Ir a un concierto de Aphex Twin es como contemplar el universo: no sabes lo que te espera ni que se esconde tras él, y puede que ni siquiera lo entiendas… Pero no deja de atraerte irremediablemente. Con la Sala Razzmatazz llena a rebosar de nu-raveros y gente extasiada (algunos hasta los topes de sustancias psicotrópicas), el esperadísimo artista salió a escena a eso de las 12, justo después de su machacón compañero Luke Vibert. La masa enloquecía y gritaba de emoción ante la imperturbabilidad de Richard David James, ajeno a los gritos y adulaciones de sus fans. En un primer momento, pensé que iba a seguir en la línea de techno destroyer de su antecesor en esta velada titulada Aphex Twin and Friends; pero, en un giro de guión, arrancó con algo más tranquilo, obsequiándonos con un sonido ambient y unos visuales de playas distorsionadas y pixeladas sobrevoladas por su logo viajando por los mares de medio mundo.

Como si quisiera contarnos una historia, la historia del techno de los 90, su sonido fue cambiando a lo largo de una hora y media en la que practicó desde ambient hasta hard techno, pasando por el obligado acid y los toques drum’n’ bass. No sin antes acordarse del gran hit que le catapultó a la fama y que hizo que todas las manos se alzaran en una combinación brutal de luces láser de colores, emoción y descontrol. Sí, estamos hablando de “Windowlicker“, el hit por excelencia, el que algunos pensábamos que ni siquiera tocaría por aquello de que el señor Richard es un poco raro y le gusta descolocar al personal pinchando los temas más extraños de su carrera y que nadie conoce. Pero no, en esta ocasión se comportó y le dio al pueblo lo que es del pueblo, el hit esperado y el momento álgido de la noche que tanto ansiaba la multitud allí congregada.

Toda la sesión fue una progresión natural desde un primer sonido más apacible hacia la gran explosión final de ritmos acelerados, combinando el sentido del oído con el de la vista con unos visuales que acompañaban en todo momento, sin desvirtuar a la música. Primero con imágenes de paisajes naturales, luego con chispazos psicodélicos y, por último, con un espectáculo de luces con láseres de colores que proyectaban dos enormes focos. Todo un festín para los sentidos. Costaba asimilar tanta información… Pero no estábamos allí para analizar nada, sino para disfrutar del show. Y vaya si lo hicimos. Simplemente, fue ESPECTACULAR, con mayúsculas. Ver a Richard D. James es algo que deberías hacer aunque sea una sola vez en tu vida. Ahora entiendo por qué no sale mucho de gira: porque, como todas las cosas buenas y consistentes, Aphex Twin se toma en pequeñas dosis, sin abusar. Te esperamos para la próxima.

[TEXTO: Miriam Arcera / FOTOS: FPM]

No Hay Más Artículos