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En el propio logo del Bar Seco constan tres palabras: vermuts, burguers y terraza… Tres rasgos geniales para un local con aroma a vida de barrio (moderno).

 

Ya está. Es definitivo. No hay vuelta atrás. Ya no somos jóvenes… Ni falta que nos hace. ¿Pero a qué viene este lamento / alabanza? A algo tan sencillo como que, de pronto, nuestra generación (la de los 80 y periferias) se ha descubierto asentada como a las generaciones precedentes les ocurrió con anterioridad. De pronto, ya no sólo tenemos nuestras zonas preferidas en la ciudad, sino que en esos areas empezamos a “hacer vida de barrio”: tenemos tiendas en las que nos encontramos con otra gente a la que ya conocemos y, sobre todo, hemos acabado por marcar más que claramente nuestros puntos de reunión. De hecho, cuando alguno de nosotros (qué raro se hace hablar así de “nosotros”, en plan sectario) llega a un barrio nuevo, lo primero que hace es buscar esos hot spots comunales para sentirse parte de la personalidad de la barriada. Así que, para esos recién llegados (y para el resto de animales urbanos que siempre están a la búsqueda de lugares donde comer de puta madre y estar con gente más de puta madre todavía), os lo voy a poner fácil: necesitás conocer el Bar Seco del Poble Sec (en Barcelona, claro).

La primera impresión cuando aterrizas en el Bar Seco es de puro deja vu, de ¿por qué carajo no había venido yo antes aquí? Y no lo digo por el local en sí, aunque el espacio es realmente importante a la hora de provocar esta sensación cálida de reconocimiento y confort: tanto en su interior (con amplias cristaleras al estilo neoyorkino, cromados metálicos aportando siglo 21 y muebles vintage como preciosas lámparas y sillas mirando directamente hacia el pasado) como en su exterior (una terraza amplísima para aprovechar el calorcito barcelonés justo al lado de Montjuïc), el Bar Seco invita a sentarse, a quedarse a vivir. Pero es que, si hay algo que acrecenta este sentimiento de hogar re-encontrado es la sensación de que allá todo el mundo se conoce: de que tanto los que están delante de la barra como los que están detrás son gente del barrio que tienen en este bar un punto de reunión básico, ya sea para comer, para hacer un café, para tomar una cerveza o para verlas pasar. Es lo que tiene la vida de barrio.

 

 

Sea como sea, está claro que la vida de barrio es algo que sólo va a atraer a la gente de la zona… Pero al resto de la ciudad (y al turisteo en general) le sobran motivos para acercarse al número 74 del Passeig de Montjuïc. Para empezar, hay que tener en cuenta que el Poble Sec está justo al lado de Sant Antoni y que, en los últimos tiempos, la calle Blai se está convirtiendo en un must hipstérico de la ciudad. Es decir: la geografía acompaña, y una visita a la zona va a estar justificada una y mil veces. Pero es que, por encima de todas las cosas, el Bar Seco debería constar en los mapas personales de todos los aficionados al buen comer porque, simple y llanamente, lo que ofrecen está a años luz de la media barcelonesa. En la Ciudad Condal estamos acostumbrados a dos “tendencias” bastante detestables: por un lado, las tapas de fritanga pura y dura; y, por el otro,la nueva cocina “saludable” en la que el buen sabor y el rollo healthy son dos conceptos que parecen estar completamente reñidos.

En el Bar Seco hay tapas y también hay rollo healthy, pero las tapas son lo contrario a la fritanga (sus patatas bravas son una pura locura, y si lo que te va es el rollo vermuteo con un par de cosas para picar, aquí te van a sobrar las opciones) y la comida saludable se practica imponiendo el sabor por encima de todas las cosas (ojo, que este lugar está regentado desde el año 2001 por un compromiso absoluto con la restauración sostenible y respetuosa con el medio ambiente, lo que implica que sólo utilizan carne ecológica, fruta y verdura de temporada, proteínas vegetales y cereales integrales). Cada día tienen varios modelos de menú para ajustarse a todos los paladares y bolsillos… Pero, si se me permite dejar aquí constancia de algunos favoritos personales, me veré en la necesidad de deshacerme en elogios (y en babas) ante sus hamburguesas, sus tartas y su amplísima variedad de cervezas artesanas. Perdonen ustedes el alto nivel de subjetividad de este artículo, pero tengan también en cuenta una cosa: puede que a todos nos den rabia las abuelas que se sientan en las cafeterías rancias a ver quién pasa y a quién pueden criticar… Pero es que, si yo tuviera que elegir un lugar para hacerme viejo como esas abuelas, rodeado de colegas y de comida y bebida que me guste en un lugar en el que me siente a gusto, elegiría el Bar Seco.

 

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