¿Qué tienen en común el punk-rock británico de Shame y el indie-pop kiwi de Rolling Blackouts Coastal Fever?

Shame hacen punk-rock británico y Rolling Blackouts Coastal Fever hacen indie-pop con acento australiano… Entonces, ¿qué tienen en común estas dos bandas?

 

¿DE DÓNDE SALEN? Shame, del sur de Londres… Pero rebobinemos hacia las primeras semanas de este año. En aquel momento, Charlie Steen (voz), Sean Coyle-Smith y Eddie Green (guitarras), Josh Finerty (bajo) y Charlie Forbes (batería) se encontraban en un punto crucial de su carrera, ya que se disponían a cumplir todas las expectativas que se habían generado a su alrededor los meses previos con su debut en largo, “Songs Of Praise” (Dead Oceans, 2018). En realidad, ese era el destino natural de los miembros de Shame desde su nacimiento en 2014, tras pasar de ser compañeros de escuela a formar su propia banda.

A partir de ahí, el quinteto fue labrando desde el pub Queen’s Head de Brixton (el cuartel general de Fat White Family) una trayectoria musical según postulados DIY (por pura necesidad, no simple postureo) que empezó a dar sus frutos a través de su primeros singles, el doble cara A “The Lick / Gold Hole” (2016) y “Tasteless” (2017), que los encumbraron como grupo revelación del nuevo punk-rock británico. De hecho, el sello Dead Oceans no se lo pensó dos veces cuando los reclutó en 2017. La excitación que provocaban Shame era, de alguna manera, equiparable a la despertada por Arctic Monkeys en sus inicios porque, al contrario de grupos de nueva hornada como The Amazons o The Sherlocks, no adolecían de un discurso vacuo y su sonido no estaba hecho con una plantilla trillada y rutinaria.

El recorrido de Rolling Blackouts Coastal Fever se desarrolló en paralelo al de Shame, pero en las antípodas, concretamente en Melbourne. Allí arrancaron en 2013 los vocalistas, guitarristas y compositores Fran Keaney, Tom Russo y Joe White (primo de Keaney) más Joe Russo (hermano de Tom) al bajo y Marcel Tussie a la batería, que se habían fogueado en varios conjuntos garageros antes de unir fuerzas. También en 2016 dieron sus primeros pasos discográficos con el EP “Talk Tonight” (Ivy League, 2016), que llamó la atención en Australia por su indie-pop próximo al de The Go-Betweens, aunque más electrificado y robusto.

Su siguiente referencia, el EP “The French Press” (Sub Pop, 2017), significó para Rolling Blackouts C.F. (así es su abreviada y futbolera denominación) practicar un gran salto al fichar por el sello Sub Pop, que les proporcionó una gran proyección internacional impulsados por su estreno en largo, “Hope Downs” (Sub Pop, 2018), disco grabado durante dos semanas en directo y en la misma sala sin trucos de estudio que corroboró tras su salida este pasado verano que la promesa australiana se había hecho realidad.

Shame

NOS TIENEN TÓ LOCOS PORQUE… Rolling Blackouts C.F. absorben en “Hope Downs” con sentido y habilidad la herencia del indie-pop ochentero que la mítica discográfica Flying Nun diseminó por todo el globo terráqueo desde Nueva Zelanda para regurgitarla en un jangle-pop relleno de melodías con gancho y ágiles riffs guitarreros y embadurnado con una cierta pátina retro.

Los propios Rolling Blackouts C.F. definen su estilo sólido pero maleable como hard-pop o soft-punk, cuya energía hace de “Hope Downs” un trabajo vibrante, fresco y rebosante de ejemplos en los que una firme sección rítmica envuelve estribillos adhesivos. Para comprobarlo, basta con escuchar sus cuatro primeros cortes: “An Air Conditioned Man”, “Talking Straight”, “Mainland” (uno de los temas más representativos del lote por su efervescencia) y “Time In Common”, a los que habría que sumar el brío de “Bellarine”, la calidez eléctrica de “Sister’s Jeans” y la pureza pop de “Cappuccino City” para establecer los ejes sobre los que se sustenta el LP. Pero no hay que fijarse sólo en el continente, sino también en el contenido, que canaliza la resignada visión de cinco jóvenes australianos ante el imparable avance de un mundo cada vez más loco y salvaje.

Shame tampoco se cortan a la hora de criticar el actual estado de las cosas desde su perspectiva veinteañera. “Songs Of Praise” (atención a su portada, una relectura muy british de la del “Pet Sounds” de The Beach Boys) es un reflejo del desencanto de un grupo que abre en canal la realidad que le rodea (más y menos cerca) y captura el angst de los tiempos modernos alimentados por un punk-rock y un post-punk (aderezados con algunas gotas power-pop) que los sitúan como dignos continuadores del legado de The Fall (el fallecido Mark E. Smith es su mayor influencia confesa), Gang Of Four, The Clash o Sex Pistols.

Ya sea contra el narcisismo de las estrellas del rock (“Gold Hole”), la incertidumbre ante el inminente fin de una relación sentimental expresada con rabia (“Concrete”), la monotonía de la vida diaria bajo la que se entierra la gente corriente (“Tasteless”) o los escépticos que no creían en sus posibilidades (“One Rizla”), Shame disparan a todo los que les preocupa y se pone por delante, hasta conformar la banda sonora de las nuevas generaciones rockeras en el Reino Unido. Incluso hacen hueco en sus canciones a temas tan espinosos como las políticas de Theresa May al frente del gobierno británico, a quien dedicaron en su momento “Visa Vulture”, no incluida en “Songs Of Praise”, aunque le habría dado un toque diferente a su vigoroso repertorio, que transcurre con el nervio tensado concediendo puntuales momentos de respiro.

Rolling Blackouts Coastal Fever

PREDICCIÓN DE FUTURO. Shame pueden recordar a muchos grupos clásicos británicos (no sólo por su sonido, también por su estética) y en “Songs Of Praise” es fácil identificar sus referencias. Pero su propuesta es lo suficientemente potente y vitaminada para no dudar de su capacidad de llevar el punk sin aditivos ni fuegos de artificio a un público amplio y diverso, incluidos aquellos que podrían haberse aburrido de las guitarras eléctricas. Así lo han demostrado tocando sin descanso por todo el mundo y vaciando sobre las tablas (especialmente Charlie Steen) toda la energía que los ha convertido -siguiendo la estela de IDLESSlaves– en el gran ariete rockero de las islas.

Al igual que sucede con los londinenses, es sencillo establecer comparaciones entre Rolling Blackouts C.F. y sus ascendentes musicales. De acuerdo, por su destreza compositiva y su ágil sonido son considerados los sucesores de bandas emblemáticas de las antípodas como -además de The Go-Betweens– The Clean, The Bats o The Chills y menos conocidas (injustamente) como sus convecinos The Zebras. Sin embargo, no hace falta acudir a las recurrentes analogías para darse cuenta de que los logros obtenidos por Rolling Blackouts C.F. con “Hope Downs” los colocan -junto a The Goon Sax– como uno de los grupos más atractivos no sólo del actual indie-pop australiano, sino también del global.

DOS Y DOS SUMAN CINCO. Punk-rock + post-punk + furia y rabia en Londres + lengua afilada = Shame / Indie-pop + herencia kiwi + ganchos melódicos + luminosidad australiana = Rolling Blackouts Coastal Fever

MÁS EN… la webel Bandcamp de Shame y en la web y el Bandcamp de Rolling Blackouts Coastal Fever.

MIRA… “One Rizla” de Shame y “Sister’s Jeans” de Rolling Blackouts C. F.

 

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