UP

¿Hace falta alguna excusa para destacar una entrevista a Chlöe Sevigny en estado puro? En esta, además, nos deja entrever su armario y nos dice que está de la moda hasta su ojete (cool).

El artwork del album entre Kanye West y Jay Z, “Watch The Throne“, estará hecho por no less than Ricardo Tisci de Givenchy. Será discarral del año, oro puro, literal y figuradamente. Como si lo viéramos.

The Lingerie Addict es, como su nombre indica, una web para frikis de la lencería. Pero es que, además, esta semana se la han dedicado al corsé: ese amigo / enemigo.

Los Cuff Bags de Louis Vuitton como siempre son lo más. Nada mejor para pasearte por el FIB con ellos atados sin tener que preocuparte de que te lo robe de un tirón algún hooligan con ganas de guerra.

El comeback por todo lo alto de Björk. Atención a la nueva tendencia de la próxima temporada: el espantajismo. Helena Bonham-Carter estará encantada.

Anna Wintour recibe la más elevada condecoración francesa: la medalla de la Legión de Honor. Como siempre, ahí, petándolo.

Kate Moss, la Musa, preciosa como nunca en su boda vestida con un Galliano inspirado en Zelda Fitzgerald. Su marido también perfecto. Así, sí.

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DOWN

El fotógrafo Terry Richardson se hace un Luis Rollán en la boda de Kate Moss.

Estas bailarinas Louboutin fetish. Incómodas, inverosímiles y lo que es peor: feas a rabiar.

La fotógrafa alemana Anna Skladmann retrata a los hijos de las grandes fortunas rusas. En FPM, las fotos con niños siempre nos recuerdan a fotogramas de “El Resplandor“. Si a eso le sumamos el anquilosamiento en el que supuestamente viven estos infantiles herederos, la cosa queda de lo más creepy. Eso sí, fotones señores.

Karl Lagerfeld es un experto creando polémica alrededor de los desfiles de Chanel. Lo último, el orden de cómo se sentarán sus musas en el desfile. Se desprende algo que ya se sabía pero que nunca deja de sorprender: lo caprichoso, veleta y enfermizo control freak que es.

Dicen por ahí que Kingston Rossdale es un total Child It Boy. Pero siendo como es hijo de Gwen Steffani, sabíamos que tarde o temprano pasaría algo así.

El primer desfile de Dior sin Galliano on board. Un horror.

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