Parece que no, pero sí. Los indies, llegado el caso, pueden llegar a ser románticos, eróticos, poseedores de un exótico lenguaje para conectar tanto con las zonas más ácidas de una escena que se debate entre la baja fidelidad y las producciones ochenteras y las gargantas adormecidas, entrenadas para agitar pseudo-vómitos consecuencia de un atracón de pastillitas tranquilizantes. Pure X (a.k.a. Pure Ecstasy: como prefiráis) debutan en largo con “Pleasure” (Acéphale Records, 2011), una suerte de tratado proto-psicodélico sobre la armonía, la lentitud, la declaración de amor ñoña y la letra pequeña que se esconde bajo cada fotografía de Polaroid.

La historia de Pure X es muy típica: tres muchachos que van juntos a un colegio de Austin, que deciden ponerse a tocar, que llaman a su banda Pure Ecstasy, que se comienzan a rodear de una estética tan embrujada como sensual, que alquilan un piso compartido con Stefanie Franciotti (de Sleep ∞ Over), que se empapan del movimiento lo-fi embebiendo para sí mismos un tono tan slowcore como dream pop en sus melodías, que empiezan a ser palmeados por plataformas líderes en el alzamiento de las nuevas tendencias musicales como Pitchfork, Chocolate Bobka o Altered Zones y que, tiempo después de coquetear con un formato más íntimo, pequeño y menos arriesgado como el de los singles en 7’’, se lanzan a la piscina con casi cuarenta minutos de pura pleitesía a los mitos griegos, al derroche juvenil, al sexo tántrico en cámara lenta y a la insoportable levedad del (no) ser. En esas se posan Nate Grace, Jesse Jenkins y Austin Youngblood, los culpables de convertir “Pleasure” en uno de los discos del verano y en los líderes de una escena en ebullición que presta paladar tanto a la psicodelia folky de Woods o Real Estate como al pastoreo mainstream de Fleet Foxes, el slowcore más plano de Low, la psicodelia de solana de Sun Glitters, la bizarrada naturalista jonda de Julian Lynch o la discreción witch-housera de los anteriormente mencionados Sleep ∞ Over, pero también de oOoOO o Memory Tapes.

Grace coloca la garganta en una posición de resignación depresiva que lo acerca tanto a la pose de juventud perdida de aquellos shoegazers que nunca levantaron la cabeza del suelo, pero también con cierta ala de nuevo croonerismo indie de tonos ocres, aportando sensualidad, matices y buenas canciones a un proyecto que se antoja lineal pero que abre las puertas a una alternativa posible a bandas con cada vez mayor aceptación como Beach House o Wye Oak. En el caso de Pure X los tiros van más por una escena de nuevos hippies americanos que se empollaron el manual digger de los 60 y trasladan sus intenciones hacia sonidos que conectan tanto con The Mamas and the Papas y Fleetwood Mac como con los divos post-adolescentes ultra-underground de una nueva era de lo-fi como pueden ser Lonely Galaxy, Perfume Genius, Minks o Fluffy Lumbers. Allí es donde canciones lineales como “Dry Ice,”, “Dream Over“, “Stuck Livin” o “Twisted Mirror” hacen de la pausa rítmica, de la reverberación en low motion y del espacio atmosférico una seña de identidad tan útil y necesaria como cuasi adictiva. Siesta y mantra para las nuevas generaciones de artys románticos.

[Alan Queipo]


Twisted Mirror by PURE X

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