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“Enamorarse es como una forma de locura socialmente aceptable”. Pero, ¿qué pasa cuando lo haces de un sistema operativo inteligente? La serie inglesa “Black Mirror” trataba de responder a este interrogante en uno de sus capítulos de la segunda temporada, y también lo hace Spike Jonze con “Her“, aunque de una forma mucho menos sarcástica y tremendista que la serie de Charlie Brooker. La diferencia reside, quizás, en que la serie plantea las consecuencias de un mal uso de las nuevas tecnologías -y el sometimiento de la sociedad a estas mismas-, mientras que el director de “Cómo Ser John Malkovich” habla del amor y la soledad en un contexto futuro que bien podría ser presente, en un espacio temporal en el que la tecnología ha ido un paso más allá.

En 1967, Michael Snow experimentaba sobre los límites de la distancia focal con su film “Wavelength“. Con “Her“, Spike Jonze experimenta sobre los límites de la capacidad sensorial del ser humano, su longitud de onda. En el contexto de la sociedad actual, donde las redes sociales parecen dictar que lo que “no se ve” no existe para los demás, el director americano reflexiona sobre todo lo contrario: ¿Algo que no se ve también puede hacernos sentir a nivel físico y emocional? Theodor (el Joaquin Phoenix más entrañable de toda su carrera), lo confirma: aquí interpreta a un hombre divorciado cuya vida ha perdido cualquier chispa que en tiempos pasados pudiera tener. En esa tesitura se encuentra cuando decide comprarse un sistema operativo que finalmente, le hará sentir y celebrar la vida de nuevo.

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Y no sólo es Theodor quien lo vive y lo experimenta, sino que Jonze transmite unos sentimientos puros de alegría y sensibilidad y, además, consigue que el espectador sienta en primera persona los síntomas del enamoramiento gracias a las cuidadas imágenes donde los colores lucen más que nunca y desprenden una calidez que, personalmente, sólo he encontrado antes en “Lost in Traslation” (2003). De las panorámicas del Tokio nocturno de Sofia Coppola también hereda algo “Her“. De hecho, desde aquella película es difícil recordar a una Scarlett Johansson tan genial. Quizás sea porque, al fin y al cabo, con esta película Jonze me ha convencido de que ver no es la única ni tampoco la mejor manera de sentir.

[Elena Eiras]

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