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Cada año decimos lo mismo a la hora de presentar nuestra lista de los mejores libros de la temporada: perdonad nuestro número uno, pero es que no hemos podido evitarlo. Está claro que cada medio se rige con sus propias normas a la hora de elaborar sus listas, y en nuestro caso nunca hemos ocultado que, para nosotros, el número uno puede que no sea ese libro que todo el mundo ya sabe que es acojonante, sino más bien ese otro libro que parece que la gente no ha acabado de descubrir. Todos sabemos cuáles son los libros imprescindibles de cada año: nos lo dicen desde los tops de ventas, desde los medios más canónicos, desde las mismas editoriales… Pero cada año hay otros títulos que, para nuestra desgracia, parecen quedarse algo colgados. Libros que deberían ser leídos por todo el mundo pero que no han tenido el apoyo necesario (básicamente porque, en un mercado editorial tan abrumador como el nuestro, a ver quién es el bonito que llega a su público sin una ayuda extra). Libros que a nosotros nos gusta plantar en nuestro número uno. Y punto.

 

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20. LA HABITACIÓN OSCURA / Isaac Rosa (Seix Barral). ¿Qué pasaría si todos tuviéramos un lugar secreto al que poder acudir en el que cualquier cosa que pasara se quedara ahí, en la oscuridad? Sin remordimientos. Sin rencores. Sin consecuencias. Los protagonistas del último libro de Isaac Rosa deciden montarse su propio cuarto oscuro, su rincón secreto, una habitación cerrada en la que nunca entra la luz y de la que los secretos no deben salir. Un espacio común para un grupo cerrado de amigos que todos utilizan como desean al principio…y como necesitan a medida que el tiempo pasa y la madurez les ahoga. En “La habitación oscura” Rosa plasma con una narrativa contundente, algo repetitiva y muy directa el malestar de toda una generación, el auge y caída del sueño vital de un montón de treintañeros y de nuestra propia juventud, lo que supone la entrada a la madurez mental, sentimental y social y consigue enlazar una trama que a priori parece deslavazada y caprichosa pero que a medida que avanza consigue conformar algo así como un thriller de tintes sociales y un retrato bastante doloroso y necesario de la actualidad esta que nos ha tocado vivir. Un libro duro pero adictivo -pese a ciertos tramos en los que la repetición induce al mismo tedio en el que viven sus personajes – que repasa con intensidad quince largos años en las vidas de sus protagonistas que encierran sus sueños y temores en esa habitación oscura a la que todos nos gustaría poder recurrir de vez en cuando.  [Estela Cebrián]

 

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19. EL ATLAS DE CENIZA / Blake Butler (Alpha Decay). Hay escritores que lleva el Apocalipsis dentro… Pero eso no impide que, una vez deciden sacarlo fuera, no vaya a golpearnos como un mazazo en plena frente. El caso de Blake Butler es ejemplar a este respecto: el año pasado, Alpha Decay publicaba “Nada“, un ensayo sobre el insomnio que descubrió a muchos un autor intrincado, laberíntico, complejo y circular sobre su propio ego. Todos aquellos valores, ahora, son puestos al servicio del Apocalipsis: Butler aborda el Fin del Mundo de la misma forma que abordó su insomnio, con una ataraxia inquietante y desprovista de emociones. Podría decirse que, como Cormac McCarthy en “La Carretera” (ese referente apocalíptico que ningún autor se va quitar de encima si aborda una temática similar), Blake Butler prefiere no explicar en qué consiste el Apocalipsis y, directamente, mostrar sus consecuencias a través de un conjunto de relatos atomizados y protagonizados por personajes que nada tienen que ver unos con otros. Pero seamos fiel a la verdad: decir que “El Atlas De Ceniza” es “comoMcCarthy está realmente lejos de la realidad, porque Butler incluso prescinde de una trama propiamente dicha, de un argumento. Por el contrario, se embarca en un desasosegante viaje a lo más oscuro de una noche mutante, de un Apocalipsis que no deja de cambiar y que, con su mutabilidad, obliga a la humanidad a cambiar para adaptarse y sobrevivir. Un cambio que acojona y horroriza por lo que tiene de pérdida de identidad humana. [Raül De Tena]

