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Soplan vientos de cambio en el pequeño de universo de Rusos Blancos. Embarcados en la apasionante a la par que complicada aventura de la autoedición y la autoproducción, los madrileños han decidido reformular su conocido libro de estilo practicando un giro llamativo dentro de su personal visión del pop sin renunciar a sus dos principales señas de identidad: la melodía, siempre reconocible y con efectos adhesivos; y la lírica, modelada de tal modo que huye de los lugares comunes de ese espacio tan común que es el amor y todas sus connotaciones (tanto emocionales como físicas). Ambos elementos componen el tuétano de la nueva referencia de la banda, el EP Crocanti” (autoeditado, 2015), pero el tejido sonoro que lo cubre rompe todos los esquemas establecidos previamente con respecto a Rusos Blancos al mostrar texturas electrónicas, beats entre bailables y atmosféricos y ritmos preñados de sintetizadores fluorescentes.

Sí, amigos, Rusos Blancos se han subido a la nueva ola electro-tecno-pop que cruza la escena alternativa patria desde hace unas temporadas y han cambiado los variados ropajes de su pop clásico -tendente hacia el indie canónico, el northern soul, el blues o la orquestación- por las vestiduras confeccionadas para lucir tanto ágilmente en la pista de baile como en reposo en posición horizontal. Un detalle que habla a las claras de que la apuesta sintética de Rusos Blancos va en serio es el hecho de que hayan prescindido para la ocasión de la batería a favor de la caja de ritmos y las programaciones; aunque ya les delatan, de entrada, las letras de neón que perfilan el crujiente título de este extended play y la tipografía retrofuturista de su nombre en la portada.

Conjugados todos estos ingredientes, “Crocanti” condensa en sólo cuatro cortes el potencial de Rusos Blancos dentro de la asignatura del electro-pop y sus derivados. En este sentido, se aprecia con notoriedad en el aspecto compositivo la mano de Javier CarrascoBetacam’, doctor en dicha materia. Luego, la afilada y afinada pluma de Manu Rodríguez completa el proceso prolongando su costumbre de diseccionar con agudeza los avatares de las relaciones sentimentales (y sexuales, claro). Ahí queda para ratificarlo uno de los nuevos hits del grupo, “Camas y Trincheras” -con coros de Fran Nixon-, íntegra metáfora bélica que, gracias a sus versos, abrillanta el concepto de los tiras y afloras amorosos tomados como auténticas batallas campales; y, gracias a su dinámica envoltura, recuerda que uno de los mejores lugares para dar rienda suelta a la tribulaciones románticas es la discoteca (junto a la alcoba y el baño, habría que añadir…). Extiende esta sensación la saltarina “A Otra con Esas”, en la que el piano noventero y la entrada final del saxo acotan un toma y daca vocal pimpinalesco en el que la figura masculina tiene todas las de perder.

Pero este EP no se mueve exclusivamente en el terreno del dance, sino que también relaja su nervio en tramos que se empapan de synth-pop brumoso derivado directamente de los 80 (“Mujer Mística”) y anclado en la rabiosa actualidad, a la que Rusos Blancos se arriman en “Magnum Black” aproximándose al neo R&B sensiblero y fogoso, ennegreciendo su pálida tez y auto-tuneando la voz de Manu hasta tal punto de que se puede observar la pieza como una parodia del género.

Teniendo en cuenta su, por momentos, llamativo contenido, “Crocanti” tanto sabe a dulce tentempié como deviene en experimento que Rusos Blancos utilizan para explorar diferentes vías de expresión a la espera de que publiquen su tercer álbum. ¿Seguirá este la senda iniciada aquí?

 

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