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Un año más, el Sinsal SON Estrella Galicia 2014 demosotró que un festival pequeño y tratado con mimo puede ser un secreto… a voces.

 

Desaparecido el gafe meteorológico que había afectado a los principales festivales gallegos del mes de julio y difuminados los agridulces recuerdos de su pospuesta edición de 2013, el anteriormente conocido como Sinsal San Simón y este año denominado oficialmente Sinsal SON Estrella Galicia echaba a andar iluminado por el sol, templado por el calor estival y mecido por la plácida brisa que recorría la costa de Redondela (Pontevedra). Unas circunstancias que convertían la isla de San Simón, como en ocasiones previas, en el enclave ideal para desarrollar las peculiares características del evento pergeñado por el colectivo vigués SinsalAudio: innovación, riesgo, calidad y amplitud de miras musicales y culturales que nada tienen que ver con los postulados típicos del festival medio que se celebra a lo largo y ancho de la geografía española durante el verano.

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A pesar de que ha ido madurando rápidamente desde su capítulo de 2012 y se ha ido situando como una referencia inspiradora para otras citas similares que intentan reproducir sus singulares líneas maestras, el concepto del festival insular sigue resultando sorprendente, incluso para aquellos que han guardado fidelidad anual al certamen redondelano. Tiene mucho que ver en ello, primero, el fiable criterio de SinsalAudio; luego, el hecho de que el grueso de su programación artística se oculte hasta el mismo instante en que los asistentes desembarcan en el histórico archipiélago; y, en último término, que se destapen pequeñas sorpresas que interactúan con su bello entorno o se realicen diversas actividades paralelas. Esta atractiva oferta, que este año incluía especiales del programa “Retromanía” de Radio3, la performance “O Estado Salvaxe. Espanha 1939” o la instalación sonora de escucha específica “Quiñones / Vaello”, logró atraer al Sinsal SON Estrella Galicia 2014 una apreciable cantidad de público -siempre acotada por las limitaciones de la isla de San Simón: aproximadamente 700 personas como tope diario-, anticipada antes de su arranque por el anuncio de que se habían agotado las entradas para el turno del sábado y que acabó superando el balance de 2013 (alrededor de 1200 personas).

Aunque la gran novedad introducida en esta edición funcionó igualmente como un poderoso imán para la audiencia: el aumento de su duración de dos a tres jornadas, con el fin de establecer la primera de ellas como inauguración vespertina protagonizada por cinco interesantes nombres que se encargaron de descorchar -según las maneras dictadas por sus respectivos estilos musicales- el Sinsal SON Estrella Galicia 2014.

 

VIERNES, 25 DE JULIO. Al ser un aperitivo inédito dentro de la historia del festival, existía cierta curiosidad por comprobar cómo funcionaría la parte de la programación  de conciertos que, aunque no secreta, continuaba resultando atrayente por una sencilla razón: por mucho que la música de sus creadores se hubiera revisado en casa o se hubiera escuchado en vivo en otros espacios con anterioridad, esta llegaría de un modo diferente en su traslación al directo isleño, distinguido por sus beneficiosos condicionantes naturales y, sobre todo, por el ambiente que se genera a su alrededor. Niños, adultos, parejas, singles, solteros, casados, nativos y extranjeros, sumados a algunos de los componentes del cartel que se mezclaban entre el gentío para disfrutar tanto del paisaje como de las actuaciones, formaban una saludable y animada atmósfera que ya es casi una marca propia del Sinsal San Simón.

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Cuando la tarde no había hecho más que empezar suavizada por una agradable tranquilidad post-siesta estival, Throwing Shade -alias de la dj radiofónica y productora londinense Nabihah Iqbal– activó su laptop para lanzar y trenzar, con extrema delicadeza, ritmos electrónicos cadenciosos, reptantes y, en determinados tramos, humeantes. Con el paso de los minutos, el recuperado Escenario Trovadores -junto al muelle donde descendían los asistentes para acceder a la isla- se fue llenando de vapores sintéticos que se movían entre el dub, el R&B contemporáneo (pulverizado) y los sonidos étnicos de lejanas latitudes soportados por bajos duros pero placenteros, al igual que las voces femeninas que rompían el cuerpo instrumental de muchos de los pasajes. El pulso relajado, cuasi cósmico, del set de Throwing Shade se adaptó como un guante a la quietud reinante en aquel momento.

