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Hace unos días, Whomadewho actuaban en el Sónar 2014 dejando una cosa bien clara: lo suyo es hacer que las masas bailen de forma desprejuiciada, ya sea base de ritmazos calentorros, de visuales cachondones o de versiones tan desprejuiciadas como la del “Satisfaction” de Benny Benassi en versión guitarras garrulas. Lo de los daneses es música para los pies, para la entrepierna, puede que para los hombros, pero nunca para el corazón. Por eso mismo suena a poderosa declaración de intenciones que Tomas Barfod haya titulado su segundo álbum en solitario y al margen de la banda con el preclaro título de “Love Me” (Secretly Canadian, 2014): contra el gamberrismo ultra-físico de Whomadewho, Barfod prefiere poner el acento sobre el corazón; contra el desfase, la contención; contra el sexo, el amor. Y eso, evidentemente, había de verse reflejado de alguna forma u otra (o más bien de miles de formas) en las once canciones contenidas en este álbum.

Tampoco ha de escapar a nadie que Whomadewho también han decidido recientemente bajar las revoluciones de su sonido habitual, tal y como prueba el lanzamiento hace unos meses de “Dreams” (Darup Associates, 2014), y lanzarse a la revisión de los ochenta menos estridentes, más nocturnos, más sensuales. En “Love Me“, Barfod se mueve en unas coordenadas musicales similares, pero en unas coordenadas emocionales radicalmente opuestas: en su segundo álbum, el batería de Whomadewho también practica el contacto físico, pero en su variante de abrazo más que de folleteo; explora las caricias, pero son caricias contemplativas de amor noctívago e insomne más que reveladoras caricias de deseo. Y, al fin y al cabo, resulta casi imposible determinar si el “Love Me” del título es un guiño con un toque de humor (algo de lo que este disco adolece por completo, dicho esto como algo que no es ni negativo ni positivo, sino que simple y llanamente es) o una llamada a la acción dirigida tanto a quien escucha como a quien le rodea. Porque si hay alguien que le demuestra amor a Barfod en estas once canciones es el total de seis colaboradores que se dedican a poner voces para llevar a los temas hacia un estado superior de conciencia: por las canciones de “Love Me” circulan viejos conocidos como Jeppe Kjellberg (compañero de fatigas de Barfod en Whomadewho), Luke Temple (cantante de Here We Go Magic), Sleep Party People (el disfraz más conocido de Brian Batz), Night Beds (el proyecto de Winston Yellen), Pell y, por encima de todas las cosas, la sueca Nina K, que colabora en un total de cuatro temas. Todos ellos le entregan su amor a Barfod… Y Barfod se lo devuelve con creces en forma de clásicazos inmediatos.

Y es que “Love Me” esta preñado de himnos a medio tiempo destinados a convertirse en la banda sonora no de las premuras fisiológicas de la generación de los 20, sino más bien de la tranquilidad cálida de la generación de los 30. La primera referencia en la que podría pensarse al intentar acotar el sonido del segundo disco de Barfod es precisamente el gusto por el disco cinemático ochentero post-“Drive“, algo así como una aproximación a Chromatics intentando apartar los kilos de niebla con un aspirador de buenas intenciones: desde el interludio instrumental puramente Moroder de “Mandalay” hasta la claridad de líneas new wave de “Busy Baby” (¿El mejor tema del lote y uno de los mejores temas del año? Esperen ustedes, que todavía queda telita que cortar en “Love Me“…) pasando por el crepitar típicamente Johnny Jewel de “Waiting for Us” o esa “Lost” que cierra el disco como si cerrara un film de pandillas callejeras de los 80… Pero estas no son las únicas referencias que maneja Barfod en “Love Me“, y de pronto puede sorprenderte tanto con una oda de body music en letargo propio del Craig Armstrong fílmico más noventero, con un dar sopa con ondas al laptomismo de habitación teenager de las nuevas generaciones en “Sell You“, a jugar a la casa de los espejos con Whomadewho en “Blue Matter” o a romper la baraja por completo y hacernos reflexionar en las posibilidades de unir trip-hop y nu-r&b en la muy subyugante “Honey” (ahora sí: la mejor canción del lote).

Impacta pensar en el ataque de hiperactividad de Tomas Barfod en la primera mitad de este 2014: no sólo ha lanzado disco con Whomadewho, sino que abrió el año con un EP bajo su propio nombre, le dio continuidad con varios singles y, ahora, finalmente, vuelve a rubricar un elegante punto y a parte sobre la hoja de su biografía con este “Love Me” que no sólo te obliga a amarle, a entregarte a sus brazos y a pensar “oye, haz conmigo lo que te dé la gana” sabiendo que te va a tratar con la delicadeza de los mejores amantes… Sino que también te obliga a reconocer que este hombre ha triunfado donde el “Dreams” de Whomadewho se quedaba a medias: ha triunfado a la hora de definir una personalidad novedosa que tome sonidos del pasado pero que suene a siglo 21. Las tornas están a punto de cambiar: Tomas Barfod está a punto de dejar de ser “el batería de Whomadewho” porque, a partir de este brillante “Love Me“, Whomadewho van a verse obligados a ser “la banda de Tomas Barfod“.

 

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