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La semana después de un festival es terreno para la tristeza y la bajuna… Por suerte, conciertos como el de Dënver y Svper te hacen la vida más feliz.

 

La semana siguiente al final de un festival siempre tiene algo de post-apocalíptico. Parejas que rompen, enfermedades varias, la bajona que no perdona, ganas de huir a una isla del Caribe a vivir en una constante ola festivalera de felicidad donde no exista la tristeza y desaparezcan las ganas de cortarte las venas. Por eso, el mejor remedio para el síndrome post-festival es vivir otro festival o, en formato reducido, vivir algún concierto. Eso es lo que hicimos el pasado 5 de junio gracias a CANADA, que nos trajo a Svper y a Dënver hasta la maravillosa sala Nueva Época de Barcelona.

Para quién nunca haya pisado esta famosa sala de bailes para viudos y separados de cierta edad, hay que puntualizar que la decoración de la sala es sorprendente. esto no es cualquier antro con olor a cerveza y sudor. Esto es más bien una sala con glamour (o, al menos, lo intenta a su manera) y muy kitsch llena de espejos, esculturas romanas (o griegas), cortinas de lentejuelas y columnas de bola de espejo. Saturday night fever. Esa decoración tan digamos, cutrelux, es el toque especial que promete noches memorables nada más entrar por la puerta.

 

 

Como ya decíamos, no cualquiera tiene ganas de ir a un concierto la semana después de un festival, y mucho menos si es un jueves y al día siguiente tienes que ir a trabajar. Pero hay que ser valiente y luchar contra la modorra, porque somos jóvenes o, al menos, eso creemos. La sala no estaba llena a rebosar como suele ocurrir en cualquier sarao que monten los de CANADA, pero el volumen de gente era aceptable teniendo en cuenta las circunstancias ya descritas.

Empezaron Svper entre tinieblas, muy darks, como a ellos les gusta. Luciana y Sergio repasaron su repertorio con algún problema técnico de por medio y con una canción nueva, “Nuevo Cisne de Piedra“, que como siempre reúne los elementos que tanto nos gustan en su música: oscuridad, misterio y algo místico y mágico que transmiten como nadie. No pudieron faltar “El Final de la Noche” o “Brillar”, canciones de lo más celebradas en directo.

 

 

Y después de la oscuridad llegó la luz… con Dënver. Iluminados por los focos de la sala, Milton y Mariana empezaron su show con “Medio Loca (Hasta el Bikini me Estorba)” de su último álbum “Fuera de Campo“. Se pusieron tiernos con “Miedo a Toparme Contigo” de su primer álbum “Totoral“, con una Mariana que era todo candor y delicadeza. Dënver también tuvieron un pequeño problema técnico que Mariana solventó cantando ella sola “Feedback” del álbum “Música, Gramática y Gimnasia”. Con “El Árbol Magnético Ataca Por Sorpresa” explicaron que el árbol que ha inspirado la canción en realidad existe y que está en San Felipe, nombre de la ciudad chilena de la que provienen y que sonó varias veces a lo largo del concierto. Con su propuesta no sólo nos pusimos ñoños, sino que también hubo tiempo para ponernos bailongos con sus ritmos disco y las coreografías que se marcaron con canciones como “Profundidad de Campo” o “Revista de Gimnasia”, que cerraron su concierto. No sin antes volvernos todos un poco locos con ese hit que es “Los Adolescentes” con el que Mariana dijo “Como no bailéis me voy a enojar”. Y claro que bailamos, porque somos jóvenes y quizás nunca dejamos de ser teenagers aunque las patas de gallo ya asomen. Dënver es mejor que cualquier crema anti-aging. Damos fe.

[FOTOS: AnTruan]

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