En pleno auge y culmen de la serie televisiva “Lost“, se vuelve necesario reseñar esta obra literaria de William Golding. “El Señor de las Moscas” (Alianza Editorial, 2005) es un clásico relato de supervivencia que muchos conocerán y a otros muchos les sonará. Planteamiento sencillo: tras un accidente aéreo, un grupo de jóvenes supervivientes tendrá que buscar la manera de convivir en la isla en la que han ido a parar. Un clásico que merece tal consideración y que plantea de manera fluida esa situación que, aunque arquetípica, sigue bien vigente de manera aun fresca en la imaginación humana. ¿Quién no se a parado a meditar qué haría en tal situación? Golding plantea la historia con admirable objetividad, liberando así la ficción de tal manera que pueda generar múltiples y válidas interpretaciones. Como es habitual en este tipo de relatos, el afán de supervivencia no tardará en sacar a flote las facetas más oscuras del alma humana, conduciendo hacia la reflexión sobre la metamorfosis de los caracteres que se van presentando: ¿son la violencia, el despotismo y la crueldad valores inherentes a la naturaleza humana? ¿Se trata quizá de una crítica a la formación de los jóvenes, siendo acusada de sistema represor que no elimina el mal de sus corazones sino que los silencia y deja latentes, preparados para explotar en una situación límite como esta? ¿Qué quería decirnos Golding? He ahí la magnificencia de “El Señor de las Moscas“, virtud que a veces escasea hoy en día, sumidos en un caudal de literatura muchas veces barata. Demasiado a menudo nos encontramos ante libros en los que sus autores pretenden vendernos su manera de ver el mundo; filosofía barata encubierta bajo la forma de ficción narrativa que pierde casi todo su valor estético en su burda tentativa de generar controversia gratuita o de vender una manera de vivir la vida con la misma gracia con la que a uno le intentan vender los comerciales una enciclopedia… “El Señor de las Moscas” es todo lo contrario.

Golding no cae en tan torpe error. No, el autor no nos ofrece supuestas soluciones para nuestro modus vivendi, sino que plantea una serie de cuestiones, invitando al lector a que se pregunte cuáles podrían ser las posibles soluciones. Ya lo decía Umberto Eco: un texto es una máquina perezosa que sólo funcionará bien mediante la interacción con el lector. Es un espacio de diálogo en que autor y lector conversan sobre un tema. Bajo esta premisa, Golding se nos aparece como un excelente conversador dispuesto a escuchar qué tenemos que decir sobre los temas que ha decidido ponernos sobre la mesa a través de esta excelente ficción.

De esta manera, “El Señor de las Moscas” se nos aparece como una propuesta reflexiva de lo más interesante bajo la forma de una ficción entretenida y recomendable que, además, se codifica mediante un lenguaje limpio y acertado que consigue transmitir todo lo que persigue expresar.
Un trabajo preciso y bello que ha conseguido pasar merecidamente a la historia de la literatura.

[Julián Q.]

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