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Diane, 11:30 a.m., 24 de febrero. Entrando en la localidad de Twin Peaks. Cinco millas al sur de la frontera con Canadá, doce millas al oeste del límite del estado. Nunca había visto tantos árboles en mi vida”. Esta es, más o menos, la traducción de las palabras que el agente especial del FBI Dale Cooper registra en su grabadora mientras conduce en dirección a Twin Peaks, el pueblo que da nombre a la icónica serie televisiva de David Lynch y Mark Frost y en el que debe resolver el misterio de la muerte de Laura Palmer. Más de dos décadas y justo un día después de esa catódica alocución vio la luz Agent Cooper (Octubre / Sony, 2014), el disco con el que Lourdes Hernández, Russian Red, homenajea en su título al memorable personaje interpretado por Kyle MacLachlan  y al que recurre -tras convertirlo en el pasado en un ideal de amor inalcanzable, según ha revelado la propia Lourdes– para crear un alias con el que repasar aquellos hombres que, ya fuese real o ficticiamente, han formado parte de sus historias emocionales y sentimentales. Esta es la base argumental que rodea el tercer trabajo de la madrileña -parece que el álbum conceptual ha regresado con fuerza: ahí está también el reciente Let’s Go Exticnt (New World Records, 2014) de Fanfarlo-, que se muestra, por un lado, como una especie de ajuste de cuentas con una parte de esos representantes del género masculino que han pasado por su vida y, por otro, como un acto de devoción por algunos de ellos.

Aunque, más allá de la trama que une cada corte de “Agent Cooper” y que se desgrana mediante cada uno de sus evidentes títulos -de nuevo la misma Lourdes se ha encargado de revelar su origen, aquí no hay hueco para juegos crípticos…-, llama la atención el proceso a través del cual se dio forma al LP y que, a la postre, influyó en el sonido de la Russian Red actual. Trasladada a Estados Unidos como respuesta a una necesidad no sólo artística, sino también vital, la madrileña se asentó en Los Angeles para comenzar a trabajar con Joe Chiccarelli  (My Morning Jacket, The Killers) en la producción de este disco, siguiendo la línea expansiva marcada en el previo Fuerteventura (Sony BMG, 2011), concebido en Glasgow de la mano de Stevie Jackson (más otros miembros de Belle & Sebastian) y Tony Doogan.

El resultado obtenido esta vez en el estudio muestra a una Russian Red firmemente inclinada hacia la electricidad -de un modo similar al de Anni B Sweet en Oh, Monsters! (Subterfuge, 2012); la comparación es inevitable, al reflejar más de un paralelismo formal-, culminando un viaje estilístico que la ha llevado del folk de porcelana de sus inicios al pop lustroso y, ahora, al pop con derivaciones rock y viceversa. En “Agent Cooper” el algodón no engaña: Lourdes tensa su interpretación vocal -aun conservando matices delicados- y se apoya en riffs guitarreros que provocan dulces calambrazos en los oídos y sólidas líneas de bajo hasta acercarse con sentido y sensibilidad a la new-wave ochentera (actualizada). Aquí es donde más se nota la labor de Joe Chiccarelli: “Michael P” y “John Michael” se embadurnan de un sonido que recuerda poderosamente al practicado por The Killers, como si Russian Red fuese el reverso (aún más) femenino de Brandon Flowers.

La vuelta al pop que caracterizó “Fuerteventura” y que tantos buenos réditos ha proporcionado a Russian Red se concreta en dos piezas que, curiosamente, transmiten sensaciones de admiración y amor platónico: “Stevie J”, inspirada en Stevie Jackson y, por ende, con reminiscencias a Belle & Sebastian; y “Alex T”, bautizada en honor a Alex Turner, líder de Arctic Monkeys, agitador de la imaginación romántica de Lourdes. Pero, no hay que olvidarlo, “Agent Cooper” sobresale por enseñar la renovada cara de la madrileña, de ahí que “Casper” ocupe un lugar prominente en el repertorio por su acertado ritmo mutante -funciona como dos canciones diferentes en una- y una pegadiza melodía que dejaría en bragas a sucedáneos del estilo de Virginia Labuat. Junto al mencionado single, “Anthony” mantiene el tempo vivo y, de paso, ratifica la importancia de la base rítmica (esa guitarra espaciada de fondo…) en el álbum para, igualmente, aproximarse al pop urbano à la Pretenders en “William”.

La autobiografía íntimo-afectiva que es “Agent Cooper” no adquiriría pleno significado si no se intercalaran en ella ciertos tonos sonoros oscuros, aplicados de manera impecable en la taciturna y atmosférica “Neruda”, la introspectiva “…Xabier” -cuyo desarrollo progresivo se materializa sobre riffs eléctricos poderosos y relativamente grandilocuentes- y “Tim B”, de sombrío poso acústico que actúa como perfecto epílogo del álbum y completa un trabajo repleto de referencias, que van de la llamativa portada del LP -como se preguntó uno de nuestros redactores: “¿es la foto o sale un poco Miley?”– a la explosiva portada en la edición española de Rolling Stone, pasando por el videoclip de “Casper” -rodado en una estancia del Pink Motel angelino (el que aparece en “Drive”), tan lynchiana y con una ambientación rojiza como la de la mítica habitación de “Twin Peaks”-. Pero que los árboles norteamericanos entre los que se ha instalado Lourdes Hernández no nos impidan ver el verdadero bosque: “Agent Cooper” conjuga esos símbolos externos de un modo natural, sin que se impongan sobre los aspectos musicales. Porque de eso se trata, de música, y del afán de Russian Red por enriquecer su propuesta y avanzar. Bravo por ella.

 

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