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Trovador tecno-pop, poeta pachanguero, macarrilla sentimental, hortera con chupa de cuero, bromista reggaetonero, ídolo verbenero… Estas y otras expresiones (realizadas en tono más jocoso que serio, dicho sea de paso…) se han utilizado durante los últimos años para etiquetar la transmutación de Joël Iriarte en Joe Crespúsculo según las formas sonoras y líricas que sugería cada uno de sus sucesivos discos. Siguiendo esa regla de tres, ahora correspondería colgarle la etiqueta de ‘bakalaero’, así, a lo bruto. Porque su sexto álbum, “Baile de Magos” (Mushroom Pillow, 2013), recupera parte de los ritmos y del espíritu del dance que, desde finales de los 80 a principios de los 90, conquistó medio mundo. Pero, realmente, lo que refleja la nueva cara estilística de Joe Crepúsculo es el imparable e inquieto ánimo de un músico que no se conforma con repetir la misma fórmula una y otra vez: a otros les funciona tal estrategia y prefieren no abandonarla jamás; al barcelonés quizá también le daría buenos resultados, pero le aburriría. En “Baile de Magos” todavía quedan rescoldos de sus obras más recientes y su núcleo está compuesto por elementos recurrentes en el repertorio de Joe, pero estos alcanzan un nivel superior: la percusión sincopada se torna ultra-bailable, los sintetizadores se vuelven maximalistas, la fibra sensible se tecnifica y la emoción discotequera se desparrama.

Esta capa superficial que incita al divertimento y al hedonismo libertinos entre iluminación estroboscópica no debería ocultar el fondo de la cuestión de “Baile de Magos”: la decadencia de la época que vivimos y el progresivo descenso a los infiernos de toda una generación (o varias…). Así como la electrónica de baile primigenia escondía en su interior la frustración que palpitaba en sus emisores y receptores, Joe encapsula en sus nuevas composiciones las malas vibraciones del tiempo que nos ha tocado sufrir. Y qué medio más idóneo para mitigarlas y liberarlas que a través del chispazo dance… Excitación física, estimulación psíquica y compromiso con la realidad. Esta es la oferta de “Baile de Magos” y Joe Crepúsculo, el hombre que puede encender la mecha de nuestras pequeñas revoluciones, dentro y fuera de la pista de baile. Si no lo creen, atiendan a sus palabras.

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¿En qué consiste el ‘baile de magos’ que da título a tu nuevo disco? ¿Quiénes son esos magos? Es un baile revolucionario, como bailar con la muerte o sobre un tablón a punto de caer por un precipicio. Los magos son muñecos que nos traen confusión y nos despistan, como los políticos.

Al igual que sucedió con tus anteriores LPs, “Baile de Magos” ha generado respuestas encontradas desde el primer momento. ¿Qué tipo de reacciones buscas despertar en la audiencia cada vez que te planteas la grabación de un disco? Me imaginaba que iba a crear bastante rechazo con el ‘bacalao’. Pensaba que tal vez fuera demasiado ‘bacalao’ para los indies y demasiado indie para los bacaladeros, pero viendo cómo está reaccionando la gente de bien, me ilusiona.

“Baile de Magos” prolonga tu relación con los sonidos populares más diversos, esta vez enfocados hacia el dance. ¿Te gustaría que se te acabara recordando como una especie de autor mutante que supo darle otro aire a géneros amados y odiados a partes iguales? Me gustaría hacer muchos discos más antes de pensar cómo ser recordado, pero sí te puedo decir que estoy muy contento con todos los discos que he ido sacando y que han sido respuestas a mis apetencias y maneras de cada momento.

El álbum contrasta con el tono contenido y orgánico de “El Caldero” (Mushroom Pillow, 2012). ¿Había llegado el momento de hacer un disco hedonista, sin complejos y más fiestero que de costumbre, musicalmente hablando? Este es el disco que me apetecía hacer ahora. De hecho, me he dado cuenta de que es el disco que siempre he querido hacer. Tal vez eso viene determinado por todo lo hecho, que para construir una iglesia antes hay que destruir una iglesia y pasar por eso. Ahora, después de este recorrido, lo veo un poco más claro.

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