¡La generación MySpace! ¿Quién se acuerda a estas alturas? Pues estos cuatro jóvenes provenientes de Sheffield seguro que no la olvidarán nunca, porque gran parte de su éxito se lo deben a esa plataforma que poco a poco está sucumbiendo ante los tentáculos de Facebook y Twitter en cuanto a medio principal de promoción. Pero no nos confundamos: una vez más, el tiempo ha puesto a cada uno en su lugar y los Arctic Monkeys no se encontrarían en la situación privilegiada en la que están si no fuera por el talento que tienen. Basta con echar una ojeada a sus compañeros de generación para descubrir quiénes han sido los verdaderos triunfadores de ese boom de mediados de la década pasada: los chicos de Bloc Party separados, con su líder Kele grabando mediocridades en solitario; Kaiser Chiefs intentando que, de una vez por todas, se les tome en serio; Klaxons intentando convencer con un segundo disco no tan bueno como su debut… Historias de sobras conocida por todos. Los Arctic, sin embargo, dieron con la tecla necesaria (llámenloportunismo, llaménlo suerte) para producir algo decente y no quemarse con un segundo trabajo que debía suceder a “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not” (Domino, 2006), probablemente uno de los mejores debuts de la pasada década. Una vez superada esa prueba, da la sensación de que se quitaron toda la presión de encima al mismo tiempo que iban ganando tablas por escenarios de todo el mundo y su líder y cabeza pensante, Alex Turner, daba rienda suelta a sus influencias más clásicas con Miles Kane (recientemente de vuelta, ojo) en The Last Shadow Puppets. Volvieron dos años después con el enorme “Humbug” (Domino, 2009), aro por el que muchos fans old school todavía no han pasado, pues ese giro de sonido hacia influencias más americanas en las que entraban desde el rock más clásico hasta el stoner (con Josh Homme maquinando por detrás) no acabó de convencer a parte del público.

Difícil lo tendrán esos fans entonces con este nuevo largo de Turner y compañía, porque “Suck it and See” (Domino / PIAS Spain, 2011) es un paso más hacia adelante en el particular proceso de desaprendizaje que estos chicos están llevando a cabo con bastante éxito. No hay apenas rastro aquí de los acelerados y directos temas de sus dos primeros trabajos, como tampoco hay tantas concesiones a ese rock machacón y de ritmo cadente al que les arrastró Homme hace dos años. Y es que las doce canciones aquí contenidas, si bien tomando prestados elementos de sus tres anteriores entregas, se mueven con una facilidad pasmosa entre una serie de referencias sesenteras que añaden algo más de variedad a la paleta sonora del cuarteto, lo cual se traduce en un mayor protagonismo para Alex Turner, quien despliega una interpretación brillante gracias a los nuevos matices que ha adquirido su voz, permitiéndole entonar acertadamente ya no sólo los temas más -digamos, de corte más clásico, como la ya mencionada “Brick by Brick” o la genial “Don’t Sit Down Cause I´ve Moved Your Chair”-, sino también salir airoso de situaciones más difíciles como “Piledriver Waltz” o “Love is a Laserquest”. Lo mismo podría decirse de Matt Helders pero aplicándolo a su habilidad con las baquetas, ya que este es posiblemente uno de los mejores baterías surgido en los últimos años, que lo mismo te puede sorprender introduciendo las canciones con una precisión de metrónomo como puede añadir a los momentos más rockeros un plus de agresividad que marca la diferencia en temas como “All my Own Stunts” (colaboración de Homme mediante, por cierto).

El problema con este “Suck it and See“, reside, al menos para el que escribe, en la falta de algo más de movimiento. “Humbug” incorporaba en su segunda mitad la preciosa “Cornerstone”, pero en este cuarto trabajo, se han incluido bastantes composiciones de este corte más tranquilo como puedan ser “Reckless Serenade”, “Piledriver Waltz”… Temas que, finalmente, lo convierten en una grabación algo irregular, sobre todo a partir de ese trío de ases que se abre con “Don´t Sit Down…” y se cierra con “All my Own Stunts”. Es esta una decisión totalmente respetable pero que, en comparación con su anterior entrega, sitúa a este notable “Suck it and See” un escalón por debajo. Un escalón al que, que quede claro, no se acercan ninguna de las bandas de su generación ni por asomo… Y es que estos cuatro chicos de apenas veinticinco años tienen un futuro de lo más prometedor, más que nada porque hacen lo que les viene en gana. Ya se sabe: cuando se tiene personalidad y talento, pocas cosas pueden pararte.

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