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En el pasado Ron Barceló Desalia 2015 entrevistábamos a Ed is Dead… Y hablábamos de algo que está a puntísimo de explotar. Sigue leyendo.

 

Entrevistar a Ed is Dead fue algo así como un oasis en medio del Ron Barceló Desalia 2015… Y, a poco que sepas de qué va esto del Desalia (es decir: una semana en el Caribe a cuerpo de rey coronada por un mini-festival en el que se alternan algunos de los nombres más bestias de la electrónica más masiva tanto de fuera como de dentro de nuestras fronteras), te estarás preguntando: ¿quién cojones quiere un oasis en medio del Paraíso? Así que dejad que me explique. Desde el momento en el que aterricé en Punta Cana, puede decirse que lo único que escuchaba a mi alrededor era un tipo de música muy concreta. Ya sabes a qué tipo de música me refiero. Y no digo que sea ni peor ni mejor, pero lo de Ed is Dead era diferente y, a su vez, un buen soplo de aire fresco.

Entrevisté a Edu al ladito de la playa, bien tranquilos. Por el set de entrevistas habían pasado Les Castizos liándola bien parda y, de repente, durante nuestra conversación, me di cuenta de que nos habían dejado totalmente solos. Lo agradecí: esta entrevista no se resolvió con lo típico de hablar de Desalia y de cuatro tontadas más. De repente, nuestro diálogo empezó a dirigirse hacia aguas tan profundas como la de los ojos de Edu, que llevaban toda la mañana impresionando a todas las chicas que pasaban por su lado. Ante semejante situación, se agradeció la intimidad que nos ofrecieron… y que tomamos para hablar de todo lo que sigue.

 

Llamándote Edu, ¿por qué Ed is Dead (más allá de la referencia a los Pixies, claro)? ¿Era un punto y a parte en tu carrera o algo parecido? Básicamente, soy insomne. Antes tenía nombres absurdos como Music 3DU o algo impronunciable. Y, de repente, surge un momento en tu vida en el que dices: tengo que ponerme un nombre que, si me gritan, me gire. Lo de Ed is Dead salió porque llevaba tres días sin dormir y currando, era un momento que tenía tres trabajos y estaba muerto… La canción de los Pixies me vino al pelo.

De hecho, sorprende que Ed is Dead sea el proyecto final al que has llegado en una carrera bien completa. Para empezar, ¿qué es eso de que creciste en proyectos de metal? Para mi es un poco como “Matrix“: he ido metiendo cartuchos… Además es que me encanta, porque la música es infinita. De hecho, creo que empecé tocando el cajón flamenco. Bueno, no, primero piano, luego flamenco, luego estuve en bandas de metal porque yo tocaba el piano pero me llamaba eso de tocar la batería con dos manos y dos pies. He estado con muchos grupos de death metal y thrash metal. Todo han sido procesos de aprendizaje larguísimos. En mi cabeza lo único que quería era aprender, fuera lo que fuera. Incluso he producido cosas de salsa. Ahora, al final, es la primera vez en mi vida que, aunque nunca sabes de todo, considero que he conseguido el lenguaje suficiente como para hacer algo a la manera que yo quiero. Antes, por ejemplo, podía saber mucho de batería pero, de pronto, veía un disco de Autechre o de WARP y decía “uffff, ¿cómo hacen esto?“. O te pones a producir rap y, de repente, ves a Trentemøller. Pero ahora es la primera vez que casi todo lo que oigo entiendo cómo está hecho y pienso que yo también puedo hacerlo. Creo que he aprendido el lenguaje.

¿Entonces ya ves Ed is Dead como tu proyecto definitivo? Sí. Bueno, más me vale (risas). Además es que con Ed is Dead empecé haciendo mucho electro, y ahora he girado a algo más delicado.

A tenor de tus inicios en el metal, ¿qué te parece que ahora ese género sea la última locura de los productores de electrónica? Por ejemplo, Shlohmo… Pues vas a flipar, porque hace poco que, por una historia, hablé con Pional. Y, hablando con él, resulta que es un tío al que no conocía de nada y al que admiro por su trabajo, pero que me decía que era metalero y que, en uno de los primeros conciertos a los que fue, yo era el batería. ¡Es lo que me faltaba por ver! Supongo que es una evolución. Al final, no voy a generalizar, pero si eres musicalmente inquieto, acabas escuchando a Nirvana y, ahí, depende de por dónde tires, te da para un lado o para otro. Si con 16 años estás ya a tope con la música, al final es inevitable que toda la gente de una generación llegue a puntos parecidos. La cabra tira al monte (risas). Claro que yo ahora me fijo más en las letras, por ejemplo, y pienso “¡vaya cuadro Korn!“, por ejemplo (risas). Pero sí que es cierto que, técnicamente, es un género muy exigente. Tener esa escuela es muy buena, porque aprendes mucho lenguaje. Es una base musical que luego puedes aplicar a la electrónica, al drum’n’bass o a lo que quieras.

También está ahí Void Camp, tu anterior proyecto. Que ya sé que es una entrevista sobre Ed is Dead, pero… ¿en qué punto está Void Camp? Pues resulta que con Clarita, que era la cantante de Void Camp, tuvimos un grupo el año pasado, Vipership, que es rock en plan Queens of the Stone Age porque ella es rockera. Kaze se cambió el nombre por el de PaulHard y está editando hard style por el mundo. Y yo al final me he quedado con Ed is Dead y estoy haciendo lo que quería hacer con Void Camp: fusionar, hacer canciones y hacer algo que no sea sólo para la pista de baile.

