Vengadores: Infinity War

Cogemos las Gemas del Infinito y aplicamos su poder infinito una a una sobre esta crítica de “Vengadores: Infinity War”… ¿Cuál será el resultado? ¿Sobrevivirá?

 

EL RETO. La construcción del Universo Cinematográfico de la Marvel (también conocido como UCM) ha sido un proceso duro. Largo. De expansión lenta y paulatina, de altos y bajos pero siempre, a diferencia de lo que ocurrido con DC, con un plan bien establecido, con proyección al futuro, sin dejar que algunos de sus sonoros fracasos (véanse “Iron Man 2“, “Thor: El Mundo Oscuro” o incluso la fallida “Vengadores: La Era de Ultrón“) alterará en absoluto la hoja de ruta establecida.

De hecho, la culminación de estos diez años de expansión, esta “Vengadores: Infinity War” que nos ocupa, no era ninguna sorpresa, sino que todos los interesados en el género sabíamos de buena tinta a dónde iríamos a parar. Lo meritorio de la Marvel es que, aun conociéndose el plan, ha sabido mantener el interés, cuando no acrecentarlo. La denominada Casa de las Ideas ha creado un universo disfrutable, acusado muchas veces de seguir un cánon estándar rutinario, pero que, precisamente al ser reconocible en su tono y esquema, da por un lado exactamente lo que se espera y por otro se convierte en una máquina generadora de hype absoluto. De esta forma, “Infinity War” es la culminación tanto de años de trabajo y preparación por parte de Marvel como el momento culmen para las expectativas del fan. La pregunta obvia es :¿lo han conseguido?

Y la respuesta no solo es un sí, sino que hay que apostillar que ha sido un éxito a la grande, rompiendo todas las escalas posibles y sin perder ni un ápice de la personalidad que se le supone a este mundo súperheroico. Pero, un momento, preguntémonos: ¿es todo tan perfecto? ¿Estamos hablando de “El Gatopardo” del cine de superhéroes o, por el contrario, el subidón nos está nublando el criterio? Repasemos los pros y los contras usando nuestras particulares Gemas del Infinito.

 

Vengadores: Infinity War

GEMA DEL PODER: Thanos, enemigo a las puertas. Desde los post-créditos de la primera película de Los Vengadores, el personaje de Thanos ha estado más o menos presente en los siguientes films del UCM apareciendo, eso sí, como una sombra, como una amenaza latente cuyos planes no eran desconocidos aunque siempre estuvieran ligados a unas Gemas del Infinito también omnipresentes y que, además, se perfilaban como eje detonante del drama final que iba a suponer esta tercera parte de la saga.

Con buen criterio, los hermanos Anthony y Joe Russo, directores del film, deciden poner en el centro del Parque de Atracciones Galáctico a Thanos (nombre que remite inmediatamente a Tánatos, Dios de la muerte no violenta), no tanto por ser revelado como el archienemigo definitivo sino por dotarlo de una entidad que le convierta en epicentro de la trama. Efectivamente, no estamos ante el clásico villano a rebufo de los héroes, tampoco es un malo con cuentas pendientes por esto o aquello. Aquí, Thanos se revela como ente independiente, con agenda propia, y es la pléyade heroica la está sufriendo por intentar derrotarle.

Un elemento clave para la construcción del personaje es el desarrollo de un discurso. Es un discurso genocida, por supuesto, pero tremendamente sólido y argumentado hasta el punto de que, en cierto momento, se puede llegar a empatizar (o como mínimo comprender) las razones que expone. Otra cosa, naturalmente, es estar a favor de ello; pero cuando se consigue que el espectador se ponga en la piel (algo irónico, teniendo en cuenta que es puro CGI) de un personaje así, es que se ha construido psicológicamente de forma correcta, alejándose así de una exposición unidimensional que lo convirtiera en una especie de psicópata galáctico de pura maldad aleatoria.

Y, sí, puede que Thanos resulte maldad pura, pero siempre a ojos del que lo contempla. Thanos demanda, Thanos no tiene piedad en la escala de los valores humanos. Pero, sin embargo. se nos dibuja a un ser que tiene un código, una coherencia y una gama de sentimientos variada que van desde el ansia de poder hasta el amor. Un personaje, pues, complejo, admirable y al mismo tiempo detestable, pero sin duda imprescindible.