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El genio y el arrebato vocal de Xenia Rubinos la romperían de una forma fascinante en el reubicado Escenario San Simón SON Estrella Galicia. A través de dislocadas estructuras inspiradas en el free jazz y loops reforzados por el sintetizador y la batería -manejada con maestría por Marco Buccelli-, la neoyorquina ofreció su libérrima y discordante visión del pop y el soul en una propuesta que, a priori, podía resultar poco accesible para el público en general. Pero la coordinación de la base rítmica y la frescura que Xenia aplicó a su repertorio superaron cualquier obstáculo al incitar al baile empujada por sus raíces portorriqueñas y cubanas –“Pan y Café” fue el mejor ejemplo de ello-, trasladar melodías infecciosas que acababan pegándose sin remedio al cerebelo y, cuando era menester, rebajar la gradación de su controlada locura sonora. En determinadas fases era fácil ver a Xenia como una versión latina de tUnE-yArDs, aunque su carisma y la energía con que sirvió su sabrosón mejunje borraron de un plumazo tal analogía.

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El sinuoso avance del Sinsal SON Estrella Galicia 2014 se confirmó en cuanto Oso Leone se subieron a las tablas del reorientado Escenario San Antón New Balance. Regreso a la calma chicha (mediterránea, en plena costa atlántica) y al reposo sobre las cálidas losas de San Simón, un decorado mucho más adecuado para el estilo de los mallorquines que el que se habían encontrado, húmedo y ventoso, semanas atrás en el Festival do Norte arousano. Eso sí, la banda calcó el minimalismo eléctrico, el detallismo y la progresión de cada tema -capa a capa- de su concierto de entonces con una sencillez suficientemente rica y profunda como para conquistar los oídos y esquivar algunas incómodas conversaciones de fondo. Los efectos sedantes e incluso hipnóticos de su post-rock depurado y dulcificado se multiplicó por acción del moderado airecillo que provenía de la ría hasta alcanzar la final “Cactus”, pieza que culminó un set que se postuló como digno sucesor del realizado por alt-J dos años antes en el costado contrario de la isla.

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La relación del festival Sinsal con las músicas africanas se retomó en esta edición gracias a Jagwa Music y sus calientes y frenéticos ritmos derivados del mchiriku, estilo que inunda las calles de Dar es Dalaam, capital de su país natal, Tanzania. Su inquieto vocalista -vestido como un MC callejero pero con hechuras de chamán- lanzaba sin pausa rápidos fraseos que se podían interpretar como celebraciones a la vida o como alegatos en pro del pueblo tanzano; al mismo tiempo, tras él, perfectamente alineada, la base percusiva lo propulsaba acompañada de las endiabladas notas de un pequeño teclado Casio -cuyo dueño mostraba una camiseta de “Breaking Bad”: la globalización catódica es implacable…-. La pura alegría que desprendía tal conjunción musical obligaba a los presentes a danzar sin prejuicios -en consonancia con lo que sucedía sobre las tablas- e incluso a improvisar congas -con Xenia Rubinos liderando una de ellas- mientras sus rostros dibujaban sonrisas infinitas. Cada “¡hakuna matata!” que salía del micrófono era un buen motivo para prolongar una fiesta que, si por Jagwa Music hubiera sido, habría continuado hasta entrada la noche y más allá…

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… con permiso de Frikstailers. Exponentes de la nueva ola de la electrónica latinoamericana que combina sin tapujos ritmos autóctonos con ingredientes sintéticos, montaron desde el primer beat una juerga repleta de tecno-cumbia, bass music mestiza, electro-reggaetón y dance de aroma noventero. Sus pelucas de colores y sus estrambóticas gafas de plástico se quedaron en una mera anécdota en cuanto el gentío se fue metiendo en la harina bailonga, transformando el Escenario Trovadores en una mini-rave bajo los pinos y los eucaliptos animada por las deformadas voces de la pareja argentina. Pero su SHOW no se limitó a escupir tracks tan estimulantes como fogosos que provocaban la subida de la temperatura literal y metafórica del lugar, sino que, además, cristalizó en una lección de cómo sacar todo el jugo musical a diversos accesorios de videoconsola: una play-batería, una alfombrilla de baile, una guitar-hero o unos wii-mandos que sirvieron de armas para pergeñar una batalla sónica entre el estupefacto público. Si hubiera que buscar el verdadero sentido del verbo perrear, lo hallaríamos en el set de unos Frikstailers -que repetirían presencia a la tarde siguiente sustituyendo al artista de la pista #4, caído del aún enigmático cartel- aupados como la revelación de las revelaciones de la sorpresiva puesta de largo -a explotar con mayor ahínco en el futuro- del Sinsal SON Estrella Galicia 2014.

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