 

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18. ¿CÓMO DEBERÍA SER UNA PERSONA? / SHEILA HETI (Alpha Decay). “¿Cómo Debería Ser Una Persona?” es, posiblemente, el título más guay, rotundo y pretencioso que me he encontrado en mi vida de lectora. Es un título que hace a la perfección el trabajo que se le presupone a todo título de libro: llamar la atención y prometer mucho. La segunda novela de la canadiense Sheila Heti (conocida en el territorio cultureta por ser la coordinadora de entrevistas de The Believer) es igual que su título: llamativa, prometedora, guay y pretenciosa. En ella Heti habla de todo lo humano y lo divino que puede afectar y preocupar a una mujer de treinta años en una gran ciudad como Toronto: el éxito profesional, conservar las buenas amistades (y aceptarlas cómo y cuando vienen), enfrentarse a las derrotas amorosas y construir una identidad acorde con sus principios y necesidades. Su protagonista, Sheila, se puede interpretar como un alter ego difuminado de la autora: los amigos de Sheila están inspirados en su propio círculo de amistades (pintores, artistas y faranduleo canadiense) y los ambientes en los que se mueve son lugares comunes queHeti conoce bien. Pero, en lugar de alojar a su protagonista en una situación de éxito y reconocimiento laboral como ella disfruta, la ubica en un momento de distorsión personal y laboral que servirá como arranque de una breve historia de cómo se construye una persona en un momento muy concreto de su recorrido vital. [leer más]

 

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17. REVOLUCIÓN / Jakob Ejersbo (Roca Editorial). Hay que reconocer que de “Revolución” se desprende una belleza que no existiría si “Exilio” no hubiera llegado antes hasta nosotros: la mayor parte de los protagonistas de los relatos de esta segunda entrega de la Trilogía Africana ya tuvieron su ratio de protagonismo (algunos más secundario que otros) en las periferias de la historia de Samantha.Allá todos compartían las paredes del instituto que encerraban sus avidez de romper fronteras, derribar muros y salir al mundo exterior… Pero en “Revolución” todos han conseguido salir del cascarón: algunos de ellos lo han hecho para descubrir que las paredes del instituto eran una versión en miniatura de los gigantescos muros que encontrarían en un continente implacable con sus ilusiones. Los menos han conseguido salir de África para dar con trabajos de supervivencia en el Primer Mundo (como el protagonista de “Vigilante nocturno: Helskinki“). Y ahí está la belleza de esta segunda entrega de la trilogía: que, más que actuar de coda o de diccionario ampliado de personajes de “Exilio“, se muestra pletóricamente hermoso al poner sobre la mesa todo un conjunto de vidas que parecen surgir del big bang del libro interior. Ninguno de ellos, sin embargo, ha conseguido ser feliz. Lo único que han hecho es descubrir que, al finalizar el big bang, antes de que empiece el big crush, es cuando todas las partes que estaban previamente unidas están más separadas entre sí que nunca. Más solas. [leer más]

 

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16. MAL DADAS / James Ross (Sajalín). “Mal Dadas” es una de esas historias que lo tiene todo: un antihéroe entrañable y perdedor como protagonista, paisajes profundos y desoladores, escenarios roadside de los años 30, personajes secundarios de redondas personalidades (incluyendo la femme fatale increíblemente bella, ambiciosa y adúltera) y, cómo no, una trama muy cercana a la novela negra que incluye asesinatos, traiciones, peleas, cárceles de pueblo y muchas, muchas actividades ilegales. Y aunque sólo por esto “Mal Dadas” ya es una novela brillante, lo mejor de este libro no es el qué, sino el cuándo. Y es que a Ross este retrato crudo y realista, sin un ápice de crítica ni juicios morales, le valió el ostracismo y más de una crítica por su lenguaje directo y su realismo sin adornos. En mi opinión, sin embargo, es precisamente su narración honesta y nada pretenciosa lo que la distingue y destaca entre otras muchas obras sobre la época, y lo que lleva a esta historia de miserias y malas decisiones mucho más allá de la novela negra para convertirla en un excelente retrato social de la marginal clase rural de la América de la Gran Depresión. [Alba Adell]

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