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En los últimos meses de la trayectoria de Yuck sucedieron dos acontecimientos vitales para entender su presente: a mediados de abril de este año, la banda anunciaba que Daniel Blumberg, cantante principal y uno de sus capitanes junto a Max Bloom, abandonaba el barco para ocuparse en cuerpo y alma de su proyecto en solitario, Hebronix; y, tres meses después, en julio, la banda publicaba el primer single editado en su nueva etapa, “Rebirth”, de título tan elocuente que sugería que funcionaría como el renglón en el que los londinenses empezarían a reescribir su breve pero intensa historia. Dicha canción, anticipo de su segundo disco, Glow & Behold (Fat Possum, 2013), mostraba a unos Yuck tendentes hacia la calma que les proporcionaban su aparente acercamiento a unos My Bloody Valentine relajados -por su melodía guitarrera reverberada y ondulante- y la inflexión vocal de Bloom, más luminosa y azucarada que la de Blumberg -lo que hacía pensar en un delicioso empaste entre las voces de Norman Blake (Teenage Fanclub) y el Brian Wilson veinteañero-. Su letra -con referencias a la luz del sol, al amor y a la felicidad permanente-, sus coros y el agradable acompañamiento de una pandereta hacían el resto para atrapar al oyente y que este creyera con firmeza que los renovados Yuck acertarían con los cambios estilísticos pergeñados.

Unas variaciones que se presentaban radicales: Yuck venían de entregar un debut enérgico, impetuoso y jovial, el homónimo Yuck (Fat Possum, 2011), dechado de indie-rock con trazas noise que homenajeaba con rigor y lucidez a los grandes nombres que dieron forma a los citados géneros en los 90 (Dinosaur Jr., The Lemonheads, Sonic Youth, Yo La Tengo, Superchunk…); y, casi de la noche a la mañana, exigidos por las circunstancias -o aprovechándose de las mismas, depende de cómo se mire-, decidían dar una vuelta de tuerca a su paleta sonora y reducir la velocidad de su antaño agitado repertorio. De esta transformación estética -una manera de hacer borrón y cuenta nueva- se desprende el motivo que explica, desde su mismo arranque, la tranquila revolución ejecutada por Yuck en “Glow & Behold”: basta con empaparse del plácido sosiego que transmiten la inicial e instrumental “Sunrise In Maple Shade” -ribeteada con unos sorprendentes metales- y “Memorial Fields” para constatarlo. Otros cortes que, dicho sea de paso, evocan gratas y dulces sensaciones para dejar claro que este es un disco de pop guitarrero sensitivo y ponderado, hecho que asombra si aún se guarda en la mente a los anteriores Yuck.

Pero los actuales tienen fijados otros objetivos. Y, por extensión, otras referencias, sobre todo las que se relacionan con el pop melódico y el power-pop destilado desde los 80 hasta los 2000: los mentados Teenage Fanclub, Big Star, The Posies, Fountains Of Wayne o Cosmic Rough Riders. Un equilibrio entre fuerzas británicas y estadounidenses que se refleja en unas composiciones que llegan a los oídos del receptor cuales rayos de sol tibios y resplandecientes que transportan apacibles tonadas de estribillos perfectos (“Out Of Time”, “Lose My Breath”) junto a temas briosos (“Middle Sea”, que envía un saludo a los Yuck primigenios) y medios tiempos punteados por notas de piano y efusivos solos guitarreros (“How Does It Feel”) aderezados, otra vez, por trompetas, muy en la línea de los últimos Nada Surf. Un ejercicio vitalista que se refuerza con la presencia de guitarras acústicas que sirven de introducción de versos ideales para cantar a coro y hacer palmas al unísono (“Nothing New”) y que contrasta con la melancólica sobriedad del otro pasaje instrumental del lote, Twilight In Maple Shade (Chinese Cymbals)”, y el tributo a la era post-grunge que es “Somewhere” -otro vago recuerdo a los primeros Yuck-.

Esas dos piezas son las únicas desviaciones que Yuck perpetran en esta travesía por el pop de aires clásicos llamada “Glow & Behold” y en cuyo cierre, la titular y beatleliana “Glow & Behold”, se resumen todos sus destacados elementos sonoros expuestos más arriba. Quién lo hubiera dicho hace dos años de un álbum firmado por estos jovenzuelos londinenses… Pero los tiempos cambian; y, a la vez, los giros inesperados de la vida hacen cambiar… Yuck pudieron haber tirado la toalla, desmembrarse para tomar caminos separados e imitar los pasos seguidos por su otrora compañero Daniel Blumberg. Pero, al contrario, supieron reciclarse y salir airosos de una situación, en teoría, traumática. Como el reza el refrán, no hay mal que por bien no venga…

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