Ya es la segunda vez que que algo salido de Casa Miuccia aparece en esta sección. Y empiezo a estar seriamente preocupada, porque la sección no tiene tanto tiempo como para sacar una media buena. Pero la vida es así, dura, y lo que hace Prada últimamente está tan y tan al filo que, en algunas ocasiones (como en esta) cae de cabeza al barranco del horror.

Si la otra vez fueron las planaformas, esta hemos metido entera en el saco la colección de Primavera / Verano 2013 que presentó hace escasos días en la Semana de la Moda de Milán. Empecé a notar mucho revuelo tuitero mientras el desfile tenía lugar y todas las críticas se centraban en, de nuevo, el calzado que la diseñadora italiana había escogido para darle movimiento a las prendas. Los titulares eran rotundos: “Prada goes geisha“. Pero les faltaba un pequeño añadido: “en plan crazy sixties“. Y todavía más: “y se le vuelve a ir la olla con los zapatos“… Una interpretación (demasiado) libre del típico calzado nipón. Japonismo sesentero. Miedo.

El resultado: kimonos reconvertidos en vestidos mini de corte recto que, a diferencia de lo que se podía temer, tiraban por un colorido apagado con demasiado protagonismo del gris ceniza y el naranja butano.  Si alguien es capaz de encontrar alguna prenda en la que algunos de estos dos colores quede resultón, que me la envíe, por favor. Ni rastro de los estampados loquísimos con los que nos había alegrado la vida en anteriores temporadas: ni bananas o frutas, ni colorines ni prints triposos… Esta colección de verano es tan sobria como un embajador japonés recién levantado… Y casi tan aburrida.

Ni siquiera las sandalias horrorosas (con planaformas, claro) de diseño imposible creadas, por supuesto, para ser llevadas con calcetines (que esa es otra: hemos visto en su colección de hombre sandalias con calcetines hasta que nos han sangrado los ojos) le dan un aire de diversión o atrevimiento. Lo único que inspira esta colección entera es sopor. Prada se ha querido pasar de guay y le ha quedado un coñazo total de colección. Así que nada, habrá que esperar a ver qué tiene pensado para el próximo invierno porque lo que hemos visto en Milán, más que odiarlo, nos parece totalmente prescindible. Una pena.

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