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El pasado 8 de abril, Eagulls aterrizaban en la sala Sidecar de Barcelona con pinta de niños buenos… Pero su concierto dejó claro que las apariencias engañan.

 

Cuando NME encumbra un vídeo tuyo como lo mejor del 2014 sin que ni siquiera haya acabado el año y has tenido el privilegio de poder tocar en el programa de David Letterman, significa que tu carrera va bien. Muy bien. Esto les ha sucedido a Eagulls, quienes llevan desde el 2010 publicando varios EPs y que han estrenado este año 2014 con un primer álbum de debut homónimo editado por Partisan Records (en España por Houston Party, ni más ni menos).

Estos cinco amigos de Leeds vienen de la escena underground, pero no tienen ningún problema en crecer y tocar en grandes estadios si eso les permite vivir de la música y dejar de trabajar en cualquier cosa para poderse pagar el alquiler, como ya nos comentó su cantante, George Mitchell, en la entrevista que nos concedió hace unos días.

El pasado 8 de abril visitaron Barcelona, concretamente la sala Sidecar, para ofrecer un concierto en el que seguramente casi nadie se aburrió. Como teloneros pudimos ver a los jóvenes Ohios, procedentes de Vic, esa ciudad que tanto está haciendo por el underground catalán. De hecho, uno de sus miembros, Pau Cristòful, es también el organizador del Festival Hoteler: un evento que reúne a grupos noveles catalanes en el que predomina el rock y el punk, pero en el que no faltan muchas veces las propuestas electrónicas más eclécticas.

El concierto de Ohios sonó contundente, con guitarras afiladas que prepararon nuestros oídos para la propuesta de los de Leeds.

 

Salieron a escena Eagulls, con un George Mitchell a la cabeza que, a simple vista, bien podría ser miembro de un grupo de música cristiana o algo parecido. Repeinado, con camisa y jersey en los hombros, es la viva imagen del yerno que toda señora querría tener. Pero las apariencias engañan, y bajo ese aspecto de (digámoslo así) niño bueno, se esconde una fiera llena de rabia. Un animal que en el escenario nos recordó ligeramente a Ian Curtis por su semblante entre ido y extasiado.

Mitchell tenía la mirada perdida, lejos de allí, aunque regresaba de vez en cuando para mirar a alguien del público, conectando con unas primeras filas que, agitadas, se entregaban de forma frenética a los cánticos, a las guitarras, al bajo y a la batería. Un concierto lleno de energía y ruido en el que Eagulls pedían más volumen al técnico de sonido, y en el que Mitchell se desgañitaba con cada canción.

En el público no faltó el crowdsurfing, tan habitual en este tipo de conciertos, y los pogos. Las risas y los brazos en alto, el sudor y el sentimiento de comunión entre los asistentes que se empujaban al ritmo de canciones como “Nerve’s Ending“, “Hollow Visions“, “Tough Luck“, “Amber Veins” o “Footsteps“.

El concierto no duró más de 45 minutos… Y quizás sea mejor así, porque “lo bueno, si es breve, dos veces bueno”. Y porque si llega a durar más, igual se produce algún desmayo en la sala después de tanto salto enajenado. Acabaron el concierto con su hit más hit, “Possessed“, y aunque todo el mundo pidió más, Eagulls no dejaron espacio para los bises. Hay veces que es mejor dejar la fiesta en su momento más álgido.

[FOTOS: AnTruan]

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