devendra-banhart-malaUna fotógrafa llega a tu apartamento para hacer un reportaje para una revista de interiores y, en vez de ofrecerle algo de beber, le preguntas si se quiere casar contigo. No es el argumento de una película de Billy Wilder: es la historia de cómo Devendra Banhart se comprometió con Ana Krass. La artista y feliz prometida de Banhart es, además, protagonista de “Mala” (Nonesuch, 2013), no solo porque el título significa “pequeña” en búlgaro, sino también porque ella hace coros en una de las canciones. Después del infravalorado “What Will We Be” (Warner, 2009), que fue el último disco que sacó el músico texano, y tras este retiro de cuatro años, propiciado en parte por una rotura de pierna haciendo skateboarding y por el desarrollo de una vena artística más cercana al dibujo y a la pintura, tenemos de vuelta a un Banhart más cercano a “Cripple Crow” (XL, 2005) o a “Niño Rojo” (Young God, 2004).

Mala“, un largo lleno de sensaciones, se abre con “Golden Girls“, un tema en el que en un minuto y medio se definen varias texturas instrumentales y en el que un eco repite “get on the dancefloor…”. Es fácil sentirse mecido con canciones como “Daniel“, en la que se incluye una referencia britpop (”Esperamos en la cola para ver a Suede tocar. / Me gustaría podernos quedar”), así como a veces es inevitable pensar que uno está ante un disco postcoital. Aunque no por mucho tiempo, porque la ironía tampoco se queda fuera: en “Never Seen Such Good Things“, Banhart canta “Si volvemos a hacer el amor, seguro que será un poco desagradable”. Se especula muchas veces con la procedencia de las letras de Devendra porque él mismo ha admitido que se puede inspirar en lo más banal para componer; pero, como imaginar es bello, prefiero pensar que algunas frases son dardos envenenados para sus ex parejas. También hay momentos para el misticismo e incluso para el recuerdo de los que no están. Aquí se incluyen “Für Hildegard von Bingen” y “The Ballad of Keenan Milton“: la primera dedicada a la santa medieval Hildegarda de Bingen, que en el siglo XI era una mujer polifacética, de esas que los feministas indies pondrían como ejemplo y que además fue proclamada doctora de la iglesia en 2012 por el papa emérito -todo muy pop-; y la segunda en memoria de Keenan Milton, el célebre patinador que falleció en 2001.

En su octava referencia, Devendra se ha esforzado en mejorar su voz y, además, es mucho más cuidadoso con los ritmos. Su freak-folk, que tantas veces parecía tomarse a broma, tiene ahora unas melodías pulidas y un sonido más natural. “Mi Negrita” es uno de esos ejemplos: no sólo se adhiere a uno gracias a su ritmo tan caribeño, sino que tiene ese sello tan propio del autor que es el chapurrear en español sin ningún complejo. “Ven amor, disfruta mi grasa alrededor de ti”, dice. Y uno siente ternura: ¿quién dijo que los hombres flacos con pectorales poco generosos no eran encantadores? Ana Krass aparece los coros de la simpática “Your Fine Petting Duck“, un viaje en el tiempo que al principio te traslada al baile de fin de curso de los 60 y, al final, a un lounge chill out mallorquín. Las últimas canciones son algo más oscuras (“A Gain“, “Mala“), aunque “Won’t You Come Home” resume la quintaesencia de Devendra Banhart: un antihéroe con la dosis justa de delicadeza que al final acabas queriendo y que te dice “no prometo nada, pero aquí estaré”.

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