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Al cierre de la anterior edición del festival, decíamos que ni la lluvia podía parar el buen rollo de este festival… No sabíamos qué nos esperaba en portAmérica 2014.

 

CUADERNO DE BITÁCORA: INICIO DE LA TERCERA PARTE DEL TRAYECTO. Tarde de verano, cálida y soleada. El trayecto hacia Nigrán, en el corazón del Val Miñor pontevedrés, perfectamente fijado. Y, en el horizonte, en dirección sur desde nuestra posición, el portAmérica 2014, en el que nos disponíamos a vivir una nueva y completa experiencia compuesta por música, gastronomía y otras muchas y variadas iniciativas. Pero, antes de introducirnos en ella, nuestra particular forma de experimentar el festival nigranés nos empujaba, otra vez, a rememorar lo ocurrido un año antes en el mismo momento y lugar. No por iniciar un simple juego comparativo para marcar nuestras expectativas, sino porque, en nuestro caso, en cuanto finaliza una edición de portAmérica los relojes se detienen y sólo retoman el movimiento en el instante en que se abre su siguiente capítulo, como si todo lo ocurrido en el mundo en medio de tan largo lapso temporal se evaporase de repente.

En dicho proceso mental nos encontrábamos cuando, ironías de la vida, recuperamos una frase pronunciada durante portAmérica 2013 como una pequeña broma sobre la climatología estival en Galicia que, 365 días después, alcanzó la categoría de presagio: “Si hubiese llovido, no habría importado: bastaba con tomárselo como una experiencia en la versión galaica de Glastonbury y Santas Pascuas”. Lo que no se nos había pasado por la cabeza es que la realidad llegaría a superar nuestra imaginación, con nefastas consecuencias…

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Sin embargo, antes de que esa macabra maniobra de la naturaleza se materializase, el recinto del portAmérica Rías Baixas 2014 recibía al animado gentío luciendo una renovada y espléndida imagen presidida por sus dos escenarios (SON Estrella Galicia y Abanca, principal modificación con respecto a sus anteriores ediciones) y completada por diferentes espacios que convertían al evento en un micro-cosmos en el que confluían obras y productos de artistas y artesanos, proyectos solidarios, carrocerías de automóviles graffiteadas, pasión futbolera, debates en torno a la actual industria musical y espectáculos culinarios, como los ofrecidos por los prestigiosos chefs Lucía Freitas, el argentino Estanis Carenzo, Beatriz Sotelo, Héctor López, Diego López, el mexicano Roberto Ruiz, Alberto González, Javier Olleros, Iago Pazos, el panameño Mario Castrillón, Yayo Daporta y Xosé Cannas en forma de pinchos bajo la carpa ShowRocking -capitaneada por Pepe Solla-, de la que emanaba una mezcla de aromas que abrían el apetito y hacían la boca agua.

Entre ese plácido ambiente, en el perímetro festivalero no sólo se materializaría la filosofía transoceánica de un certamen ya considerado punto de conexión fundamental entre la música y la cultura de Europa y América -días antes del arranque se había otorgado el Premio portAmérica a ADIMI, asociación internacional conformada por músicos, gestores y promotores de Iberoamérica-, sino que también se crearía una singular energía capaz de reunir en Porto do Molle a amigos, conocidos, personas por conocer, vecinos, familiares y, en definitiva, melómanos de toda clase y condición que buscaban disfrutar del cartel artístico más diversificado, quizá, de la aún breve historia de portAmérica. Amalgamados sobre el terreno todos estos elementos que componen el intransferible carácter de la reunión nigranesa, su fuerza palió de algún modo la amargura del inevitable protagonismo que adquirió la meteorología adversa y ayudó a sobrellevar sus sinsabores para remontar el vuelo y centrarse en la cuestión más importante: la música.

 

CUADERNO DE BITÁCORA: JUEVES, 17 DE JULIO. Algo especial se respiraba en la atmósfera de la jornada inaugural del portAmérica Rías Baixas 2014: aun siendo una hora temprana, y con las puertas recién abiertas, ya se observaba una buena cantidad de público que impedía que la enorme explanada del recinto pareciese un páramo. Al contrario: la estampa no era la típica desangelada y desértica de toco comienzo de festival, con la gente yendo de acá para allá y concentrándose ante el escenario Abanca.

