¿Cansado de juegos que son como una novia que te pide demasiado? Tranquilo: “Just Cause 3” es la infidelidad de una noche más divertida que tendrás jamás.

 

Vamos a decirlo sin dar rodeos (porque los rodeos aburren y aquí estamos precisamente para todo lo contrario al aburrimiento): “Fallout 4” está muy bien y es muy largo y se te pasan las horas y cómo mola y qué guay y bla bla bla… Pero, oye, basta ya de “Fallout 4“, que parece que en las últimas semanas no existen otros juegos. Y sí que existen. De hecho, podríamos entender a “Fallout 4” como una novia que es, como suele decirse en inglés, “too demanding” o “highly maintenance“. Y, oye, de vez en cuando uno tiene ganas de echar una canita al aire, de divertirse, darle una alegría al cuerpo y si te he visto no me acuerdo. No existe mejor juego ahora mismo para tal cosa que “Just Cause 3“.

Y es que, al fin y al cabo, la diversión y el desparrame siempre han sido las constantes vitales de esta saga cuya anterior entrega, “Just Cause 2“, data del lejano 2010. Así las cosas, se entiende la expectación ante esta tercera entrega que se esperaba en palmitas por tres motivos: para empezar, por el buen sabor de boca que dejó el anterior título en la boca de los fans; para continuar, porque este es el desembarco de la saga en la nueva generación; pero, sobre todo, porque en un mundillo como el de los videojuegos, tan obsesionado con ser tomado en serio ya sea por la vía de la verosimilitud gráfica o de la profundidad narrativa, siempre se echan de menos títulos capaces de hacer que te diviertas. Sin más. Sin gilipolleces innecesarias.

Para ello, en diciembre del 2015 aterrizaba entre nosotros “Just Cause 3” para Xbox One, PS4 y PC (la versión probada para realizar este texto, por si le interesa a alguien, ha sido la de Xbox One). Pero que nadie nos malienterprete: los gráficos de este juego son verosímiles a más no poder (de hecho, lo más normal es quedarse totalmente embobado con los paisajes y construcciones con los que vas topándote) y, sobre todo, aquí hay un argumento interesante que sirve de hilo conductor. En esta ocasión, el protagonista Rico Rodríguez llega a las islas mediterráneas de Medici, su lugar de nacimiento, para ver cómo el general Sebastiano Di Ravello las ha sometido bajo su yugo dictatorial. El objetivo será, entonces, liberar la tierra ayudando a las milicias rebeldes que ya están operando en el terreno y que no sólo son conocidas por Rico, sino que también están plagadas de personajes que ya nos topamos en entregas anteriores de “Just Cause“.

Sea como sea, repetimos: el principal motivo por el que “Just Cause 3” se va a convertir en uno de tus juegos de cabecera es, simple y llanamente, porque es jodidamente divertido. ¿Y qué es lo que hace que el juego sea tan divertido? Tranquilo, que vamos a resumírtelo en cinco puntos bien claritos…

 

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1. PORQUE NO HAY NADA MÁS DIVERTIDO QUE LA DESTRUCCIÓN POR LA DESTRUCCIÓN. La destrucción es el corazón de “Just Cause 3“. Para que te hagas una idea, una de las primeras misiones que te encontrarás en el juego es plantarte en un pequeñito y encantador pueblo mediterráneo y, básicamente, arrasar con él. Los rebeldes te lo dejan bien claro: tú destruye, porque la destrucción es el mejor método de conquista y, detrás tuyo, vendrán ellos a reconstruir y a devolver la tierra a sus dueños de origen. Así las cosas, “Just Cause 3” se convierte en una sucesión de misiones en las que tendrás que cargarte a muchos soldados enemigos, sí, pero donde la verdadera diversión estará en concatenar explosiones a cada cual mayor, si son en cadena mejor todavía. Cada misión se estructura en diferentes sub-misiones (de destrucción) que tendrás que completar antes de liberar una zona y, a medida que vayas avanzando en el juego, estas mismas misiones se irán sofisticando para sacarle el máximo partido a tus gadgets, para hacerte volar, saltar, disparar y corretear de un lado a otro. Rico Rodríguez existe en este mundo para sembrar el caos… Y tú tienes que convertirte en su mejor ayuda para que consiga tal cosa.

2. PORQUE NO HAY NADA MÁS DIVERTIDO QUE LA FALTA DE COMPLICACIONES. En contraposición a otros juegos en los que hace falta haber estudiado física aplicada para acabar de entender los controles al completo, en “Just Cause 3” las mecánicas a aprender son sencillas pero maravillosamente exuberantes. Podrás volar con tu paracaídas, planear con tu traje aerodinámico, utilizar tu gancho para millones de cosas, conducir vehículos terrestres o aéreos, nadar, disparar las armas más variopintas, lanzar granadas… Pero todas estas acciones estarán siempre supeditadas por una máxima absoluta de simplicidad, de ganas de no complicar las cosas, y la verdad es que en diez minutos ya estarás jugando a “Just Cause 3” como un pro. No hará falta que te dejes las articulaciones de los dedos en el mando porque, al final, las mecánicas de juego se solventan de forma natural e intuitiva. Se agradece.

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