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El segundo álbum de Fanfarlo, Rooms Filled With Light (Warner, 2012), dio la justa medida del estatus del grupo londinense: tras el semi-hype propiciado por su debut en largo, Reservoir (Warner, 2009), superó el reto del ‘disco de confirmación’ y se consolidó como una banda más que hábil a la hora de facturar un pop lustroso -ora inmediato, ora intrincado- y crear pequeñas grandes canciones que se balancean entre la grandilocuencia y la contención, entre el minimalismo formal y el barroquismo instrumental. Las primeras tonadas que pusieron al combo en el mapa alternativo -como “Ghosts”, “The Walls Are Coming Down” o “Fire Escape”– mostraban una infalibilidad melódica brillante y sorprendente, pero difícil de mantener en el tiempo. Ese hecho se cumplió en parte en sus composiciones posteriores, pero no significó que Fanfarlo hubieran perdido su destreza creativa, sino que simplemente la habían ajustado con el objetivo de transformar unos cánones estilísticos previos materializados a través de sus reconocibles influencias: los primeros Arcade Fire, The Smiths, una pizca de David Bowie o los Talking Heads más accesibles.

Resumiendo: en su sophomore, Fanfarlo lograron resaltar su propia personalidad musical en piezas cada vez más expansivas y, en determinados casos, complejas que traducían el ánimo reformista de sus autores. Un espíritu que en su nueva intentona, Let’s Go Extinct (New World Records, 2014), vuelve a aparecer. Aunque este dato no debería sorprender en absoluto, ya que en su anterior referencia, el EP The Sea (New World Records, 2013), demostraron que estaban convencidos de seguir esa línea aperturista en pos de ampliar sus registros sonoros. De hecho, el tema que abría el citado mini-álbum, “A Distance”, repite presencia aquí, funcionando como piedra angular del sonido que acompaña la sección de aspecto más positivo del LP gracias a la efusiva voz de Simon Balthazar, los coros de la pizpireta Cathy Lucas y una riqueza de arreglos que van de los unos refulgentes teclados a unos deliciosos metales. Idéntico ánimo vitalista recorre “Life In The Sky” -heredera de “Deconstruction” espoleada por una fanfarria de vientos de hechuras épicas- y “Landlocked” -en la que se insertan toques africanistas en un ritmo vibrante-.

Ese tono ligero, sin embargo, no tiene nada que ver con el discurso lírico general de “Let’s Go Extinct”, repleto de claroscuros y divagaciones en torno a la propia existencia del ser humano, su condición actual y su destino en el futuro. Un argumento que convierte el LP en un trabajo conceptual, prácticamente un tratado filosófico / antropológico, al incluir asuntos de la envergadura de la teoría de la evolución, la leyenda de Gaia, el mito de Utopía e incluso del budismo. Un batiburrillo de pensamientos que provoca que Fanfarlo profundicen en su lado más introspectivo y reflexivo y, de paso, afecte a la forma externa de sus canciones. Por ejemplo, “Myth Of Myself (A Ruse To Exploit Our Weakness)” discurre con delicadeza entre fases orquestadas que explotan en un final en el que Balthazar pone a prueba sus cuerdas vocales; y “Painting With Life” parece flotar en el espacio de la mano del David Bowie que se vistió el traje de astronauta en el primer lustro de los 70. Mención aparte merece “The Grey And Old”, el corte más pulcramente pop y smithsoniano del disco; o lo que es lo mismo: la “There Is A Light That Never Goes Out” en miniatura de Fanfarlo.

Como todo buen álbum que intenta presentar un enfoque argumental, “Let’s Go Extinct” se desarrolla sobre la típica estructura de planteamiento, nudo y desenlace que se completa con dos temas que cierran la exposición, las espirituales y melancólicas “The Beginning And The End” y “Let’s Go Extinct”, que hablan a las claras de la moraleja del mensaje global del LP: nacemos, crecemos, nos reproducimos pero, más tarde o más temprano, todos dejaremos este mundo. En cierto modo, construir el núcleo textual de un disco alrededor de una historia tan vasta y compleja como la de la evolución humana, con todas sus connotaciones teóricas y místicas, puede resultar tremendamente pretencioso. Pero Fanfarlo manejan la situación con sapiencia y la llevan a su terreno para, por un lado, justificar que su pop ilustrado no busca ser artificialmente pomposo con el fin de atraer la atención del hipsterismo sabihondo, sino que se muestra razonado y auténtico; y, por otro, certificar que “Let’s Go Extinct” actúa como algo más que un apéndice adecuado de su predecesor, Rooms Filled With Light, hasta reflejar la constante progresión de Fanfarlo desde su álbum de estreno, “Reservoir”. Esa expansión bien encauzada, precisamente, es el mayor logro del grupo londinense dentro de su particular trayectoria.

 

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