Días 8, 9 y 10 de julio. Una semana de locos.

Siento no haber podido escribir en una semana, pero la cosa ha sido de locos de atar. Lo resumo como si esto fuera un Twitter:

Lunes 4 de julio: Acumulamos un cansancio severo. Decido ir a casa de mis padres a dormir. Allí están mis sobrinos Theo y Otto. Me quedo sopa en el sofá antes de que den las 23:00. Theo se ríe de mí: “Mamá, tío Pepón habla muy raro”. Consigo dormir ocho horas. Theo duerme conmigo. Y me levanto un poco porque sí y un poco por el pis de Theo.

Martes 5 de julio: Como lo de grabar un disco no me parece suficiente, Buena Esperanza taloneamos en Madrid a The Twilight Singers. La cosa no fue mal y nos vieron más gente de la que estamos acostumbrados. Un vídeo que lo demuestra…

Miércoles 6 de julio: Como grabar un disco y tocar sólo un concierto entre medias no me parece para nada suficiente, esta noche también tocamos Buena Esperanza, esta vez con Muerte y Destrucción, en La Faena II, el mejor sitio de Madrid para tocar música que requiera un volumen tirando a muy alto. Lo que nosotros necesitamos. Era tocar literalmente en casa (La Faena II está a una manzana de mi apartamento).

Viernes 8 de julio: Nacho y yo volvemos al estudio. Esa misma mañana me da un ataque de lumbago mientras pongo una lavadora y veo las estrellas de todos los colores. Si pensaba que el cuerpo no me iba a pasar factura de tantas semanas sin tener un solo día de descanso, iba listo. Me paso el día andando como un lisiado de guerra, apoyándome en cualquier objeto medianamente estable que encuentro (amplis, sillas, la barandilla de la escalera del estudio…) y consigo grabar todo lo que me queda: dobles voces, unas pandereta, y poco más. Traen un piano de cola al estudio y al rato llega el tipo que lo ha de afinar. Los afinadores de piano están en el último peldaño de la escalera de freaks que pueblan la Vía Láctea. Es una pasada: es gente que escucha cosas inaudibles al oído y que necesitan de soledad y silencio para poder hacer su trabajo. Nos vamos a comer. Cuando volvemos, el piano está tan afinado y suena tan bien que a Nacho casi le da cosa tocarlo. Graba los pianos más bonitos que yo le he oído tocar nunca. Un día provechoso.

Sábado 9 de julio: Grabamos un par de pianos más y terminamos oficialmente toda la grabación con unos cascabeles absolutamente innecesarios pero que me apetecía grabar para la canción “En la sala del Guernica (Museo Reina Sofía, Madrid)“. Empiezan oficialmente las mezclas.

Para todos aquellos que no sepan qué es y lo que supone el proceso de mezclar, intentaré hacerlo fácil: en un disco se diferencian tres procesos consecutivos: grabar, mezclar y masterizar. Sólo pueden ir por ese orden. La mezcla es, en mi opinión, el proceso más tedioso y menos divertido de todos, especialmente si has grabado en analógico (como nosotros). Supone poner en el lugar que imaginas todo lo que has grabado y puede arruinar o recuperar una canción, dependiendo de la suerte que corras y la pericia del que esté al mando. Javi Ortiz es un experto de los que no hay por ahí. Es una suerte tenerlo en nuestras vidas. Cuando acaba la jornada, nos llevamos un CD a casa con cuatro mezclas tentativas. De ellas, dos se quedarán y otras dos se revisarán al día siguiente.

Domingo 10 de julio: Todo el día mezclando. He leído un artículo de 18 páginas de la grabación de “The Joshua Tree” de U2 de un UNCUT (una revista que me flipaba hasta que decidieron convertirla hará cuatro años en una mierda insoportable) de hace una década. En el artículo cuenta Brian Eno que, de todo el tiempo que se pasaron grabando el dichoso disco, cuadrar la guitarra de The Edge en “Where the Streets Have No Name” les llevó prácticamente la mitad del total. Teniendo en cuenta que hablamos de U2, esto supone meses y meses dedicados a esa jodida canción. El motivo: The Edge había grabado su guitarra en un cuatro pistas en su casa y estaba a un tempo diferente que el resto de la canción que grabaron en el estudio. Pese a que le invitaron a volverla a grabar, él dijo que por sus santos cojones esa guitarra se quedaba así y que el productor “ya la arreglaría”. Insisto: meses enteros intentando cuadrar la guitarra de esa canción. Eno cuenta que estuvo a punto de fingir un accidente y argumentar que había borrado esa toma para volver a empezar de nuevo, pues estaba seguro que no iban a tardar nada en volver a grabar la guitarra, esta vez a tempo. Pues nada, chico, que se quedó así. Supongo que a Island Records les costó un pastizal la cabezonería de un veinteañero The Edge.

Me flipan estas chorradas de datos y anécdotas del rock.

Hoy ha sido todo mezclar, mezclar, mezclar y mezclar: escuchar las canciones decenas y decenas de veces hasta que ya acabas por aborrecer cada microsegundo de canción. Es un proceso matador y desquiciante. Hemos conseguido acabar siete canciones de diez que lleva el disco. Nuestro plan inicial era grabar y mezclar en seis días. Nos hemos quedado medio día cortos. Nos faltan tres canciones.

Y yo mañana toco en el FIB con Buena Esperanza. Y el miércoles, sábado y domingo también, con Nine Stories.

[Pepo M.]


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