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Una circunstancia que agradecieron los primeros protagonistas del día, Carlos Méndez y su banda, que mostraron con pulcritud tanto la cara más nerviosa como la más reposada de su rock de raíz latina pero derivado de tradicionales orígenes setenteros norteamericanos. Ya se desplegase en fases progresivas o se aproximase al AOR, el cancionero del panameño fue una buena piedra de toque para destapar con agrado la primera tanda de conciertos y certificar que siempre conviene investigar y escuchar propuestas del otro lado del Atlántico aquí desconocidas que se desarrollan fuera del circuito angloparlante.

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Se supone que el contorno en el que se mueve Vega es aquel denominado comercial o mainstream. Su amable pop de radiofórmula así lo manifiesta, aunque, en algunos momentos, presenta ciertas hechuras que le permiten adentrarse en terrenos musicales en los que conviven audiencias tendentes hacia sonidos que, en apariencia, le son ajenos. Suficiente motivo para que se justificase su inclusión en el cartel del portAmérica Rías Baixas 2014, la cual, además, atrajo a un nutrido grupo de fans entregados a los ritmos y letras de sus temas. A ello contribuyeron también la presencia escénica, la melosa voz y la constante empatía con el público de la cordobesa. Luego, la hiper-radiada “Mejor Mañana”, “Eres” (original de Café Tacvba), “Martes” y una relectura de la raphaeliana “Como Yo te Amo” -estas dos últimas interpretadas junto al gaitero moañés Xosé Manuel Budiño– completaron su exitosa tarea e hicieron que la figura de Vega, en plena tarde, brillara -no sin sorpresa- como la estrella que daba nombre al palco donde había actuado.

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Correspondía, cual partida de ping-pong jugada sin descanso, cambiar de decorado para recibir a The Jayhawks… ¿o no? Tras resolver la pequeña confusión acerca del escenario donde tocaría, la emblemática banda de Minneapolis dio lustre al legado perteneciente a sus discos recién reeditados “Sound Of Lies” (American, 1997), “Smile” (American, 2000) y “Rainy Day Music” (American, 2003) y a otras delicatessen de la mano de la alineación que impulsó al grupo durante la segunda mitad de los 90: Gary Louris, Kraig Johnson, Marc Perlman, Karen Grotberg y Tim O’Reagan. Su influyente country-pop-rock tan luminoso como el sol que aún reinaba en Nigrán provocó auténticos arrebatos de alegría y suspiros de felicidad en el foso -seguro que también entre los miembros de Niño y Pistola, testigos de excepción del show de una de sus influencias-. No en vano, cada pieza (“Big Star”, “Somewhere In Ohio”, “I’d Run Away”, “Waiting For The Sun”) se mostraba como un pedazo de historia del género del que The Jayhwaks son faros-guía y que Gary Louris trasladó fielmente con brío o detallismo, según marcaran los tempos. Los acordes eléctricos cristalinos, los coros y los arreglos de piano y armónica adornaron un repertorio que rezumó clasicismo por todos sus costados pero, a la vez, frescura, a pesar de su longevidad. La premonitoria (sin quererlo) “Save It For A Rainy Day” desempolvó los recuerdos de muchos de los seguidores de una banda que reforzó en el Val Miñor su aura de mito.

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Sidonie todavía se encuentran a una distancia sideral de tal categoría, a pesar de que fueron los maestros de ceremonias del primer concierto verdaderamente masivo de portAmérica Rías Baixas 2014. A juzgar por la gigantesca bandera de Canadá que colgaba del fondo del escenario Abanca y por los compases del himno del país de la hoja de arce que sonaron antes de su salida, parecía que el trío barcelonés -reciclado en quinteto- iba a ofrecer un buen repaso de su nuevo LP, “Sierra y Canadá” (Sony Music, 2014). Nada más lejos de la realidad: por él pasaron de puntillas para revisar segmentos conocidos y reconocibles de su catálogo, los que los auparon a la primera división del panorama nacional. Condición que refrendaron a base de vigorizar algunas composiciones que sus fans acérrimos consideran himnos: “Costa Azul”, “Fascinado”, “El Bosque”… Pero contundencia se confundía con rutina, lo que acabó afectando al setlist incluso cuando la cover de “Video Killed The Radio Star” de The Buggles debía sorprender y la siguiente “Nuestro Baile del Viernes” enardecer los espíritus. Bien, los feligreses sidonistas sí que lo gozaron así; los demás, no tanto. Todo dependía del oído con que se escuchara…

