Cierta Sonrisa” (publicado en nuestro país por Plaza & Janés en 1963) se define a sí misma con asombrosa precisión a través de la cita que antecede a la novela: “El amor es lo que sucede entre dos personas que se aman” (Roger Vailland). A lo largo de la novela de Françoise Sagan viviremos el amor a través de los ojos de la joven Dominique, que cree ser dueña de este junto a su querido Bertrand. Ambos viven una suerte de enamoramiento juvenil, de jornadas de clase y noches de una pasión intensa, torpe, inexperta. Pero esta fuerte creencia de poseer el amor en su mano se desmoronará ante la aparición de Luc, el tío de Bertrand. Este golpe de timón es incluso más fuerte si tenemos en cuenta que Luc es un hombre maduro y casado.

Así, de este modo, iremos de la mano de la confundida Dominique, que intenta comprender la anatomía del amor, su naturaleza imprevisible y, triste ironía para la joven, incomprensible. Y eso mismo hace Sagan con el lector: le presenta una historia de tintes trillados, de escenas calmas, casi cotidianas. Algo que no parece más que una novela rosa al uso, una historia típica de jovencita que pierde su seguridad para aprender que todavía poco sabe del amor. Sin embargo, merece mucho la pena. La escritora traza con habilidad el vaivén de los personajes, la sutil danza de esas emociones que se agolpan y se entremezclan con una violencia que pasa desapercibida bajo la impertérrita tranquilidad que inunda las escenas a las que asistimos. Y así la forma de esta novela resulta grácil, digna de leerse.

¿Pero acaso la forma justifica el fondo, el qué? Bueno, es cierto que Sagan viene a hablarnos de amor, como han hecho todos los escritores desde los albores del tiempo, escribiendo siempre sobre la muerte o el amor. Pero, ¿para qué engañarnos? Esto es así porque probablemente nunca nos cansemos de leer sobre la muerte y el amor, esas dos efigies eternas de la existencia humana. Así que no hay que señalar con el dedo a “Cierta Sonrisa“: no deja de ser una estupenda lectura que, como siempre, nos acaba proponiendo más preguntas que respuesta sobre esa deliciosa y terrible incógnita que es el amor.

[J. Quijano]

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