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En sus últimas declaraciones sobre “Wave 1” (Ghostly International, 2014), Seth Haley (a.k.a Com Truise) desvelaba que este EP continúa una narrativa que ya había seguido su anterior LP, “In Decay” (Ghostly International, 2012), y que se había gestado en su primer álbum. El concepto que se esconde detrás de Com Truise tiene algo de bizarro, puesto que la historia que albergan sus lanzamientos es, supuestamente, la descripción del viaje del primer Astronauta Sintético, que en su recorrido hacia otro planeta se encuentra con diferentes realidades que plasma en su álbum del momento. Haley relata que, en la etapa de “Wave 1“, nuestro querido astronauta acaba de llegar en una especie de planeta-espejo de la Tierra en el que todo se parece a lo que conocemos pero sin ser lo que conocemos exactamente, una inquietante situación en lo que lo familiar y lo ajeno confluyen y termina desorientando al personal. Lo que probablemente Haley no sabe es que Freud ya habló de esto hace ya casi un siglo en uno de sus mejores ensayos, llamado “Lo Ominoso” (obviando, evidentemente, la parte sideral: qué lástima), cuya reflexión el tipo de Nueva Jersey ha conseguido trasladar a lo musical por primera vez en la historia. Sólo por eso merece ya una señora escucha.

Si bien la crítica en general ha situado a “Wave 1” en un punto más o menos neutro, cabe decir que este es un trabajo más arriesgado que merece una revisión de igual profundidad y mejor atención. Se le ha tachado de fragmentado, desorientador, confuso, inconexo y un sinfín más de epítetos que vienen a reducir el álbum a lo que aparentemente es: un agradable y simpático patchwork con aires retro synth. Aún así, “Wave 1” goza de más sustancia que la mayoría de sus contemporáneos que se han adherido a la tendencia, cuyo interés parece acercarse más al potencial de los efectos (también para esconder privilegiadamente ciertas deficiencias) que a la música en sí. Este, por lo menos, no es el caso de este EP, cuya exploración meticulosa completa el trabajo del notable “Galactic Melt” (Ghostly International, 2011) y endereza el pequeño paso atrás que supuso “In Decay“, cuyo título advenía una cuesta abajo que Com Truise ha sabido sortear, eso sí, sin salir de su comfort zone. En media hora de EP, Haley suministra lo que ya sabe hacer -y que hace bien-, sin evitar una larga serie de remisiones que, por suerte o por desgracia, ya han creado un cierto desgaste en el género, que hoy en día pide a gritos una renovación. Si bien esta renovación no viene de la mano de Haley (esto no es Boards of Canada), tampoco se puede decir que se haya quedado quieto.

Wave 1” empieza con los punzantes syntes de “Wasat“, una introducción breve al disco -dura dos minutos- con una base atmosférica que evoluciona, gracias a una más que correcta variación de ritmo, hacia un groove tecnicolor; y sirve, al mismo tiempo, como preludio narrativo a “Mind” y a “Declination“, que constituyen la primera parte discursiva del EP. Es ya en “Wasat” donde se percibe la primera característica diferencial frente a los ya habituales copycats del género: los loops y el tejido de sintetizadores con los que Haley rellena los espacios, que suministran el fundamento, contexto y cohesión que todos los temas comparten. Es por esta razón que el primer punto remarcable del EP viene justamente después: “Mind“, que juega con los beats y con un vocoder secundario que en su progresión ascendente, sugieren una catarsis que no termina de llegar. Y está bien, porque rehuye lo fácil: al centrarse en los matices, Com Truise genera la tensión dramática que da sustancia al álbum. Por último, “Declination” (donde Joel Ford -de Ford & Lopatin, Airbird, Ejecta y Games– presta su voz en versión auto-tune) sirve para enterrar esta primera fase, más bien de exploración. El tercer tema no evita caer en lo cómico -sólo hay que prestar atención a los elementos que orbitan alrededor: letras cutrillas, electrónica de videojuego y un retorno claro al synthpop más edulcorado de los 80-, pero se aguanta precisamente por su convicción. Su encaje en el disco es raro, ya que es mucho más melódica que el resto del EP y rompe, en cierta medida, con la estética general del álbum. Aun así, su inclusión es más una dádiva que una carga.

Una vez empezada la misión, la segunda fase del disco arranca con la grandeza de “Subsonic“. He aquí el verdadero sci-fi y el nuevo Com Truise: nueva estructura, nuevos matices y nueva materia (no pasa desapercibido el llamamiento metalizado de fondo, “action”, que actúa a la vez como revulsivo y catalizador). Es en este tema y en los dos posteriores donde el EP gana energía y dramatismo, construyéndose a base de texturas suaves y progresivas, capas complejas y el alumbramiento de tonos decaídos con una intensidad creativa notable. La magnífica “Valis Called (Control)“, con referencia a Philip K. Dick incluida (para más información, lean “VALIS“, de Philip K. Dick. Traducido sin glamour alguno al español como “SIVAINVI“, cuyas siglas hacen referencia a un “SIstema de VAsta INteligencia Viva“, fue editado por Minotauro y publicado en el año 1981), sigue una línea exploratoria y reflexiva (mediante clips dobles y cuádruples), que culmina con la odisea espacial “Miserere Mei“, el último vórtice del triángulo, tejida a base de beats fragmentados y una harmonía esponjosa entre percusión y capeados. No obstante, el punto fuerte del EP viene dado por su homónima conclusión. “Wave 1” es un trabajo de orfebrería que deja atrás el ánimo estético para ofrecer pura y simple belleza. A modo de conclusión, su línea melódica navega hacia la distancia sumergiéndose en sonidos sintetizados -muy sci-fi todo- para desaparecer abruptamente; y evoca reposadamente la última etapa del viaje intergaláctico, donde el aire fluye con el tempo sereno y la nostalgia. “Wave 1” es un temazo porque representa el futuro de los 80 y el pasado de nuestra era. Y porque es el cierre teórico de cualquier odisea espacial.

Ya a partir de “Subsonic” y siguiendo con los temas que cierran el EP –y en lugar de una simple sucesión de piezas–, “Wave 1” se convierte en la banda sonora de un subtexto. Y es por esto que es un disco absolutamente posmoderno, cuya narrativa es disruptiva por naturaleza, y cuyo sonido, por muy inconexo que pueda parecer en un principio, sirve precisamente a su propósito. Haley mismo declaraba los siguiente en una entrevista: “No importa lo que digan: no llegaremos nunca al fondo de ningún asunto [relacionado con el espacio]. La puerta estará siempre abierta“; y esta idea se traslada inequívocamente a su música. Aún así, lo que destaca más no son las exploraciones narrativas, ni sus mejoras técnicas. Lo que destaca es que es un disco increíblemente sincero. Y eso, en tiempos en los que el tuerto es el rey, ya es mucho decir.

[Carlota Surós]

 

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