En una entrevista a Popmatters, Neil Tennant cita a Martin Amis y dice “antes de los cuarenta nunca piensas en la muerte, y después de lo cuarenta no puedes pensar en otra cosa“. Esta cita es imprescindible para entender el tono elegíaco que inunda el disco número once de su carrera junto a Chris Lowe: “Elysium” (Astralwerks, 2012). Pet Shop Boys, el grupo que hizo del electropop un arma de doble filo y lo convirtió en algo tan hedonista como elegante, han llegado a una madurez vital y en su carrera que grita en todas y cada una de las canciones de su nuevo disco. Habría que ver cuál es el nivel de oportunismo o celestial coincidencia que rodea al hecho de que Pet Shop Boys sacaran este disco bajo el nombre del lugar al que los héroes griegos iban para pasar la eternidad, al mismo tiempo que su país vivía la vorágine de los Juegos Olímpicos; y que, para más inri, una de sus canciones, “Winner”, fuera escogida -por razones más que obvias- para la ceremonia de clausura y que, en consecuencia, fuera uno de los hits olímpicos de Londres 2012. Vamos, que ni hecho a posta, oye. Pero lo importante del tema es que Neil Tennant y Chris Lowe, más allá de querer construir una (su) epopeya griega en versión electropop, han conseguido firmar su disco más sólido en los últimos diez años (que parecen un pellizco, pero bien vistos son muchísimo) en el que la muerte y el espíritu de la despedida están más presente que nunca.

Porque de despedidas va “Leaving“, una de las canciones más emotivas que han firmado en sus tres décadas de carrera y con la que abren así, a bocajarro, el disco. En este tema, la inspiración lírica de Tennant toca techo y nos regala una de las estrofas más tarareables y evocativas de lo que va de año (“I know enough’s enough and you’re leaving / You’ve had enough time to decide on your freedom / but I can still find some hope to believe in love“). Una preciosa canción tan elegíaca como maravillosa a la que es imposible no caer rendido y que que marca el tono de recogimiento nostálgico que va a ser el denominador común de todo este étereo trayecto. A “Leaving” le sigue aquella “Invisible” que fue sorprendente primer single y que parecía querer colocar su nueva entrega en la estela del minimalismo de cámara del nunca reivindicado lo suficiente “Release” (Parlophone, 2002) que, después de la locura hedonística de “Nightlife” (Sire, 1999), funcionó como válvula de descompresión total. Y en el tercer paso viene la sorpresa. Porque después de la melancolía de “Leaving” y de la lacerante tristeza de “Invisible” -que habla de hacerse mayor y desaparecer-, viene “Winner“, que es como abrir las cortinas y dejar que entre la luz después de una noche terrible de insomnio. Así, el tracklist pone en evidencia que “Elysium” no es sólo un disco sobre alcanzar la madurez y partir, sino que también es un canto victorioso a lo que es una carrera irregular pero firme… y que todavía no ha terminado, por más que los taxistas de Londres le pregunten a Tennant si ya se han retirado (y de eso parece ser que va “Your Early Stuff“). Pero no todo en “Elysium” es nostalgia, sino que también hay lugar para los hits pisteros y de melodía catchy que, al final, siempre han sido seña de la banda. “Face Like That” será el opening perfecto para la próxima gira y, como en “Yes” y “Let´s Make Lots fo Money” y otras muchas, encontramos las temáticas clave del duo: hedonismo, belleza, superficialidad, amor, dinero… Pet Shop Boys at their best. También hay de esto en “Ego Music“, dedicada a esos artistas que no hacen más que mirarse el ombligo. En el tramo central también están “Hold On“, que suena a musical pasado de vueltas, y “Give it a Go“, sin duda los momentos más flojos de todo el disco.

El duo se fue por primera vez a grabar hasta California y cuenta con la producción de Andrew Dawson (que ha producido a gente como Kanye West, Drake y Beyoncé). Salirse de los lindes de la espartana producción británica no se ha traducido en un cambio sustancial en el sonido: los que temían que fueran a sacar un disco de pseudo hip-pop pueden respirar tranquilos. Aún así, la producción de Dawson es tan limpia como uno espera que pueda sonar un disco de Pet Shop Boys y los arreglos de Chris Lowe brillan como nunca y consiguen alcanzar una espacialidad y un intimismo que puede que no escucháramos desde “Behaviour” (EMI, 1990). De hecho, las nuevas canciones tienen un punto de pop lujoso que lo hace resplandecer. Lo demuestran “Breathing Space“, “Memory of the Future” y la preciosísima “Requiem in Denim and Leopard Skin“, que tiene que ver con “Being Boring” (sin duda, uno de los hitos de madurez de la banda) mucho más que ese sonido evocativo y triste que la caracteriza. Esta canción, como aquella, está dedicada a la muerte de una persona (en este caso, una maquilladora que fue amiga del duo y que hizo del cuero, el denim y el leopardo su seña de identidad). Pero este “Réquiem…“, además de llamativo cierre del disco, también es una elegía a un modo de vida y a una actitud. El sonido de la moto que se pierde en el horizonte puede ser considerada tanto un “Fin” o como un “Continuará…”

Pet Shop Boys, como los héroes griegos, ya se han ganado a pulso un merecido lugar en el Eliseo de los grupos del siglo XX. Y desde que nos sorprendieron tan gratamente con “Yes” (Astralwerks, 2009), han demostrado que no lo merecen sólo por las rentas. En su caso cualquier tiempo pasado fue mejor… pero su presente tampoco pinta nada mal. Este podría ser su último disco y confirmarlos como la banda imprescindible que siempre han sido.  Esperemos, eso sí, que ese sentimiento de carta de despedida no sea un adiós real y, al final, “Elysium” no sea su propia elegía en clave pop. Personalmente, prefiero pensar que el final de ese “Requiem” es un continuará.

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