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Cosmen Adelaida se asentaron como la nueva esperanza del pop madrileño cuando, a finales de 2011, publicaron su estreno en largo: 7 Picos (El Genio Equivocado, 2011), caracterizado por su pátina lo-fi, su variedad melódica y su diversidad formal -que iba del pop más jovial y brioso al más ensoñador y taciturno-. Ese disco, sin embargo, se mostraba como una especie de (ordenado) cajón de sastre en el que se acumulaban una buena cantidad de ideas, correctamente perfiladas, pero que se presentaban como bosquejos que podrían dar paso en el futuro a unas canciones más cuajadas y completas. Además, su extensión -siete cortes- y su aspecto provocaban que surgiesen varios pensamientos relacionados entre sí: 1) Parecía que, más que ante un LP, estuviéramos ante un mini-álbum que permitía a Cosmen Adelaida evolucionar los planteamientos esbozados en sus EPs anteriores; 2) A pesar de ello, daba la sensación de que la banda todavía no exprimía todas las posibilidades de sus composiciones y de su personal estilo; y 3) Debido a la reflexión anterior, se concluía que a los madrileños todavía les quedaba camino por recorrer para demostrar todo su potencial.

Transcurridos casi dos años y medio, Cosmen Adelaida confirman con su segundo álbum, La Foto Fantasma (El Genio Equivocado, 2014), que han elegido la dirección correcta y han rematado con éxito el trayecto que les quedaba por delante, en el que, por otra parte, vieron cómo cambiaba su alineación original: a Nacho de la Hoz (guitarra y voz), Javi Egea (guitarra y voz) y Elisa Pérez (batería y voz) se unió Luis Fernández (bajo; también en Juventud Juché y Los Claveles), tras la marcha de Beatriz Page (teclado) y Marcos Domínguez (bajo). Pero, a juzgar por los resultados obtenidos, esas alteraciones no han afectado al desempeño del grupo. Al contrario: reforzado en los teclados y sintetizadores por Javier Carrasco (Betacam, Rusos Blancos y Templeton) y, puntualmente, por Àlex Marull (Odio París), el actual cuarteto se presenta más firme y sólido que antaño, con un sonido más pulido y tremendamente diáfano que da lustre a sus influencias y, de paso, aumenta su personalidad estilística.

En esta notable transformación quizá tuvo mucho que ver Carlos Hernández, productor de “La Foto Fantasma” y, en el pasado, también productor de referencias del indie patrio como Los Planetas o Triángulo de Amor Bizarro, cuyos ecos se advierten, inevitablemente, en varias piezas clave del disco: “Becerro de Oro”, trallazo de kraut-pop bombeado por energía post-punk y detonado por fulminantes y retorcidas guitarras; “Copenhague” y “Viento de Invierno”, piezas de noise-pop -la primera más enérgica; la segunda, más limada- que recuerdan también a compañeros de fatigas de Cosmen Adelaida como Odio París; o “La Fantasmaja” y “Acampada Arqueológica”, cuya base indie-pop se inclina, a medida que se desarrolla, hacia el bubblegum-pop nervioso en forma y jovial en fondo, en el que se despliegan letras relativamente naif aunque frescas, lozanas y adorables.

Pero Cosmen Adelaida no se desenvuelven con soltura sólo en los antes descritos terrenos indie-bizarro-planeteros, sino también en el campo del pop nuevaolero de los 80, tanto el cultivado en su momento dentro de nuestras fronteras como fuera de ellas. Aquí es donde los madrileños, al mismo tiempo, constatan con más rotundidad su lograda progresión, a través una voz directa, unos arpegios de guitarra cristalinos y unos textos que desgranan tribulaciones sentimentales presentes pero, sobre todo, pasadas que conectan con el argumento global del álbum que define las vicisitudes del amor como un melodrama costumbrista. Sirvan como ejemplo del impecable encaje de esos elementos “El Parque”, “Familia / Trabajo” o “El Mismo Lugar”.

Mención aparte merecen un par de canciones que se escapan de la tónica dominante en “La Foto Fantasma” y que, justamente por ello, destacan positivamente en el tracklist: la crepuscular “Dormancia”, en la que Cosmen Adelaida se medio transmutan en sus vecinos Los Punsetes y Elisa se disfraza de su cantante, Ariadna, para relatar con desconcertante dulzura una historia entre truculenta y macabra; y “Jo, Qué Noche”, tan ochentera como su fílmico título que cierra con euforia el LP entre un sintetizador saltarín, brincos pegamoides y pogos punk-surf-pop.

Las variadas maneras pop que Cosmen Adelaida lucen en “La Foto Fantasma” son la sublimación de aquellos bocetos sonoros que entregaron en sus anteriores trabajos. Era sólo cuestión de tiempo que los madrileños fueran capaces de perfeccionarlos para dar con su fórmula ideal, crecer como grupo, dejar atrás su condición de promesa de la escena independiente de su ciudad y convertirse en un valor en alza dentro del panorama alternativo español.

 

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