¿Por qué no ser cursis, resabiados y archimanidos y afirmar que “Your Name” es una peli preciosa?

No nos da ningún miedo ser cursis, resabiados y archimanidos a la hora de criticar “Your Name” y afirmar que es una peli preciosa sobre el amor.

 

Hablar de la magia del cine puede resultar archimanido, resabiado y, por qué no decirlo, cursi. Pero pensemos por un segundo lo que significa ver una película: estar en un espacio con otras personas, compartiendo lo que vemos en la pantalla de forma colectiva pero, al mismo tiempo, ser interpelados individualmente por esas imágenes. Un triángulo de amor bizarro único donde la pantalla ejerce de seductor, entertainer y, en cierto modo, también de maestro.

Porque el cine es capaz de cumplir una función social, de ocio, pero también ha ejercido prácticamente de manual de instrucciones emocional para el ser humano. El cine tiene mil historias con sus respectivas variantes, contextos, lugares y culturas, pero siempre con pilares temáticos donde pivotan, iteran y vuelven una y otra vez los argumentos. Y quizás el más universal de todos ellos es el amor. El cine nos ha curado heridas del desamor, envalentonado y mostrado qué decirle a la persona que quieres, a entender en definitiva los mecanismos (si es que existe tal cosa) de ese complejo sentimiento.

Y es que el amor es algo tan paradójico como la propia relación con el cine. Un encuentro casi imposible en el espacio-tiempo de dos personas que pueden o no estar buscándose, que interactúan con terceros, habitando mismos lugares en instantes diferentes o incluso iguales, sin que la conexión se haga patente. El amor ya no solo como sentimiento, sino como espacio de luz, oscuridad y crepúsculo. Tan inhabitable en abstracto como concreto en materialización.

Your Name“, de Makoto Shinkai, consigue algo tan difícil como concretar en imágenes esta sensación etérea, el significado real de aquello que cantaba John Paul Young: “Love Is In The Air“. Algo que flota en el ambiente, escurridizo y volátil, pero a la espera de ser cazado. Y lo hace a base de capas y máscaras, mediante un hábil disfraz de inocencia naïf y pasión adolescente. Una vestimenta oropelada que no es pose estética, sino un hábil catalizador, un enganche llevadero para transportarnos hacia asuntos mucho más complejos como lo espiritual, como el amor entendido como concepto puro y único.

Your Name

Desde el ritmo frenético de la fisicidad del cine silente hasta la agudeza de la réplica y contrarréplica de la screwball comedy, “Your Name” aposenta sus bases en un primer acto alocado y divertido que apunta a mero divertimento basado en la confusión de sexos, en los deseos y ansiedades sobre el futuro y en la confrontación, abordada de forma simpática, entre la vida en el campo y la urbe. Un arranque frenético que, sin embargo, ya deja entrever en sus detalles formales el paso hacia algo más profundo.

El juego da lugar al intento de concreción, al punto de encuentro, y aquí es donde “Your Name” rompe las dimensiones y plantea la (im)posibilidad de sortear el espacio-tiempo. Un “tan lejos tan cerca” ampliado por el desastre natural que acontece. Es aquí donde entramos en una carrera contra reloj inversa, en la lucha del sentimiento contra lo material, de la realidad contra el mito. De repente, todo se viste con un tinte dramático que nos lleva al último acto. Un momento que todos conocemos y que se explicita de forma concreta en el juego genérico del suspense y en la capacidad de síntesis del diálogo (“ando buscando algo pero no sé lo que es, ni tan siquiera si existe, si es real“). Un último acto que ahonda en las dudas del mundo adulto recién descubierto, en el frustrante despertar de los sueños no realizados.

Pero, por encima de todo, “Your Name” es un canto total y absoluto a la belleza como forma más pura de enmarcar cada situación, cada momento. Un espectáculo que basa en la luz la capacidad de transmitir la emoción más allá de las palabras. Diáfana y directa en las mañanas, detallista en el filtro de la naturaleza, brillante y a la vez ominosa en las estrellas enmarcando la oscuridad, y sobre todo mágica en el crepúsculo, el momento en que se puede materializar todo aquello que el día y la noche tapan.

Abría este texto hablando de la magia del cine y, si alguna película puede recordarnos en cada visionado la veracidad de tal aseveración, esa es “Your Name“. Si esto es archimanido, resabiado y, por qué no decirlo, cursi pues bienvenido sea… Siempre que nos permita volar, soñar, emocionarnos y comprender de una puñetera vez qué es esto del AMOR (en mayúsculas). [Más información en la web de “Your Name”]

 

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