor salón con el mismo ambiente del espacio principal.

Ahora que lo pienso, voy a retractarme: lo primero que sorprende al entrar en La Donutería no es el propio local, sino el chef que lo dirige. Si por casualidad Richard Bies está a la vista (ya que, evidentemente, no es él quien suele atender a los clientes, aunque el hecho de que la cocina esté completamente descubierta hace que normalmente se le vea mientras cocina), lo primero que vas a hacer es sentir una sana envidia hacia su barba si eres un hombre o te vas a derretir un poco si eres una adoradora de las barbas (¿hay alguna que no lo sea a estas alturas?). Pero no permitas que los árboles te impidan ver el bosque o que, en este caso, la barba te impida ver al chef: el norteamericano Bies fue jefe de pastelería en Escrivà y, desde hace unos meses, está empeñado en demostrar que en España puede que comamos muy bien, pero que de pastelería sofisticada no tenemos ni repajolera idea.

Su empeño se centra en una revisión absoluta del concepto donut. Evidentemente, todas sus creaciones pueden ser consideradas “donuts” en el sentido más estricto del término: hay donuts de los del agujero en medio y otros que son más tipo berlina rellenos de diferentes ingredientes. El factor común denominador es su masa tan típica, que en el caso de La Donutería consigue ser esponjosa y poderosamente sabrosa sin resultar para nada aceitosa ni grasienta. La verdadera locura aquí, sin embargo, son las mezclas que realiza cada día Richard Bies a partir de ingredientes de la máxima calidad: siempre hay algunos básicos (como el glaseado de vainilla), pero a partir de ahí cualquiera cosa es posible.

Si eres fan del chocolate, déjate sorprender por las variedades más sugerentes; si te gusta lo salado no tienes por qué preocuparte, porque cada día hay un donut especial para ti (el de jamón serrano con tomate y aceite es una verdadera locura); si te van las compotas y cremas, los donuts tipo berlina te harán estallar el paladar a base de ingredientes inesperados como el ruibarbo; si tienes mascota, llévale como regalito uno de los donuts para perros que suelen estar a la venta en una jarra sobre el mostrador… Pero, por encima de todo, no debes irte de La Donutería sin probar su delicatessen máxima: el donut de compota de manzana con sirope de arce y bacon. Pero, ahora que lo pienso, este es el favorito de quien firma este texto. Y, con varios meses de rodaje, seguro que todo el mundo tiene ya su favorito en este temple del placer dulce más sofisticado. ¿Cuál es el tuyo?