Cita en Samarra” (Lumen, 2009) es la primera novela de John O’Hara, autor de la misma generación que Ernest Hemingway y Francis Scott Fitzgerald, escritores que también se encuentran entre los fans declarados de esta obra que fue escrita en menos de cuatro meses. La novela se ambienta en un pequeño pueblo de Pensilvania durante las Navidades de 1930 y narra el proceso de autodestrucción al cual se deja arrastrar Julian English, un hombre de treinta años perteneciente a la alta sociedad local y que en apariencia lo tiene todo: una guapa mujer que le quiere y una posición privilegiada totalmente estable. Pero cuando decide tirar la bebida a la cara de un pez gordo al que medio pueblo (incluido el propio Julian English) debe dinero, solamente porque ya no aguanta más sus chistes, los acontecimientos se precipitan y lo que podría ser una anécdota sin importancia se va engrandeciendo como una bola de nieve bajando por una pendiente. Lo curioso es que el incidente que da pie a la novela sucede en una elipsis y sólo vemos el momento previo en el que Julian fantasea con la idea de arrojarle la bebida a la cara del pez gordo local y los momentos posteriores en que todo el mundo cotillea sobre lo que ha sucedido.

Hay mucho de autobiográfico en “Cita en Samarra”: el pueblo ficticio (Gibbsville) es una recreación del pueblo natal de John O’Hara (Pottsville) y el protagonista tiene mucho del propio autor ya que, por ejemplo, los dos son descendentes de un médico estricto y distante, decepcionado porque su hijo no siguió su profesión, o porque los dos son bebedores recalcitrantes. Todos los personajes son mezquinos y egoístas en un sentido u otro, es difícil compadecerlos y, aún así, se trata de una novela tan bien construida que no importa que no nos puedan caer nada bien los personajes. A veces da la sensación que es un libro que John O’Hara escribió para pasar cuentas, con sus conciudadanos pero también consigo mismo, porque no deja de haber cierta dosis de autoflagelación, especialmente en lo que se refiere a la relación con su mujer y su alcoholismo.

Toda la novela (salvo algunos flashbacks puntuales que sirven para explicar mejor a los personajes) sucede en apenas 48 horas, las que van de la Nochebuena a la noche del día de San Esteban. Y, aunque sólo sean 48 horas y el protagonista sea Julian English, John O’Hara es capaz de hacernos un retrato minucioso y concienzudo de toda una sociedad y toda una época. Todos los personajes que se cruzan con Julian en la novela tienen su propia novela detrás, de la cual se nos cuenta el argumento en forma de sinopsis pero no los detalles. Incluso las mujeres tienen su vida más allá de los hombres y también sus propios deseos sexuales, por más que la buena sociedad intente encorsetarlas en unos rígidos arquetipos. Ni siquiera los secundarios que salen en una sola escena son simples figurantes sino personas con su propia existencia. Uno tiene la sensación de que John O’Hara podría haber centrado su novela en cualquiera de ellos y le hubiera salido tan rica y compleja como la que se desarrolla alrededor de Julian English.

Estamos en 1930 y, aunque la Gran Depresión está empezando, aún hay lugar para fiestas y bailes constantes, clubes de campo elitistas, alcohol a raudales y una veneración casi fetichista por los automóviles como signo de prosperidad. Como estamos en 1930, no puede faltar misoginia, racismo, antisemitismo, homofobia y prejuicios de clase. En “Cita en Samarra”, John O’Hara crea todo un mundo, con su jerarquía social férreamente organizada y prácticamente inamovible, una jerarquía no tan distinta a la que también rige la mafia local, que también es retratada en esta novela que es tan rica que parece que nunca pueda llegar a agotarse.

[Núria Casademunt]

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