The music I bring to you is of another dimension in my life. I hope you will like this record.” (“La música que os traigo pertenece a otra dimensión de mi vida. Espero que os guste este disco.“) Con este extracto de un discurso de Albert Ayler arranca la mixtape “Peace & Understanding” (autoeditado, 2013) de Chad Valley. Y lo cierto es que la referencia a este nombre imprescindible del jazz de vanguardia podría chirriarle a cualquiera que conozca las sonoridades tropicales, escapistas, cálidas y poperas del proyecto de Hugo Manuel. Pero es que, más allá de ser una apertura de puta madre para cualquier disco, resulta que las siguientes palabras del discurso de Ayler acaban de matizar la finalidad de esta mixtape:  “I will send once again to give the people of earth a spiritual message. The message I bring to you is one of spiritual love, peace and understanding. We must restore universal harmony. Everybody is only thinking of themself, a selfish ego. We must have love for each other.” (“He sido enviado de nuevo para darle a la gente de la Tierra un mensaje espiritual. El mensaje que os traigo es uno de amor espiritual, paz y comprensión. Debemos restaurar la harmonía universal. Todo el mundo sólo piensa en sí mismo, en su ego egoista. Debemos tener amor por el prójimo.“)

Para empezar, impresiona que un mensaje lanzado desde hace más de cuatro décadas siga tan vigente a día de hoy, con una espectralidad pasmosa y escalofriante. Pero es que sólo basta pensar en el género musical practicado por Chad Valley (synth-pop a veces tropical, a veces balear, siempre pop y emocional) para darse cuenta de que esta mixtape es una colleja en la frente de todos aquellos que pensaban que las canciones de Hugo Manuel eran una herramienta más para el escapista musical del nuevo milenio: tanto el EP “Equatorial Ultravox” (V2, 2011) como el sublime debut “Young Hunger” (Loose Lips, 2012) pueden ser utilizados como brebajes para olvidar el presente y volar hacia un pasado que siempre fue mejor, ya sea la omnipresente década de los 80 o más bien un espacio mental y musical personal e intransferible, ya que muchos de los temas de Chad Valley se anclan directamente en unas coordenadas que cada uno marca en su propia historia emocional (para algunos será la post-adolescencia, para otros la niñez, habrá quien incluso piense en la veintena con el “placer por placer” por bandera). Pero, ojo, porque ni las palabras de Ayler ni el título de esta mixtape parecen haber caído aquí de forma azarosa, sino para revelarnos que el hedonismo también puede ser una palanca para el cambio, para la mejora.

La cara hedonista de “Peace & Understanding” es más que evidente. Tras el arranque con “Real Time” (un tema puro Chad Valley que vuela a lomos de un sintetizador optimista de esos que se te meten dentro y que tienen serias posibilidades de convertirse en himno absoluto para tus momentos de alegría desbocada), la mixtape tiene en su corazón un total de cinco temas de Turks & Caicos (¿Quiénes serán? ¿Nuevo proyecto de Hugo Manuel a la vista?): “Missed Oportunity” suena a producción de Dev Hynes, con un nivel similar de sensualidad ochentosa bañando tus oídos; “Wave XT” sorprende acariciando suavemente el house que brilló en los veranos de finales de los 90; “My Mother” y “Shadows & Lights” siguen explorando los 90, pero en su vertiente de chill menos abominable y más seductor; y “Nice ‘n’ Slow“, por su parte, vuelve a frotarse contra el house más negro para montarse un lúbrico trío con el disco más tropicalista. También desprenden hedonismo las palabras de Madonna que, afirmando que le ha salido un disco más tecno y más de sintetizadores (¿a qué disco se referirá?), sirven de puente hacia el rework que Manuel se marca con el tremendo “Snooze 4 Love” de Todd Terje, añadiendo una nueva voz que se ajusta al tema como un guante y le proporciona un nuevo plus de pop bien entendido. Otro interludio, el de los muy fuertos LeVert, parece poner el acento sobre la influencia de r&b noventoso para, a continuación, romper la baraja y preparar el camino de salida con otro rework, el de una “Make Love” de Daft Punk que se abre emocionalmente gracias a esas voces que -vocodizas, evidentemente- exclaman “I don’t wanna be alone“. El broche final lo pone un corte de poco más de un minuto, “Understand Me“, basado en un juego de voces (el mayor fuerte de Hugo Manuel, sin duda) que no necesitan ni sintetizadores ni melodías para sonar a glorioso r&b.

¿Dónde está la palanca de cambio si todo lo que he mencionado hasta el momento es hedonismo puro y duro, goce para el cuerpo y escapismo para la mente? Está en la intención, en el corazón de todas y cada una de las canciones de esta mixtape y, en una acción deliciosamente retroactiva, también en todos los temas que Chad Valley ha firmado hasta este momento. Sí, la música de Hugo Manuel puede y debe entenderse a través de su cualidad hedonista, de su acento escapista. Pero tanto hedonismo como escapismo no tienen por qué ser enemigos de la experiencia comunal: si algo demostró tanto la música disco como las raves más buenrollistas es que la música puede unir a la gente en una experiencia que les insufle optimismo, que nos haga mejores, que nos acerque… Y acercamiento es lo que parece escasear en esta época de las relaciones sociales virtuales, del encerrarse en uno mismo con la única compañía de una pantalla del ordenador. “Peace & Understanding” es un llamamiento a salir, a quedar con amigos, a conocer a desconocidos en la pista de baile. A compartir amor, paz y compresión. Y todo mientras suenan temas que llaman al placer.

Al final de “Eyes Wide Shut“, Nicole Kidman le dice a Tom Cruise que lo que necesitan para que su matrimonio vaya mejor es, precisamente, follar más. Y, señores y señoras, esto es lo mismo que nos está diciendo Hugo Manuel en “Peace & Understanding“: menos odiar al prójimo en las redes sociales y más refregar la cebolleta al ritmo de la música. El mundo irá mejor si le hacemos caso.

 

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