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La última vez que tuvimos noticias de Neko Case (en solitario y al margen de su intermitente participación en The New Pornographers) fue en 2009, cuando en “Middle Cyclone” (Anti, 2009) se convertía en una fuerza de la naturaleza y presentaba uno de los álbumes más potentes de su carrera y más fieros y luminosos de aquél año. Luego, Neko se desvaneció y poco o nada se volvía a saber de ella hasta que hace unos meses se anunciaba su regreso con un nuevo disco de título interminable y, visto el resultado cuando ya lo hemos tenido en la mano, bastante profético.

Muchos andaban preocupados y se preguntaban “Pero Neko ¿Ké Ase?” y bien poquito se conocía salvo algunos escuetos y crípticos tuits en su cuenta de esta red social. En agosto, en la necesaria ronda de entrevistas promocionales, la estadounidense desvelaba que, más o menos por la misma época en la que lanzó su hasta entonces último disco en el mercado, su abuela, con la que tenía una hermosa relación, murió. Y poco más tarde también sus padres, con los que no tenía nada que ver. Neko reconocía entonces que el rojo Farmatint y la chispa se le apagaron y que cayó en una profunda depresión que le impedía incluso relacionarse con la gente. Se encerró en su rancho de Vermont y allí empezó a escribir las canciones del que sería su octavo trabajo. ¿El sempiterno disco depresivo que todo artista reconocido entrega, al menos una vez durante su carrera? Pues no.

Porque, como dicen, donde hubo fuego siempre quedan brasas… Y Neko es mucha Neko. Aunque durante años se ha puesto en la avanzadilla de eso que se conoce como “country noir” y muchas de sus canciones a veces se empañan de una oscuridad sugestiva (el cénit lo conseguía con “Blacklisted” -Bloodshot, 2002-, su disco más atmosférico e introspectivo) ella es, en efecto y como cantaba en la primera canción de “Middle Cyclone“, un tornado de tremenda fuerza centrífuga que ha conseguido convertir la etapa más difícil de su vida en un conjunto de canciones donde coge las riendas como nunca a la hora de contar su vida y enfrentarse a la audiencia. Y resulta que “The Worse Things Get, The Harder I Fight, The Harder I Fight, The More I Love You” (Anti, 2013), detrás de ese título tan emo esconde la energía de alguien que ha estado con la mierda hasta el cuello pero que sabe que, tarde o temprano, tendrá que limpiársela definitivamente.

En las nuevas canciones no hay mucho rastro de la inmediatez de su predecesor, que transcurría como un auténtico petardazo de principio a fin: Case baja aquí revoluciones y consigue construir con todo el tracklist un estado anímico que oscila entre la calma inducida por los relajantes musculares y la sensación de ñoña agradable que asalta cuando despiertas de una siesta de cuatro horas. El único punto de inflexión, ese empujón en el costado para que abras los ojos, es “Man“, en la que participa M.Ward, que le ayuda a construir una canción de power-pop pegadizo que es reivindicativa y con la que Neko se pone los pantalones (¿pero se los había quitado en algún momento?) para recordarte que “You didn’t know what a man was until I showed you“. Pero la fiereza se queda en estos tres minutos y medio que compiten por ser el highlight del conjunto con las emotivas “Night Still Comes”, “Nearly Midnight in Honolulu”  (la primera es una balada rock casi académica, y la segunda una fábula urbana a capella de una desnudez arrebatadora) y la submarina”Where Did I Leave That Fire” (que consigue dejarte con la inquieta sensación de tener la cabeza metida dentro de un cubo lleno de agua).

Case también se atreve con una versión del”Afraid” de Nico (donde su voz suena más contenida que nunca) e incluso juega con géneros que no había visitado hasta ahora, como en “Ragtime“. Pero donde la americana sigue siendo el doble de cualquier apuesta es en las canciones de corte clásico sin estridencias. Por eso temas como “Calling Cards” o “I´m From Nowhere” suenan como nunca a perfección y remiten a una artista que poco o nada tiene que aprender ya a estas alturas, que ha conseguido ponerse al mismo nivel -o, al menos, uno muy cercano- de esos artistas que le inspiran y que desde que empezara su carrera siempre le ha gustado versionar. Neko podría seguir haciendo discos como este cada año sin darle muchas vueltas y seguiría entregando obras atemporales y efectivas. En este caso, además, la pelirroja ha conseguido facturar el trabajo más personal de su extensa carrera que, a su vez, puede servir a mucha gente que, en algún momento, haya pasado por circunstancias parecidas a la suya. La sintomatología depresiva y sus consecuencias son universales pero, por suerte, el efecto balsámico de las nuevas canciones de Neko Case, también.

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