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Siempre hablamos de valores exportables de nuestras artes… Pero hay veces, contadas, en las que los valores no necesitan ser exportados, sino que se exportan ellos bien solitos porque les basta y les sobra calidad. Es el caso de Luci Gutiérrez, ilustradora que se ha labrado su propio camino a base de trabajo duro (durísimo) y que ha visto cómo su trabajo no sólo es reconocido dentro de nuestras fronteras, sino que incluso ha empezado a recibir múltiples elogios en medios internacionales tan reputados como The New York Times, The Washington Post, Wall Street Jounal o The New Yorker, que no dudan ni un instante en recurrir a la pluma de Luci para hacer que sus contenidos brillen a mucha más altura gracias a la deliciosa sensibilidad ilustrativa de esta artista. Pero que no tengamos que exportar el arte de Gutiérrez porque se exporta bien solito no significa que no tengamos que mimarla como se merece.

Eso sí, mimar y adorar a Luci es fácil. Demasiado fácil. Y, sobre todo, después de haber disfrutado, por ejemplo, con ese “English Is Not Easy” que le acaba de publicar Blackie Books y en el que la autora enseña al mundo los apuntes personales que, a modo de ilustración, fue tomando durante su proceso de aprendizaje del idioma mientras estaba viviendo en Nueva York. Si a ella le sirvieron, ¿por qué no van a servirte a ti? Sobre todo, porque la aproximación al lenguaje de Luci es puramente emocional, tremendamente divertida, desarmantemente sincera. Lo dicho: con este libro en la mano, es difícil no adorar a Gutiérrez. Por eso mismo le hemos pedido que ingrese en nuestro Book Club recomendándonos un libro que, como no podía ser de otra forma en su caso, acaba siendo un tomo muy pero que muy especial.

 

Luci Gutiérrez recomienda… Struwwelpetter“, de Heinrich Hoffmann. “Struwwelpetter” -en castellano traducido como “Pedro Melenas“- es un clásico alemán del siglo XIX que se llegó a editar en España, pero que es difícil de encontrar ahora en librerías. Aunque, por suerte, hay una versión online en la misma Wikipedia. Se podría suponer que el autor era un auténtico gamberro que disfrutaba de lo macabro, y quizás era así, pero también era un respetado doctor alemán que decidió escribir y dibujar un libro sin más pretensión que regalarlo a sus hijos por Navidad. El libro es una colección de pequeñas historias escritas en verso con finalidad didáctica. Las historias acaban con niños enfermos, carbonizados o muertos por no comer la sopa, por jugar con cerillas o por reírse de niños negros. No hay ejercicio más sano que reírse de lo que da miedo. Ni nada más efectivo para prevenir a los pequeños pirómanos que ver a una niña en llamas. Los niños de entonces lo sabían, y lo convirtieron en un éxito. Lástima que ahora parezca un libro demasiado moderno para nuestros tiempos. Cada verso y cada dibujo son hoy tan políticamente incorrectos como divertidos. Si lo hubiera hecho yo, podría morir satisfecha. Eso sí, de forma dramática y graciosa.

[AUTORRETRATO: Luci Gutiérrez]

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