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La cartelera está pasando una semanas más bien tediosas… Por suerte, “Carmina y Amén” llega como un electroshock necesario. ¿O no te apetecen unas buenas risas?

 

Decía la canción que qué será, será, whatever will be, will be… Y yo no sé qué será, si será que esta semana vuelve a haber puente (¿cuántos puentes festivos hemos concatenado en las últimas semanas? Que no es porque no me mole, oye, ¿pero no es un poco ya El Día de la Marmota?), si será que estamos en pleno subidón del Festival de Cinema D’Autor de Barcelona, si será la astenia primaveral, pero aquí más que “whatever will be, will be” nos encontramos con un “whatever will be, will be… boring“. La cartelera de esta semana es aburrida. Y punto. No hay más vuelta de hoja. Por eso mismo, al final resulta que lo único que viene a pegarnos un buen meneo desprejuiciado es la secuela de la despatarrante película en la que Paco León convirtió a su madre en un icono puro y duro para el nuevo siglo cinematográfico. “Carmina y Amén” retoma a los personajes de la primera parte en una cinta en la que Carmina y su hija María (es decir: María León, hermana del director y actriz revelación como no se veía hace tiempo en nuestro país) se enfrentan de formas muy diferentes a la muerte súbita del marido de la primera y padre de la segunda: mientras que Carmina es partidaria de no decir nada y esconder el cadáver para cobrar un subsidio, María empieza a ver con malos ojos las actitudes chanchulleras de su madre. No sé vosotros, pero a mi esta saga cinematográfica de Paco León me parece tan real, tan verdadera, tan conocida, tan cercana, que acabo partiéndome la caja sí o sí. ¿De cuántas otras películas podemos decir lo mismo?

 

Aun así, si quedan esnobistas en el mundo lo suficientemente estúpidos como para no darle una oportunidad a “Carmina y Amén” movido por prejuicios populistas (e imbéciles), el estreno snob de la semana es “Aprendiz de Gigoló“. Dirigida por John Turturro e interpretada por él mismo y por Woody Allen, no necesita más argumentos que los nombres mencionados hasta ahora para mover a la gente hacia las salas. Aunque, qué queréis que os diga, yo me sigo quedando con Carmina. Siempre.

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