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Liam Gallagher: esa persona, ese personaje… No se sabe dónde empieza uno, dónde acaba el otro y viceversa, por mucho que quiera vendernos la imagen de padrazo paseando con sus hijos por las calles de Londres o de jefazo fashion al frente de su propia línea de ropa, Pretty Green. Si nos hubiesen dicho hace una década, sin irnos más atrás en el tiempo, que el Liam Gallagher de hoy en día se esforzaría en dar una imagen más cuidada y seria (ya tiene cuarenta tacos, ojo…), no nos lo hubiéramos creído del todo. Y continuamos sin creérnoslo, porque por la boca sigue muriendo el pez mancuniano: ya no destroza habitaciones de hotel ni se tira a groupies en baños de sospechosa higiene, pero su empeño por ser el mayor bocazas del antiguo imperio británico sigue intacto, sobre todo a la hora de defender su liderazgo al frente de Beady Eye. Un proyecto que, volatilizadas las cenizas de Oasis tras su separación, todavía genera dudas acerca de su existencia. “¿Por qué, por qué?” Esto es lo que se preguntan muchos al más puro estilo del entrenador de fútbol portugués que ha vuelto a tomar las riendas del gran rival londinense del equipo de toda la vida del díscolo Liam, el Manchester City.

Beady Eye nació como parte del plan maestro del pequeño de los Gallagher para demostrar al mundo, y especialmente, a su hermano Noel, que estaba capacitado para superar la disolución de Oasis, dirigir su propia banda (formada por sus anteriores compañeros: Andy Bell, Gem Archer y Chris Sharrock) y encargarse de todas aquellas tareas en las que, en teoría, no podía ni debía involucrarse en su grupo de siempre. Vamos, que si nos pusiésemos freudianos, vendría a ser la vía a la que recurrió Liam para sacudirse el complejo de que sus habilidades se reducían a cantar (con las manos atadas a su espalda), menear la pandereta y hacer poses desafiantes y cucamonas varias sobre el escenario. Algo que, de hecho, no ha dejado de practicar, aunque de un tiempo a esta parte sus gestos son más contenidos y menos retadores… Lógico: tiene que dar la cara por Beady Eye. Él es el mandamás, el capo, el líder de la manada, tal como hacía Noel en Oasis. ¡Uy, perdón! Mejor no afirmar algo así para no encolerizar al dragón que Liam lleva dentro…

Más porqués mourinhianos sobre Beady Eye: ¿por qué han tenido que publicar un segundo disco? Porque, sencillamente, su estreno en largo, “Different Gear, Still Speeding” (Beady Eye, 2011) se quedó a medias (siendo benévolos) en su propósito de situar a Liam Gallagher como un compositor aceptable y a su nueva familia musical como un conjunto con algo nuevo que ofrecer más allá de sus homenajes-saqueos a los clásicos del pop-rock británico (The Beatles, John Lennon, The Rolling Stones, The Who y hasta ¡Oasis!). A ello se sumó el posterior salto de Noel a la palestra con sus High Flying Birds a través de su homónimo LP, que resultaría más provechoso y recibiría críticas más favorables. Así las cosas, Liam se veía en la auto-impuesta obligación (el resto del mundo tampoco se lo pedía a gritos…) de justificar por segunda vez su aventura post-Oasis. Prácticamente empujados por las cuestiones de orgullo y honor de Liam, Beady Eye gestaron BE (Beady Eye / Columbia, 2013).

La inclusión del experimentado y, a veces, arriesgado Dave Sitek como productor del disco permitía creer que Beady Eye estarían dispuestos a adentrarse en novedosos terrenos sonoros, aun conservando toda su esencia clasicista. Definitivamente, no. El también miembro de TV On The Radio sólo se limitó a seguir la estrategia implantada por su predecesor en el cargo, Stephen Lillywhite, en “Different Gear, Still Speeding”: meter mano lo justo y necesario hasta casi no apreciarse para que el aspecto tradicional del grupo no se corrompa. Con lo cual, no encontraremos nada nuevo bajo el sol que ilumina “BE”. Aunque, eso sí, los adelantos “Flick Of The Finger” (pieza velvetiana y beatleliana a partes iguales que discurre firme entre fanfarrias de viento) y “Second Bite Of The Apple” (de movimientos intrigantes y sugerentes, con un estribillo eficaz y un desenlace sinfónico) se mostraban mejor resueltos de lo esperado; “Iz Rite”, a pesar de parecer un descolorido facsímil de “Ticket To Ride”, se digiere con gusto; y “Start Anew” incrusta, entre los correspondientes ‘yeah yeah yeah’ y ‘oh oh oh’, el espíritu lennoniano en el muro de sonido orquestado típico de los últimos Oasis.

El resto del lote, sin embargo, transcurre por los caminos rutinarios de Beady Eye: odas pseudo-hippies al amor universal (“Soul Love”, donde la voz de Liam adquiere toda su irritante nasalidad), remedos de brit-rock de pura cepa (“Face The Crowd”), extensos desvaríos psicodélicos (“Don’t Brother Me”, con pulla a Noel incluida) y bucólicos pasajes acústicos para cantar sentado bajo un árbol (“Ballroom Figured”). Es decir: en el repertorio priman las canciones con poca chica y las melodías planas y previsibles. Nada sorprendente.

Esto es todo lo que proponen Liam Gallagher y sus Beady Eye en “BE”, un trabajo que ofrece un material insuficiente para centrar toda la atención en su contenido y no desviar los oídos hacia las declaraciones y los exabruptos que el amigo Liam vuelca cada semana en su adorado NME. Mal asunto, pues, si lo que más importa de su figura es lo que sale por su boquita, sobre todo si tiene que ver con una posible reunión de Oasis en un futuro no demasiado lejano. E, igualmente, pésimo negocio si lo que más interesa de su grupo es el revuelo generado por la censura aplicada al pezón femenino de la portada de “BE” en las tiendas musicales físicas y virtuales. Cómo han cambiado las cosas…

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