agallardo

En estos tiempos aciagos que nos ha tocado vivir, a cualquier persona que se atreve a emprender una aventura empresarial propia hay que aplaudirla y llamarla valiente. Pero es que a los que consiguen el éxito con la que está cayendo, a esos habría que considerarlos unos héroes. Por fortuna, nuestro país está lleno de los primeros y contamos con más de los segundos de los que nos pensamos: gente que da un paso al frente y pelea por sacar adelante aquello en lo que creen. Y, a veces, la gente responde y ese esfuerzo tiene su premio. La firma de joyería Andrés Gallardo puede presumir de ser lo primero (unos valientes) y lo segundo (unos héroes), porque en un cortísimo espacio de tiempo ha pasado de ser una deliciosa rareza dentro del mundo de la joyería de autor a ser considerada una de las firmas más icónicas, bellas y deseadas en nuestro país y allende sus fronteras. Normal, porque a ver quién es capaz de resistirse a ese onírico mundo de porcelana y animales salvajes que Andrés y Marina han construido a su alrededor, plagado de collares de ensueño y accesorios inolvidables. Su humilde marca ha conseguido algo dificil en el mundo de la moda: ser icónica, y rara es la persona que esté un poco metida en el tema que no distinga la genialidad de sus creaciones a primera vista.

Pero detrás del glamour decadente de sus colecciones hay dos mentes pensantes que centrifugan a toda velocidad y que trabajan de forma incansable para que el mundo siga siendo un poco más bonito y abigarrado gracias a sus piezas. En plena vorágine creativa, conseguimos hablar con Andrés y Marina, los dos responsables de Andrés Gallardo, que muy atentamente nos han respondido a nuestras curiosas (y extensas) preguntas. Gracias a sus respuestas ahora les conocemos un poquito más. Sabemos qué les motiva para trabajar un material como la porcelana, cómo se las apañan para darle fisicidad a sus joyas soñadas y qué planes tienen para el futuro. Esta entrevista demuestra que en Andres Gallardo hay tanta forma como fondo. Y eso es lo que hace que sea una firma tan excepcional.

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Andrés, antes de fundar tu propia línea de joyas habías estado trabajando para firmas muy asentadas (Don Algodón, Bimba & Lola…). ¿Cómo es ese momento en el que decides dar el salto y dejar un trabajo más o menos fijo y estable para dedicarte a sacar adelante tu propia marca (¡y más en los tiempos en los que estamos!)? No fue un momento concreto… Llevaba casi un año (desde 2010) haciendo colgantes con figuras antiguas de porcelana que encontraba aquí y allá, en anticuarios de Madrid o en viajes. Estas primeras piezas las vendía a amigos y conocidos, era un proyecto muy personal que tenía en paralelo a mi trabajo, como había tenido otros antes, pero no me planteaba la idea de dedicarme a ello completamente. En 2011, gracias a algunas apariciones en prensa algunas tiendas como Love Dispensary en Madrid, se interesaron y empecé a vender en ellas; entonces, la idea de convertir este proyecto en una marca propia tomó fuerza. Marina, que formaba parte de mi equipo de diseño en ese momento, me animaba mucho y lo veía claro, al igual que mucha gente que me rodeaba; entonces me lo empecé a plantear y le propuse a Marina que nos uniésemos. No me veía solo: no me gusta trabajar solo, necesitaba alguien con quien compartir todo, otro punto de vista a nivel creativo y a nivel empresa. Marina y yo llevamos mucho tiempo trabajando juntos y siempre nos hemos complementado, lo hablamos todo y nos ilusionamos mucho. Parecía que iba a ser algo a medio plazo, queriamos darnos un tiempo, seguir compatibilizándolo con nuestro trabajo fijo, tenerlo un poco mas claro… Pero, de repente, un día todo se confabuló para que tomásemos la decisión repentinamente: lo dejamos todo y nos lanzamos. Me acuerdo perfectamente del día en que lo decidimos: lo vimos claro tomando unas cañas.

Parece ser que no tienes base académica en el diseño de joyas. ¿Por qué decidiste apostar por la joyería? Mi formación y experiencia es en el diseño textil, pero esto no quiere decir que mi capacidad como diseñador se limite a ello. Es verdad que es lo que más me ha interesado o por donde mi experiencia profesional me ha llevado, y que hasta el momento no había experimentado interés en el mundo de la joyería. Fue algo muy intuitivo… ¡No lo planeé en ningún momento! De hecho, cuando empecé a crear las primeras piezas no consideraba que estuviese haciendo joyería: eran mas bien amuletos. Todo tomó mas forma cuando decidimos lanzar la marca. Entonces sí fuimos conscientes de la necesidad de adentrarnos en este mundo, sobre todo a nivel técnico: queríamos crear un producto de alta calidad sin perder la esencia de la idea, que era muy experimental… Así que conseguir ambas cosas sin tener base técnica fue una gran aventura…¡Aún lo es! Y, a nivel de diseño, creo que el no tener experiencia en diseño de joyas nos hizo experimentar fuera de los estándares.

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