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Supongo que, cuando en tu proyecto estás tú solo, es más fácil llevarlo hacia donde tú quieres… Sí, claro, pero también es más difícil dar algo por finalizado. Para mi, acabar un tema es algo infinito: puedo estar tanto tiempo como quiera. Cuando es un tema para alguien y te dicen que tiene que estar para la semana que viene, ok, yo lo acabo. Pero cuando es para ti, no tienes plazo, y a la semana siguiente a lo mejor lo vuelves a escuchar y ves cosas que querrías cambiar. Eso es infinito. En casa tengo un disco acabado desde antes de Navidades y te puedo decir que todavía estoy retocando cosas.

Pero eso es una buena señal de control de calidad, que es algo que muchos artistas no tienen… A mi me pasa eso: para producir para otros soy muy rápido, pero a la hora de producir para mi lo del control de calidad se vuelve en mi contra. Y, además, comparas las dos cosas y dices: esto lo he hecho para otros, pero lo mío tiene que ser mejor.

¿Cómo fue todo el proceso de pasar de una banda de tres personas a establecerte como dj y, finalmente, como productor de tus propios temas? Yo empecé a pinchar en toda la escena de Araña en Madrid. La movida es que ahí todo era electro, y a mi el electro me gustaba mucho. Al principio, con Justice y demás, era algo que me gustaba mucho, algo muy musical. Pero en lo que ha evolucionado eso no me gusta. Lo respeto, pero con el EDM y todo eso no me siento identificado. Yo he ido virando y, ahora no te lo sabría decir, pero me siento más afín a beGun y a cosas menos obvias.

La verdad es que eso es algo que se nota e impresiona si se escuchan todos tus temas de forma cronológica: la evolución hacia un sonido mucho más fino. Pues si te gusta, espera a escuchar el disco. Hay un curro detrás… Con colaboraciones de diez cantantes de todo el mundo, piano, guitarra, batería. Y todo dentro de la electrónica. Es que llega un momento de tu vida en el que te dices: ¿por qué no aprovechas todo lo que sabes y cuentas algo de verdad? Es algo que supongo que te llega con la edad.

Bueno, con la edad y con la experiencia, ¿no? Pasar por tantos proyectos como por los que has pasado tú al final te ayuda a definir qué quieres hacer y qué no quieres hacer… Supongo que es algo normal ir cambiando. Aunque cuando ves a alguien que, por ejemplo, ha dedicado toda su vida al techno, es inevitable decir “olé“. Pero es que yo creo que me aburriría. Aun así, por mucho que diga que estoy en un punto de mi vida en el que ya me veo con experiencia, ahora por ejemplo me estoy leyendo un libro de David Byrne y, al ver lo que hacía con Brian Eno, tengo que admitir que soy un aficionado (risas). La cuestión es crecer y aprender.

Pero, ¿te ves con valor para definir el sonido de tu nuevo disco? Sí, claro. Es música electrónica orgánica. Pero, a la vez, estoy intentando mantener dos mundos. Por un lado, el mundo dj: voy sacando temas en sellos de tech, de tekno o de house, que siguen siendo temas que pueden ser oscurillos pero que están pensados para pinchar. Y luego está mi mundo live, donde hago conciertos, me llevo cantantes y, al final, cada tema es diferente: uno es lento, otro es sin batería y otro la gente lo puede bailar. Si te metes en YouTube y buscas “Ed is Dead live” se pueden cazar cosas del disco.

¿Y qué escuchas ahora que no escucharas antes? Porque a lo mejor eso tiene parte de culpa de tu evolución… No creo que las referencias tengan tanto que ver con mi evolución, porque al final resulta que en mi vida siempre estoy escuchando mucha música. Últimamente me gustan mucho beGun o Tame Impala pero, a la vez, mi tema favorito del año pasado es de John Tejada. Durante este viaje estoy escuchando mucho Chopin, por ejemplo. Ahora, además, estoy produciendo un disco de flamenco a Ariadna Castellanos, una pianista de jazz increíble que quiere fusionar de verdad flamenco, jazz y electrónica. Me noto que estoy creciendo como músico y que estoy haciendo cosas que aportan algo. Eso no quita que luego esté pinchando y me encante la presión en la pista.

Pero, bueno, estás demostrando que todo son cosas compatibles… La movida es que en España es muy difícil rentabilizar económicamente la música. O tienes una posición económica desahogada para poder hacer esto o eres como yo, que he tenido que estar toda mi vida trabajando, bien con la música o bien pinchando, para poder permitirte tu paja mental musical. Sé de mucha gente que le encantaría hacerlo y que no lo hacen no porque no les dé el coco, sino porque no pueden permitírselo. En este país no se potencia la creatividad. Si yo hubiera tenido solvencia económica hace diez años, probablemente ya habría hecho entonces lo que estoy haciendo ahora

 

Téngase en cuenta que esta entrevista fue realizada a principios del mes de marzo… Desde entonces, Ed is Dead ya ha puesto en circulación un tema titulado “Black” que avanza el que será ese disco del que tanto hemos estado hablando en esta entrevista. Es una canción que arranca con una percusión con toques trip que actúa a forma de lecho sobre una voz llena de soul… Y que, llegados a cierto momento, muta en algo completamente diferente, en una delicia con toques de future beats que hace pensar que, como él  mismo nos anunciaba, el álbum que tiene entre las manos va a ser algo muy grande. Definitivamente, Ed is not Dead. Está muy vivo. Y va a dar mucha guerra.

 

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