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Sala Razzmatazz, centro neurálgico de Miles Away.

Seguimos preguntando: ¿estamos de vuelta de los festivales musicales? Esta vez los que responden a nuestra pregunta son los promotores de conciertos.

 

Ya hace una semana que puse la pregunta sobre la mesa: ¿estamos de vuelta de los festivales? La cuestión viene de lejos, específicamente de aquel momento de este mismo año en el que la mayor parte de los festivales musicales patrios empezaron a soltar sus armas de alto tonelaje y, en consecuencia ante este (ya trillado) ataque de dominación mundial y musical, la mayor parte de festivaleros de pro reaccionó con comentarios sonoros de aburrimiento y hastío. ¿Qué está ocurriendo? ¿Se está agotando el modelo festivalero? ¿La gente no sabe lo que quiere? ¿Hay esperanza para nosotros después de media vida asistiendo a los mismos festivales? A todas estas preguntas intentaron darle respuesta en este artículo los responsables de los festivales más significativos de nuestro país: desde grandes nombres como el SOS 4.8, el FIB o el DCode hasta propuestas más pequeñas y humildes como el Eufònic, el Festival ERA o Villamanuela.

Las conclusiones fueron difíciles de extraer, pero lo que cuenta es que el diálogo (a veces casual e inconsciente) fue vibrante, colorido y más vivo de lo que podría preverse en una cuestión en la que nos estamos planteando precisamente si queda vida en los festivales musicales. Aquel debate, sin embargo, resultaba unilateral: la cuestión festivalera es algo tan extensivo que ha acabado por afectar no sólo a los festivales, sino a la mayor parte de promotores de conciertos que intentan sobrevivir en un paradigma de negocio donde los grandes eventos mencionados son algo así como el pez grande que se come al pez chico. Cualquiera podría pensar que hay espacio para todos, que la gente quiere ir a festivales pero también a giras de conciertos. Cuando te lo paras a pensar, sin embargo, resulta que hace tiempo que sólo giran los grupos pequeñitos (y a duras penas): cuando no es porque un festival ha pedido exclusividad a una banda, es porque esa banda ha preferido embolsarse el caché mucho mayor de un festival y ni considerar pasarse varios días recorriendo las carreteras españolas para acabar cobrando una cantidad de dinero infinitamente menor.

¿Malos tiempos para la promoción de conciertos? Puede que sí, puede que no. Igual que en su momento puse la pregunta sobre la mesa para los festivales, ahora he querido ponerla para que opinen los otros grandes interesados: los promotores. De nuevo, el espectro de participación es variado y rico: hay grandes promotores clásicos como Marc Ventosa (Miles Away) o Jaime Hernández (Houston Party), pero también la representación de un modelo entre dos tierras como el de César Andión de LiveNation (que, al ser promotora y organizadora de festivales, ya constó en el anterior artículo pero vuelve a repetir aquí con respuestas centradas en el campo de la promoción) e incluso nuevos modelos que vienen pegando fuerte, como el de Neill Higgins al frente de la promotora  This is Underground (TiU) o el de Pau Corbalán y Jordi Isern en Cooncert. De nuevo, hasta aquí llega mi aportación… Les cedo completamente la palabra a estos cinco maestros.

 

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Crystal Fighters bien de luces en un concierto organizado por Houston Party.

¿EMPEZÁIS A SENTIR QUE LA GENTE ESTÁ UN POCO DE VUELTA DE LOS FESTIVALES, QUE YA LO HAN VISTO TODO Y QUE CADA VEZ EXIGEN MÁS?

MARC VENTOSA (MILES AWAY): Estoy seguro de que, para los que llevan diez o quince años yendo a festivales, ya no es algo tan especial como en los primeros años y buscan ahora experiencias mas excitantes. Pero también creo que el publico se va renovando cada año con gente joven que no lo han visto todo para nada.

JAIME HERNÁNDEZ (HOUSTON PARTY): Todas las fórmulas tienden a agotarse si se repiten en exceso y no van haciendo reajustes para evitar la artrosis. Pero también pasa que, ahora, en el campo musical, se tiene acceso a mucha información y de manera muy inmediata, muy acelerada, y eso fomenta la sensación de que todo ha de “consumirse” ya, al momento, de que hoy es ya ayer. Más que exigencia, lo que se palpa es cierto estrés, un apetito algo exagerado por zamparse la actualidad casi sin masticarla. Un poco de relajo general, en ese sentido, nos beneficiaría a todos.

NEILL HIGGINS (THIS IS UNDERGROUND): No tengo la impresión especialmente de que la gente esté de vuelta de los festivales. Creo que los grandes festivales han crecido y evolucionado bastante durante la última década y posiblemente ha habido una evolución en el tipo de público asistente. Creo que es una tendencia que se ve en todos los países donde hay un levantamiento de la cultura de festivales musicales. En UK, fue así, y hoy en día los grandes festivales se mantienen a lado de numerosos festivales pequeños y medianos con líneas de programación muy diversas. Eso sí, puede ser que la gente exija más por su dinero, pero en tiempos de dificultad económica, creo que es de lo más natural.

JORDI ISERN (COONCERT): Creo que es una cuestión meramente generacional. Para mi, y posiblemente para mi entorno más próximo de amigos y para los festivaleros de mi quinta o colindantes con mi edad, puede que sí, que en lo musical ya prefiramos ir a The War on Drugs con el discazo que han sacado que no ver por tercera vez Pixies, por muchas noches de alegría que nos traigan a la memoria. Y que cada vez que confirman setenta nombres de golpe un festival, en lugar de alegrarnos, nos da la sensación de agobio. En lo de exigir más a nivel infraestructuras, me pondría en la misma situación. Supongo que es algo que viene de haber estado en varios festivales en repetidos años, y lo que buscamos es comodidad. De accesos, de colas, de escenarios… Aún así, y siguiendo con la ristra de tópicos, el “este año es el último” lo escucho desde hace tres temporadas ya.

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