 

Vengadores: Infinity War

GEMA DEL ESPACIO + GEMA DEL TIEMPO: Equilibrios improbables. Infinity War” es, sin duda, una muestra de gigantismo cinematográfico absoluto que va más allá de los códigos habituales en los blockbusters. Esto es un espectáculo total, magnético, que cuenta con la dificultad añadida de tener que repartir protagonismo y minutos entre un elenco casi inacabable de superhéroes, coordinar tramas y conseguir un desarrollo que no se limite (tan solo) a encadenar escena de acción tras escena de acción.

Los hermanos Russo optan por tirar, al igual que ya hicieron en las dos entregas anteriores de la saga “Capitán América“, de épica pura. Ruido, furia y destrucción se concatenan sin casi dar respiro aunque, eso sí, consiguen articular un discurso que permite seguir con expectación el film más allá de la espectacularidad de sus escenas. A sabiendas de que basarlo todo en un mero show de lucimientos personales podría acabar por agotar, en el mal sentido de la palabra, ya que, efectivamente, uno acaba exhausto ante tal avalancha de emociones.

Claro está que una obra de magnitud gigante como “Vengadores: Infinity War” dista mucho de ser perfecta. Hay cosas que claramente no funcionan, tramas secundarios que están mal desarrolladas, decisiones de guión algo patilleras, más destinadas a seguir incluyendo personajes que a tener una lógica interna (la aparición de Cráneo Rojo es paradigmática de esta situación) o, por el contrario, se resuelve de mala manera la ausencia de personajes como Ojo de Halcón y Ant-Man mediante una línea de diálogo que parece más una excusa poco elaborada que a una planificación concreta de su no presencia.

No obstante, estas fallas se nos antojan pecata minuta si uno tiene en cuenta la sensación final que desprende el conjunto y que se resume en la necesidad de seguir disfrutando de la película, de pedir más y más metraje aunque se alargara a una duración digna de Lav Díaz.

 

Vengadores: Infinity War

GEMA DE LA MENTE: Desdramatizar el holocausto. No está en nuestro ánimo hacer spoilers de la película (eso nos convertiría en algo más dañino que el propio Thanos), pero es algo de cajón que la condición de film culminación de “Infinity War” traería bajas sonadas. Un body count del que no vamos a hacer lista, ni tan siquiera impresiones, por no dar pistas sobre la identidad de los finados. Lo que sí queda al asistir al desenlace del film es un impacto dramático tremendo, un shock importante que abre numerosas dudas y debates (entre otros sobre la idoneidad de los difuntos) y que ha dejado más de una sala temblando ante la magnitud del drama.

Quizás por ello, los Russo recogen dos aspectos que matizan y enriquecen el tono del film. Por un lado, el factor “Guardianes de la Galaxia“; y, por otro, el humor, entre absurdo y socarrón, que Taika Waititi introdujo en “Thor: Ragnarok“. Y es que el factor humor resulta decisivo como atenuante de la gravedad del asunto, dando respiros y provocando algunos de los mejores gags del film hasta el punto que, por momentos, más que a la tercera parte de “Los Vengadores“, estamos asistiendo a otra película de los Guardianes sazonado con la aparición de los héroes terráqueos.

Algo que, por otro lado, resulta totalmente lógico si pensamos en la dimensión galáctica del film. De esta manera. tanto Thor como los Guardianes acaban siendo, de alguna manera, el contrapunto a Thanos, ejerciendo de contrapeso y aligerando un conjunto que pudiera haber pecado de ínfulas excesivas de trascendencia y gravedad.

 

Vengadores: Infinity War

GEMA DEL ALMA + GEMA DE LA REALIDAD: Épilogos inconclusos. En definitiva, “Vengadores: Infinity War” es, a pesar de sus debilidades ya comentadas, un triunfo en toda regla, una descarga de excitación y adrenalina. Un auténtico festín orgásmico que va más allá del fan service y consigue satisfacer incluso a aquellos a los que el mundo de las aventuras superheróicas les deja un tanto indiferente, precisamente debido a su capacidad para entender a qué realidad pertenece, a que público está destinada, pero todo ello sin renunciar a tener fondo, a tener un alma.

La Marvel en general y los hermanos Russo en particular han culminado el periplo de la mejor manera posible. Ahora bien, el reto que se pone por delante es quizás más arriesgado que nunca porque, visto el desenlace, la pregunta que uno se hace es: ¿y ahora qué? O más importante todavía: ¿cómo superar esto? En un año, tendremos la respuesta. [Más información en la web de “Vengadores: Infinity War”]

 

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