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Frase que también hubo que aplicar a rajatabla durante el show que Iván Ferreiro había preparado para homenajear al malogrado Germán Coppini y su banda: “Golpes Bajos, Rebobine, Por Favor”. De entrada, la idea del espectáculo era atractiva: el hijo pródigo del festival, en su tierra natal, dispuesto a repasar el repertorio íntegro de su grupo favorito reforzado para la ocasión por su hermano Amaro, Martiño Toro y los miembros originales de Golpes Bajos, Luis García y Pablo Novoa, que trasladaron con habilidad la esencia, el sonido y las peculiaridades de las composiciones de Coppini. Pero, mientras sobre las tablas todo iba como la seda, en parte de la explanada crecía el desconcierto al no caer ninguno de los viejos temas de Iván y no entender qué estaba sucediendo. Y eso que se sabían desde meses atrás cuáles serían las intenciones del nigranés en esta edición de portAmérica… En medio de un ambiente en el que se entrelazaban, por un lado, incomprensión y desconocimiento y, por otro, curiosidad y respeto, el ex-líder de Los Piratas interpretó con el máximo rigor posible un repertorio de por sí difícil de atacar, en el que destacaron, lógicamente, las estelares “Fiesta de los Maniquíes”, “Malos Tiempos para la Lírica” y “No Mires a los Ojos de la Gente”. Mención aparte merecen los momentos surrealistas que proporcionó el twitterwall colocado junto al escenario SON Estrella Galicia que escupía tuits de ironía y desprecio crecientes… Se viven malos tiempos para esta clase de empeños, aunque Iván Ferreiro y compañía pusieron todo su valor sobre las tablas para completar un arriesgado tributo en un lugar que, quizá, no era el más idóneo avanzada ya la noche.

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El posterior cambio de tercio fue radical. Llegaba el turno de Triángulo de Amor Bizarro y de que los advenedizos corrieran a por sus tapones para las orejas en caso de que no supieran a lo que se iban a enfrentar: a un auténtico torbellino de noise furibundo, rock retorcido y punk distorsionado. Una expresión manida cuando se habla de los directos de los de Boiro, pero que en Nigrán adquirió todo su sentido a lo largo de casi una hora de imparable mas domesticado brutalismo eléctrico. TAB repartieron, cual máquina perfectamente engrasada, latigazos sónicos a diestro y siniestro como si ejecutasen un diabólico plan calculado al milímetro. Sin bajar ni un segundo la tensión generada, fueron soltando los mejores cartuchos de dinamita del bombástico Victoria Mística (Mushroom Pillow, 2013): “Robo tu Tiempo”, “Estrellas Místicas”, “Un Rayo de Sol” enlazada con “Delirio Místico” o “Ellas se Burlaron de mi Magia”, entre los que explotaron, igualmente cargados de veneno, clásicos del grupo como “De la Monarquía a la Criptocracia”, “El Fantasma de la Transición” o “Isa vs. el Partido Humanista”. Con TAB no hubo opción a tregua. Porto do Molle saltó por los aires sin compasión. Triunfo total por aplastamiento.

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Tras la agitación bizarrista aún quedaban fuerzas (escasas, eso sí…) para comprobar si 2manydjs todavía conservaban el mojo a los platos que los situó en la cima hace unas cuantas temporadas. En el inicio de su sesión parecía que sí lo mantenían -obviando ciertos problemas técnicos en un par de mezclas- dando brincos entre The Stooges, Frankie Goes To Hollywood, Disclosure y ¡Chimo Bayo! A medida que progresaba, sin embargo, la pareja belga no daba con la tecla adecuada para evitar que su set, pese a la profundidad de los graves de su base electro-techno-house, quedase algo deslavazada y plana. Siendo sinceros, los hermanos Dewaele han vivido épocas mejores…

Antes de que el guatemalteco Meneo cerrara la jornada en el escenario Abanca, el equipo de esta santa web ya se había echado a la carretera para alcanzar su cuartel de campaña y empezar a pensar que, si las previsiones meteorológicas no fallaban, el segundo día del portAmérica Rías Baixas 2014 sería complicado. Pero, ¿hasta qué punto?

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