pumuky

Lo crean o no, a un servidor todavía le golpean con fuerza en el cerebro y el pecho las vibraciones de Plus Ultra (Jabalina, 2011), obra magna que -haciendo honor a su título- llevó al infinito a Pumuky hasta situarlos en el Olimpo del pop sensible, nostálgico y radicalmente honesto. Imposible olvidarse de las canciones que contenía aquel disco, como las superlativas “Quinta da Regaleira” o “Gara”, que todavía siguen incrustadas en muchos corazones convertidas en lejanas reminiscencias de preceptivas exorcizaciones emocionales y dolorosas rupturas con el pasado. Entre esas coordenadas tan intensas y dramáticas se movía “Plus Ultra”, que dejaba sin resuello al oyente tras obligarle a abrirse en canal a punta de palabras de significante vaporoso pero significado incandescente. Si el mundo se hubiera acabado poco después de la salida del citado álbum, no habría pasado nada: el alma habría estado suficientemente liberada para desprenderse del cuerpo y encontrar adecuado reposo en el lugar que le hubiese correspondido en el más allá.

Pero el mundo no se fue al garete, ha seguido girando… Así que sólo había que dejar que el tiempo avanzase implacable para, cuando el destino lo dictase, Jaír y Noé Ramírez, Adán Zeus y Daniel Benavides publicasen la continuación de “Plus Ultra”. Eso sí, siendo plenamente conscientes de que aquel disco era único y de que la banda canaria no estaba forzada a entregar por decreto un trabajo que igualase los excelentes resultados de su predecesor, sino una evolución natural dentro de los parámetros estilísticos que han definido la especial identidad de Pumuky. En este sentido, hace un par de años, el EP Pumuky y el Eterno Femenino (Jabalina, 2013) se planteó como referencia para intuir cuál sería la dirección, sobre todo sonora, que los canarios tomarían en el futuro: tal y como habían mostrado anteriormente, ensoñadora, delicada y apoyada en un pop casi inmaterial que se escurría de los oídos pero que se expandía por todo el organismo.

“Taniyama-Shimura”, primer corte del cuarto LP de Pumuky, Justicia Poética (Jabalina, 2015), tampoco abandona esa senda semi-oculta por una bruma entre onírica, emotiva y contenidamente épica. Aunque, con respecto a este disco, aparece un detalle interesante a la par que revelador: para adaptarse a la renovación de su alineación, los canarios rechazaron reclutar a un nuevo batería y recurrieron a las ventajas de la percusión electrónica y la caja de ritmos para elaborar la base que soportase sus nuevas composiciones. Una circunstancia que, más que suponer un lastre, funcionó como acicate para que el grupo reformulara en cierto modo sus esquemas. Hecho que ratifica “Escritura Automática 9mm”, adelanto del álbum que avanzaba el (relativo) cambio estético de los actuales Pumuky, tendentes hacia un pop sintético compuesto por texturas sedosas que se entrelazan con dulces acordes eléctricos derivados del post-rock y el shoegaze.

Tal estructura se mimetiza en “Suprahombre” y “Teoría de Cuerdas”, la cual, además, incorpora otro punto característico del sonido de “Justicia Poética”: los ritmos quebradizos de ascendencia indietrónica que, como se escucha también en “El Señor de las Bestias”, sirven para que Pumuky regalen otra melodía melancólica marca de la casa. Un elemento que cruza de arriba abajo el LP y que alcanza su cima más (electro)romántica en “La Venganza de Rubik” (repleta de guitarras espirituosas con efecto envolvente) y la más afligida en “La Culpa y el Librepensador”, que crece alimentada por ese sentimiento lacerante que incluye en su título y que delimita la lírica global del repertorio: un análisis poético del amor y sus diversas caras reflejadas en estampas cuyos contornos se difuminan como si formasen parte de un recuerdo inmarchitable o un sueño que casi se puede tocar. La final “CRASH” concentra este realismo mágico en una serie de versos que, al mismo tiempo, se conectan con esa justicia que da nombre al disco y gracias a la cual la bondad y la virtud son, en última instancia, premiadas.

Pumuky han conseguido otra vez con sus canciones recomponer corazones resquebrajados, rescatar espíritus abandonados y salvar almas en pena.

 

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