Acuario

John Maus, Com Truise, Presumido, Karen Koltrane… Acuario se escinde de Nudozurdo para unirse a la cúpula de lubricadores del synthpop actual.

 

¿DE DÓNDE SALE? Del seno del grupo madrileño Nudozurdo. Acuario es, ni más ni menos, que el alias de su cantante y guitarrista, Leo Mateos, que ha recurrido a su signo zodiacal -como si fuese la versión masculina de Aries / Isabel Fernández Reviriego– para embarcarse en un proyecto en solitario -aunque reforzado por la batería de Ricky Lavado (Standstill, Egon Soda) y las programaciones de David Unison– que, estéticamente, poco tiene que ver con su banda nodriza: su estilo se ancla en el synth-pop primigenio germinado entre finales de los 70 y principios de los 80, aunque actualizado y acotado por el propio músico entre las coordenadas perfiladas por John Maus, Metronomy, Johnny Jewell o Com Truise, con los que comparte puntos de partida y teorías sonoras.

Para darle la forma adecuada en esta aventura incubada en la intimidad y el calor de su hogar, Mateos se hizo con un arsenal de sintetizadores analógicos que acondicionaron la base de las canciones que integran su disco de debut como Acuario, “Cassette para los Niños” (Marxophone, 2014), a los que añadió un trabajo de cut and paste sampledélico que sirvió para completar el proceso compositivo. Teniendo en cuenta todos estos detalles, resulta fácil pensar que los temas resultantes difícilmente podrían ser incluidos en un álbum de Nudozurdo; aunque no sería descabellado creer lo contrario, ya que Mateos prolonga en ellos su habitual poso melódico y sus características y emotivas inflexiones vocales que permiten apreciar -pese al puntual uso del vocoder- destellos orgánicos dentro del material sintético manejado por el madrileño.

NOS TIENE TÓ LOCOS PORQUE… Más allá del aspecto externo que caracteriza el sonido de Acuario, los elementos inspiradores que subyacen bajo el manto tanto formal como lírico enriquecen su propuesta global. Así, primero, el título del disco, “Cassette para los Niños”, empieza por apelar a la esencia analógica del proyecto y acaba por dirigirse al universo infantil de los niños, asunto que traslada al oyente a un pasado tornasolado y granulado en el que se disfrutaba de cintas de cassette que contenían canciones decisivas para construir un imaginario embrionario que se consolidaría en la etapa adulta. Y, segundo, el álbum recoge el influjo de Lou Reed en el autor -como ha reconocido el mismo Mateos-, cuyo espíritu se sublima en el corte inicial, “Drella” (apodo de Andy Warhol y referencia al disco tributo que le dedicaron Reed y John Cale, “Songs For Drella” -Sire, 1990-). En cualquier caso, el LP desprende un poderoso aroma evocador, gracias al que se recuperan sensaciones que se creían olvidadas pero que sólo había que sacar del baúl de los recuerdos.

PREDICCIÓN DE FUTURO. Al ser un proyecto de Leo Mateos totalmente personal y en paralelo a Nudozurdo, no se sabe cuánto perdurará en el tiempo ni si tendrá continuidad, pronta o tardía… Todo dependerá del ánimo del madrileño por continuar explorando las posibilidades que ofrecen los sintetizadores y la producción individual. De lo que no hay duda es de que, aquí y ahora, Acuario es otro buen ejemplo del afianzamiento actual del synthpop en España, cultivado con sabiduría y enjundia por nombres refrescantes como Presumido, Computadora o Karen Koltrane.

DOS Y DOS SUMAN CINCO. Synth-pop + John Maus + poder evocador + Com Truise = Acuario

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