Conciertos hay muchos y muy variados, pero coincidiremos en que todos suelen evocar el mismo efecto de felicidad final en los asistentes siempre y cuando haya sido un espectáculo digno: hay pocos placeres mejores en la vida para un amante de la música que asistir a un espectáculo de uno de sus artistas favoritos. Estaremos también de acuerdo en que podemos distinguir entre muchos subtipos de conciertos: están aquellos de estadio en que uno queda afónico a las primeras de cambio, esos pequeños y sudorosos en que parece que se está acompañando a la banda en cada uno de los acordes, y también aquellos de una belleza tan abrumadora que puede resultar normal el encontrarse con gente a tu alrededor llorando de la emoción que les produce el escuchar en directo canciones que posiblemente hayan tenido una repercusión en sus vidas. Este es, precisamente, el tipo de concierto que podrían dar los protagonistas de hoy, unos The Decemberists que presentan su primer disco de directo como una celebración de sus primeros diez años de una exitosa carrera que se inició con el ya lejano “Castaways and Cutouts” (Kill Rock Stars, 2002). Ubicándolo en el contexto de la discografía de los de Oregon, este “We All Raise Our Voices to the Air (Live Songs 04.11-08.11)” (Rough Trade, 2012) viene a cerrar un ciclo de año y pico en el que no han parado, primero volviendo a sus raíces más folkies con el notable “The King is Dead” (Rough Trade, 2011), después embarcándose en una extensa gira mundial para acabar finalizando con el reciente EP “Long Live the King” (Capitol, 2011), aquella pequeña colección de ‘descartes’ de su última grabación.

Suele ser conveniente el tomarse con cierta reticencia este tipo de lanzamientos porque, en muchos casos, la exagerada grandilocuencia del directo que los inunda acaba por ensombrecer las canciones, que al fin y al cabo siempre son (o han de ser) las protagonistas. El riesgo de que ocurra esto es, sin embargo, menor si nos encontramos ante una banda de la talla de The Decemberists. Su líder Colin Meloy hace tiempo que es considerado, especialmente en el continente americano, como uno de los músicos mejores dotados de los últimos años, no sólo capaz de llevar a su banda a la élite sino de además participar activamente en la cultura del país con otros proyectos en el ámbito extramusical. Él viene a ser, por lo tanto, la garantía de que lo que nos vamos a encontrar en este “We All Raise Our Voices to the Air (Live Songs 04.11-08.11)” no debería decepcionarnos y, en efecto, no lo hace. Un doble disco conformado por un total de veinte canciones con concesiones a cada uno de sus seis trabajos, especialmente al último “The King is Dead“, a los celebrados “Picaresque” (Kill Rock Stars, 2005) y “The Crane Wife” (Capitol, 2006), además de contadas apariciones del injustamente maltratado “Hazards of Love” (Capitol, 2009) al que el quinteto parece, al igual que la prensa, haber enterrado. Resulta difícil destacar unos cortes por encima de otros, pero si tuviéramos que elegir, y habiendo tenido la oportunidad de presenciar el mágico espectáculo de Meloy y compañía recientemente, merece la pena señalar la interpretación de “The Crane Wife 1, 2 and 3” (algo más de quince minutos de emociones), la inicial “The Infanta” (inicio así mismo de “Picaresque“) o, por supuesto, la teatral y siempre reclamada hasta la saciedad “The Mariner’s Revenge Song” (pieza clave de su discografía también incluida en “Picaresque“).

Si a este trío de ases se le suman además cortes del nivel de “Rise to Me“, “The Rake’s Song“, “Rox in the Box” o “Down in the Water“, acabas por conformar un sólido lanzamiento de directo, que evita los riesgos ya analizados previamente que suelen entrañar este tipo de grabaciones, ofreciéndonos una versión más que solvente de los americanos en directo. Una versión que confirma el buen estado de forma de Meloy y sus colegas diez años después de su debut, no sólo a la hora de encerrarse en el estudio y tratar de reinventarse con cada lanzamiento, sino también cuando llega el momento de elaborar el setlist antes de cada concierto y descubrir que se tiene un repertorio tan amplio y variado entre el que elegir, algo que debería de ser siempre una de las mayores preocupaciones de toda banda que se precie.

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